Rosario de Acuña: Sentir y pensar

19 de abril de 1884. Rosario de Acuña se transforma en la primera mujer que interviene en una velada poética del Ateneo de Madrid.

Fue la primera en ocupar una tribuna que, hasta entonces, había estado completamente vetada a las mujeres.

Por el mero hecho de serlo.

Por ser mujeres.

Tal y como anunciaron los periódicos del día:

"La eminente poetisa doña Rosario de Acuña de Laiglesia dará lectura a su último poema Sentir y pensar'"

La cita fue a las 20:30 de la tarde.

Y, a juzgar por los comentarios aparecidos en revistas y periódicos, días después, la velada no dejó a nadie indiferente.

"Peligros de sentir sin pensamiento,

Ventajas de pensar sin sentimiento"

Sentir y pensar. Poema cómico (Florencio Fiscowich, Editor, Sucesor de Hijos de A. Gullón, 1884) incluye la siguiente dedicatoria:

"Padre mío: ya hace muchos días, muchos, que no me hablas, que no me miras; el pasado se aleja de mí sin piedad, y mientras el polvo húmedo y frío de la tierra se lleva poco á poco tus humanos restos, mi vida se desliza á través de sus contadas horas buscando sin cesar el olvido, y hallando solamente el recuerdo; sí: imposible separarme de tí, imposible romper el lazo misterioso de nuestros seres que, identificados en pensamientos y en pasiones, vivían unidos por el más puro de todos los amores; tu voz no vibra ya en la terrena atmósfera, y sin embargo, allá, en las profundidades de mi cerebro, residen las ondulaciones de sus ecos; tus palabras se abren paso á través de mis ideas, y la frase que brota de mis labios es la misma que pronunciaban los tuyos, repetida por mí con el afán de escucharte en mis palabras: tus miento arrojen á los espacios mundos y planetas; y siempre siguiéndote, siempre atajando al tiempo y dominando á la materia, te encontraré donde quiera que existas, y con el grito de la felicidad se unirán nuestros espíritus, regidos por la gravitación del pensamiento, que tiende á caer en su centro primitivo.

La comunión de nuestras almas será en lo infinito y, bien que ya no existas más que en mí misma, ó bien que tu vida avance por las sendas eternas de los espacios ultraterrestres, de todos modos para tí y por tí pienso y acciono y existo...

¡Cómo, si no, pudiera vivir! Tu muerte trazó una brusca línea en mi porvenir, como esos taludes cortados á pico sobre un océano desconocido, que interrumpen de improviso el paso del explorador; detrás de mí, en el pasado, descubro los paisajes, risueños y amenos, de feraces vegas y deliciosos valles: delante de mí tu sepulcro, al otro lado el abismo mostrándome las turbulentas olas de un mar sombrío, espumoso, arremolinado, batiendo sin cesar las rocas negruzcas y socavadas, y extendiéndose sin límites, inmenso, en el horizonte, oscurecido por brumas, precursoras del huracán, del rayo ó de los hielos: no hay más remedio que avanzar, pues no le es posible al hombre ni detener los sucesos, ni retroceder en su camino: no hay más remedio que bajar la áspera y grieteada vertiente, erizada de abrojos y de aristas, y aprestarse á navegar en ese mar impetuoso y desierto, donde únicamente percibo los bajeles piratas, tripulados por la vanidad, por el egoísmo y por la avaricia; no hay más remedio que abandonar la orilla, alejarse del pasado, despedirse de todo lo que ofrecía calma, sosiego, confianza y alegría, y tomar pasaje entre los indiferentes y los desconocidos: tal vez la nave que me lleve estará carcomida por el materialismo grosero de las grandes ignorancias; acaso se encuentre su timón enmohecido por la artera calumnia, ó el vil manejo de la hipócrita envidia; puede ser que bajo su desmantelada cubierta no halle ni rastro de combustible que me preste calor en las crudezas de la travesía; pero, á pesar de todo, es preciso abordarla, y lanzarse con ella en el piélago que se extiende ante mí, intentando encontrar derrotero, y cruzar las rompientes, y esquivar los escollos, y aprovecharse de los vientos...

¡Sola y a merced de lo desconocido, y dejando en pos las fértiles campiñas! Si no fuera por tu recuerdo, ¿cómo es posible que arrostrara tan impetuoso oleaje?

Contigo camino, como por tí vivo: ¡sólo tú te regocijarás con mis pensamientos, y sentirás el orgullo de mi triunfo! ¡ Y solamente tu entusiasmo recogerá los ecos de mi gloria, si la consiguiera! Fuera de tí ¡qué vacío! Fuera de tí nada veo más que el dolor y la pena en lo porvenir, la soledad en mi lecho de muerte, y lo eterno cerniéndose sobre los destinos humanos; pero lo eterno misterioso, desconocido, indeterminado, indefinible; lo eterno, defendido por la esfinge impasible de la duda, fría, cruel, analizadora: gozosa únicamente, cuando, entre sombrías reflexiones, me descubre unas veces la vida imperecedera, y otras la risible mueca de un esqueleto... ¡Quisiera, padre mío, ser salva por tu recuerdo! (Rosario, marzo de 1884)".

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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