Ser español

Ser español Imagen superior: Globo terráqueo de la Escurialense (Autora: Merce Blanco, CC)

Don Claudio dixit: "El Occidente mismo no existiría y sería incomprensible sin España. Porque no hemos sido un pueblo deudor, sino un pueblo acreedor de Europa. Aunque otra cosa crean quienes en esta hora (en cada hora triunfa una escala peculiar de valores que la hora anterior no estimó de igual modo y que la hora siguiente jerarquizará de otra manera) otorgan crédito preferente a actividades y creencias humanas que el homo hispanus (es injusto decir que no ha sabido) no ha podido llevar a cabo. Aunque otra cosa crean quienes a la hora de hoy desdeñan las gestas y las creaciones que nosotros hemos realizado y valorado y seguimos realizando y valorando".

Soy lectora compulsiva. Lo he sido toda mi vida. En todo momento y lugar debo estar leyendo algo y, si no es un libro, cualquier cosa me vale: una valla publicitaria, un prospecto farmacéutico, unas instrucciones, un cartel explicativo...

Dejé de leer cuentos con apenas ocho años y pasé, directamente, a novelas históricas. ¿Mi favorito? Charles Dickens. Seguido, muy de cerca, por sir Walter Scott (con el sir, no me sale decirlo sin el señor).

Con once años ya me había leído buena parte de la producción de ambos. Entonces me dio por leerme a Agatha Christie y a sir Arthur Conan Doyle. Lecturas que enriquecían mi conocimiento del mundo británico. Enriquecimiento que se nutría, además, con las películas que veíamos los sábados a mediodía. Esas de caballeros medievales, aquellas de piratas caribeños (nada que ver con los depps actuales), o las otras de reinas vírgenes pelirrojas que mandaban a hombres bellísimos... Todo ello, en variopinto cóctel mental, consiguió hacerme pensar lo maravilloso que resultaba ser inglés.

Los ingleses, pensaba yo, son unos tipos inmensamente afortunados. Tienen una historia gloriosa. Y yo, fanática de la Historia, me sentía una pobre desgraciada. No había novelas con héroes españoles. No había películas con estupendas historias patrias, desarrolladas en escenarios de nombres tan sugerentes como Nottingham que, seamos sinceros, suena infinitamente mejor que Tembleque, pongamos por caso (pueblo bonito rebonito, por otra parte).

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Imagen superior: "El Juramento de Santa Gadea" (1864), de Marcos Giráldez de Acosta.

Bien. Pasaron muchos años antes de que empezase a fascinarme por la Historia de España. Y muchos más antes de comprender que los ingleses sólo habían imitado el modelo de imperio previamente diseñado por los españoles. Fue, entonces, cuando empecé a mirar con otros ojos la historia de mi país. Una gran historia, plagada de héroes tan atractivos como los británicos que yo había admirado en mi niñez.

Escribir sobre Edad Moderna, señalar a Felipe II como mi ídolo, decir de él que era el "puto amo", enamorarme de esa Sevilla capital del mundo... me ha servido para que muchos me sitúen del lado del fascio más extremo. De ahí que hace ya tiempo me sienta muy a gustito en tierra de nadie y observe a tanto intelectualoide de manual, a tanto cultureta de salón con cierto hartazgo rayano en la desidia más absoluta.

No consigo entender a tanto y tanto ser vivo que aborrece esto de España, de los españoles, de la patria, de... "La nacionalidad no se elige, es un simple accidente en tu biografía..." Pues ¡bendito accidente! Porque me podía haber tocado nacer en el Yemen o en Mali y ser maltratada, apedreada, mutilada y violada sólo por el hecho de ser mujer.

Me gusta mi país. Me gusta mi cultura. Me fascina mi historia milenaria. Y nuestra maravillosa gastronomía. Y el arte que destila toda la Iberia en su conjunto. Somos ciudadanos del mundo, evidentemente. Y, luego, somos occidentales. Y, más tarde, europeos. Y, si seguimos aumentando el objetivo de nuestro microscopio, somos mediterráneos. Y, por último, hijos de nuestro padre y nuestra madre, en última instancia, nuestra única y verdadera patria.

En resumen: nací en España. Soy española. Me criaron en la cultura judeocristiana. A mí y al resto de los que tanto despotrican a favor y en contra. Así que, por favor, coherencia. Si no quieres ser español, te declaras apátrida y todo resuelto. Si reniegas de tus orígenes judeocristianos, pero resulta que has sido bautizado y formas parte de la comunidad católica (como todo hijo de vecino de mi generación y anteriores), pues te vas a la iglesia más cercana y abjuras.

Es lo bueno que tiene vivir en un país libre: todos tenemos cabida, todos podemos hacer lo que nos venga en gana. Eso sí, tu libertad termina donde empieza la mía, y resulta que me puede molestar, por no decir joder directamente, que te pases el día entero insultando cosas que, aunque a ti no te importen un carajo, para mí sean importantes.

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En la imagen, Blas de Lezo, también conocido como Mediohombre o Patapalo, uno de los grandes héroes de nuestra Historia. Si hubiera nacido inglés ya habríamos visto 200 películas de sus tremendas gestas.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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