¿Quién dijo que en España no se investiga?

He meditado mucho, estos días pasados, a raíz del descubrimiento de las ondas gravitacionales en 2016. Nada científico, todo hay que decirlo, porque a mí, lo de la astronomía, se me escapa de las entendederas.

He meditado sobre las pequeñas microhistorias que siempre hay detrás de estos grandes descubrimientos. Microhistorias que, en no pocos casos, ayudan a entender el todo y nos permiten atisbar la verdadera dimensión del trabajo realizado por hombres y mujeres dedicados a esto de la ciencia puntera.

Cuando me enteré de que sólo había un grupo español, entre los muchos implicados en el proyecto internacional, corrí a saber más del asunto. Las ondas no me interesan, el aspecto humano me fascina. Mi interés se transformó en verdadera pasión cuando vi que, al frente del grupo, estaba una mujer, Alicia Sintes (1). Una física de mi edad, formada en los principales centros de investigación en su disciplina, becada por las principales instituciones y que, una vez finalizada su etapa formativa, decidió regresar a su país. Y hacer ciencia desde una universidad, a priori, tan poco propensa a figurar en los anales de la investigación de élite como es la Universitat de les Illes Balears.

Alicia Sintes es menorquina. Física. Profesora Titular de Física Teórica en la Universitat de les Illes Balears. Y dirige el Grupo de Relatividad y Gravitación, un equipo formado mayoritariamente por hombres. Un equipo de hombres dirigido por una mujer. El único equipo español que ha participado en el descubrimiento de las ondas gravitacionales.

Cuando conoció a su marido, el austriaco Sascha Husa, ambos decidieron que ninguno renunciaría a su carrera científica por seguir al otro. Y así ha sido, separados en no pocas ocasiones, viviendo en países diferentes, viéndose gracias a que existen las líneas aéreas low cost. Intentando conciliar investigación puntera con maternidad, cuando decidió que ya no podía retrasar más el siempre complicado hecho de ser madre y ser científica.

No he podido contrastar el dato pero, por las fechas, creo que es de mi quinta. Buena cosecha, la del 69, la primera que accedió a la enseñanza obligatoria cuando comenzaron a soplar, en este país nuestro, los vientos de la libertad.

Me siento tremendamente orgullosa de esta mujer, Alicia Sintes. Ojalá y algún día, no demasiado lejano, pueda escribir que es la primera mujer Premio Nobel española.

Sólo hace falta querer

Las investigaciones no las hacen los centros: las hacen las personas. Una persona brillante puede desarrollar una trayectoria impresionante desde el medio mismo del desierto, siempre y cuando cuente con los recursos necesarios para llevar a cabo sus trabajos. Tal es el caso de Alicia y su equipo. Un grupo que ha contado con la financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación a través de 21 proyectos y 14 acciones complementarias.

¿Quién dijo que en España no se investiga? ¿Quién dijo que no hay financiación I+D? Efectivamente, no somos como otros países vecinos, ni nos acercamos, tan siquiera, a las ingentes sumas de dinero que se mueven en laboratorios y centros norteamericanos. En comparación, somos tremendamente ridículos. Pero somos. Sólo hace falta querer. Y, si no te financia el rácano Estado Español, te buscas los dineros en la Unión Europea o en los mismísimos USA. Siempre hay dinero para los buenos. Siempre.

Mi experiencia personal me dice que quienes más se quejan son, precisamente, los que menos quieren hacer. He visto la desidia que invade muchos departamentos universitarios españoles. El anquilosamiento de profesores titulares y catedráticos es más habitual de lo que pudiera pensarse desde fuera. Una vez que consiguen sus plazas, de por vida, no están obligados a más. Y ese es el verdadero cáncer de la investigación española.

Viendo la trayectoria de Alicia y comparándola con la mía propia no he podido más que sentir un pellizco de nostalgia. De esa melancolía que, cada vez menos, me invade y me hace pensar lo que podría haber sido de mí misma si no se me hubieran cortado las alas. Del equipo que podría haber formado. De las colaboraciones que habría establecido con algunos de los más destacados especialistas internacionales en mi disciplina que, además, son buenos amigos personales. Del vuelco que habría dado a determinados planteamientos historiográficos obsoletos, gracias a los muchos años que he pasado en archivos y bibliotecas.

Nada de eso, sin embargo, va a ser posible ya. Aunque tampoco me preocupa en demasía. Porque los documentos ahí están. Porque ya llegarán otros. Porque, quizás, aventuro, alguna joven historiadora tan apasionada por la investigación como lo era yo en mis buenos tiempos tenga un poquito de suerte, consiga los apoyos que a mí se me negaron, y escriba la Historia de nuestro país que está esperando a ser escrita. Yo, mientras tanto, seguiré vendiendo pan, seguiré contando mis historietas, quizás escriba algún libro, por aquello de recuperar viejos hábitos queridos, y de vez en cuando me dejaré invadir por esta agridulce melancolía. La tristeza de lo que pudo haber sido y no fue.

(1) Alicia Sintes, profesora del departamento de Física de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) y miembro del Consejo de Advanced LIGO, recuerda así el descubrimiento de las ondas gravitacionales de Einstein: "Ya era un lunes muy especial para todos nosotros en la universidad, pero lo sería mucho más. Acabábamos de organizar los Encuentros Relativistas Españoles (ERE2015), el estudiante Alex Vañó había defendido su tesis doctoral, nos visitaban futuros miembros del grupo, había obras en nuestro edificio y, además, ¡acababan de empezar las clases!

En medio de todo esto, nuestro correo se comenzó a inundar con mensajes técnicos apuntando a unos resultados del sistema de análisis de datos en línea. Era algo muy extraño, ya que los detectores todavía estaban operando en modo de prueba y aún no había empezado de forma oficial el primer periodo de observación de Advanced LIGO, que se iba a iniciar cuatro días después, el 18 de septiembre.

Pero el número de mensajes se incrementaba exageradamente y eso que la mayoría de nuestros colegas americanos aún debían estar durmiendo. Empecé a mirar enlaces. Todas las figuras correspondían a una señal proveniente del colapso de un sistema binario. Todo parecía muy extraño: ¡La señal era clara, de libro de texto!

Me cuestionaba si volvían a poner a prueba a la colaboración con otra inyección artificial a ciegas. Pero según la información que disponíamos, el sistema de inyecciones estaba desconectado. Lo que era cierto es que la sensibilidad de los detectores ya era muy buena, en comparación con la de los detectores LIGO de primera generación. Advanced LIGO en su modo más inicial podía explorar un volumen 27 veces superior al del último periodo de observación de LIGO de finales de 2010.

El caso es que cada vez más gente saltaba a comentar los datos. Por la tarde, Sacha y yo estábamos ansiosos de poder hablar con Miquel Oliver, nuestro estudiante de doctorado, que desde hacía dos semanas estaba haciendo turnos en la sala de control en el observatorio LIGO-Hanford, en el estado de Washington. ¡Teníamos que esperar a que se levantase!" (Texto publicado por cortesía de UIB / SINC, 12 de febrero de 2016)

Imágenes: UIB / SINC

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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