Una mujer y seis oficios

En 1499 veía la luz, en las prensas burgalesas de Fadrique de Basilea, la Comedia de Calisto y Melibea, versión primitiva o corta de la obra que, con el título de Tragicomedia de Calisto y Melibea, se publicaría en los primeros años del siglo XVI.

Más conocida como La Celestina (LC), ha sido considerada por los estudiosos como la obra más eximia de la literatura española después del Quijote e, incluso, como la tragedia más relevante de las letras occidentales.

Como es bien sabido, LC comienza cuando Calisto, un joven de origen noble, entra en el huerto de Melibea buscando un halcón que se le ha escapado. Enamorado a primera vista de la doncella, solicita su amor pero es bruscamente despreciado. Es entonces cuando Calisto pide ayuda a su criado Sempronio, quien le habla de Celestina, una vieja prostituta y ahora alcahueta profesional que, haciéndose pasar por vendedora de artículos diversos, entra en las casas y concierta citas de amantes.

Cuando uno lee por vez primera LC no puede evitar quedar sorprendido por la extraordinaria descripción que se hace, en el capítulo primero, de la vivienda celestinesca. Descripción que corre a cargo del joven Pármeno, criado de Calisto e hijo de Claudina, maestra y compañera de Celestina, quien aparece definida por el joven como labrandera, perfumera, maestra de hacer virgos y afeites, alcahueta y hechicera. Los seis oficios que Pármeno cita son otras tantas formas de acercamiento al mundo cotidiano femenino de la época y ninguno de ellos puede entenderse al margen de los demás. Punto de encuentro de todos ellos es la naturaleza, el uso de sustancias extraídas de vegetales, animales y minerales y que, según el oficio que emplee nuestra protagonista, tendrán aplicaciones distintas.

Flores, hierbas y raíces constituyen la materia prima esencial para elaborar toda suerte de aguas de olor, afeites y tintes pero también sortilegios, hechizos y pócimas. El trinomio mujer - hechicera - plantas hunde sus raíces en la prehistoria, cuando la mujer recolectora comienza a acumular conocimiento sobre las propiedades ocultas de las plantas, saber que le permitía curar pero también provocar enfermedades e, incluso, causar la muerte.

Durante toda la Edad Media se va gestando una concepción negativa de la mujer, que aparecerá descrita como un ser especialmente afín a la noche, la luna, el misterio, la magia y los espíritus malignos. Retrato que culminará con la publicación, en 1486, del Malleus maleficarum (Martillo de brujas), obra de los inquisidores dominicos Heinrich Kraemer y Jacob Sprenger, punto de partida de la llamada caza de brujas de la Edad Moderna. Desde las que recogen hierbas hasta las que tienen enfrentamientos con sus vecinos, cualquier mujer corre el riesgo de ser considerada bruja y sufrir las penas más graves.

Siempre se ha creído que las plantas que utilizaban las definidas como brujas en sus hechizos y pócimas eran hierbas fantásticas, misteriosas y de compleja búsqueda y recolección. La realidad es bien distinta: se trata de plantas comunes y abundantes que crecían por doquier en escombreras y bordes de caminos. Entonces, ¿estamos ante plantas verdaderamente efectivas o se trata de simples ilusiones inquisitoriales?

El estudio de la enteobotánica y la botánica oculta de los siglos XIII al XVII nos revela que los principios tóxicos de ciertos vegetales son los principales culpables de que numerosas personas fueran acusadas de brujería y de realizar actos diabólicos. En efecto, las plantas citadas con mayor frecuencia en libros de brujería y procesos inquisitoriales son, con diferencia, las pertenecientes a la familia de las solanáceas: estramonio, belladona, mandrágora, tabaco o beleño.

No son pocos los estudiosos que afirman que las visiones mágicas individuales o colectivas que aseguraban haber tenido algunos procesados sólo serían el producto de la ingestión o aplicación de ungüentos o bebedizos compuestos por estas plantas, ricas en alcaloides psicotrópicos.

Desde esta nueva perspectiva, Celestina, como otras muchas de sus congéneres, se nos presenta bajo una nueva faz. Lejos de ser una vieja loca que sólo busca su lucro personal engañando con sortilegios y filtros inocuos, Celestina es una sabia mujer, experta conocedora del mundo vegetal, fuente tradicional de alimentos y medicamentos.

Lejos de ser una embaucadora, Celestina poseía una amplia sabiduría popular basada en el conocimiento del universo vegetal y sus principios tóxicos. Se ha señalado que, con toda probabilidad, tanto Celestina como sus correligionarias reales comenzasen su periplo por el proceloso mar de la magia como curanderas, empleando diferentes plantas tóxicas de benéficas propiedades en dosis pequeñas, pasando poco a poco a proporciones más elevadas, descubriendo así los efectos psicotrópicos que éstas poseían. Flora medicinal que, según la dosis, se transformaba en satánica, favoreciendo todo tipo de visiones y creencias. Conocimiento codiciado y peligroso, que veía reforzada su actividad con el recitado de conjuros y oraciones demoníacas, cuyo papel era crear el escenario psicológico adecuado para llevar a cabo rituales de aojamiento, ligamen, maleficio o curación.

Así, cuando Celestina acude junto a su maestra Claudina a cementerios y encrucijadas con la caída de la tarde, no está llevando a cabo ningún ritual satánico sino aplicando el conocimiento empírico heredado de generación en generación. El herbario mágico común a hechiceras y brujas habita en suelos en los que abundan los nitratos y las sales amoniacales.

Está comprobado que, en estos suelos, ciertos vegetales pueden llegar a doblar la cantidad de alcaloides, elevando la proporción de sus principios activos. Es por este motivo por el que, en abundantes ocasiones, se cita la recolección de vegetales en cementerios y otros lugares ricos en materia orgánica, como bordes de caminos y algunas zonas más o menos desagradables, como escombreras y basureros, lo que hizo que estas plantas resultaran aún más misteriosas. Y aún hay más.

Las brujas y hechiceras salían a última hora de la tarde a recolectar los ingredientes de sus filtros principalmente por dos motivos: el primero de ellos era, sin duda, por su propia seguridad, ya que no podían permitirse ser vistas por sus propios vecinos recogiendo plantas venenosas, pues serían culpadas inevitablemente de practicar brujería; el segundo era más sabio, pues conocían que estas plantas acumulan la mayor cantidad de principios activos mientras luce el sol, aumentando a lo largo de día y alcanzando el máximo durante la tarde, momento idóneo para recogerlas.

¿Locas perturbadas o sabias mujeres? Parece evidente que es necesario reescribir la historia de los conocimientos empíricos de la humanidad. Esas pobres alucinadas descritas por misóginos teólogos e inquisidores eran, en realidad, expertas conocedoras del mundo vegetal. Lástima que apenas se hayan conservado testimonios de tal sabiduría. Por ello resulta tan interesante leer entre líneas las páginas primeras de LC: a falta de otras referencias, es uno de los documentos más interesantes sobre la sabiduría femenina propia de su tiempo.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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