Pío Baroja y María la Libertaria

Pío Baroja y María la Libertaria Imagen superior: María Silva Cruz, apodada María La Libertaria (Casas Viejas, Cádiz, 1917 - Laguna de La Janda, Tarifa, 24 de agosto de 1936).

Pío Baroja estudió medicina, se doctoró e incluso llegó a ejercer durante un año en Guipúzcoa. Pero, a Baroja, la medicina no le decía nada. De ahí que hubiera sido un estudiante mediocre, con unas notas mediocres y que, harto de ser un médico rural sin compromiso alguno con la práctica médica, decidiera volver a Madrid, donde ya había estado en sus años de estudiante, y hacerse cargo de la tahona de su tía Juana.

Una panadería ubicada en pleno centro de Madrid, junto a las Descalzas Reales. Panadería que había revolucionado el sector madrileño introduciendo los celebérrimos panecillos Viena.

Poco duró la felicidad del donostiarra, que no tardó en hartarse de las muchas rencillas y puñaladas traperas que caracterizan el sector panadero de la capital, entonces como ahora. Una situación que remedió escribiendo. Primero, pequeños artículos periodísticos. Más tarde, literatura. Una paradoja, la del panadero escritor, que no pasó desapercibida para sus contemporáneos, siendo objeto de no pocas burlas. "Es un escritor de mucha miga, Baroja", le dijo Rubén Darío a un periodista. "También Darío es escritor de mucha pluma: se nota que es indio", parece que contestó el médico panadero reconvertido en escritor.

Baroja colaboró con toda la prensa escrita madrileña. Entre otros, con el diario Ahora donde, el 22 de enero de 1933, haciendo metáfora de su otrora profesión sanitaria, escribía:

"Los políticos quieren creer que la vida y las ideas están ya todas encerradas en sus redomas; que ellos les han puesto la etiqueta definitiva y que no hay otras. 'Este específico debe estar en la farmacia en el ojo del boticario, y este otro, en el cajón de las hierbas'."

Se hacía eco Baroja del terrible suceso acaecido días antes en el pueblo gaditano de Casas Viejas, cercano a Medina Sidonia, donde medio centenar de humildes jornaleros habían sido abatidos por tropas de asalto. Humildes jornaleros deseosos de implantar un comunismo libertario, poder trabajar un pedazo de tierra, acabar con el poder omnímodo de los terratenientes locales. Jornaleros hombres, en su mayoría, aunque también se contabilizaban unas cuantas mujeres, casi todas pertenecientes a la familia de Francisco Cruz "Seisdedos", que fueron quemados vivos en su choza de barro y paja.

Sólo una mujer logró salir con vida de semejante masacre, María Silva, la nieta adolescente de Francisco. María, que gustaba ponerse un pañuelo rojo y negro al cuello, de ahí que fuera conocida como María la Libertaria, símbolo del anarquismo que tanto atraía a Baroja en su juventud. Un Baroja, admirador de los hombres de acción, que no dudaba en terminar su artículo con un emocionante alegato a favor de María la Brava:

"Ahora, yo, si fuera andaluz y anarquista, pugnaría porque en los Sindicatos de la CNT quitaran de las paredes los retratos de algunos viejos barbudos vulgares, dogmáticos y pedestres, y pusieran, en cambio, la efigie de la muchacha anarquista, desconocida hasta hoy, en Casas Viejas. Como los países militaristas tienen el culto al soldado desconocido, los libertarios podrían tener el culto de la anarquista desconocida. Esta andaluza, admirable por lo brava, tiene el derecho de entrar en el patrón revolucionario clásico."

María Silva Cruz. María la Libertaria que, meses después del asesinato de su familia, subía al escenario del mítico Cine Europa madrileño, el Cine Europa de la calle Bravo Murillo, en un mitin donde intervinieron las figuras más sonadas del anarcosindicalismo patrio. Una María que comenzó la lectura de las cuartillas que traía preparadas pero no pudo avanzar, embargada por la emoción de recordar a su familia masacrada.

Un médico panadero que pasaba las horas de mostrador leyendo y escribiendo. Un cine, el Europa, que es el cine de mi infancia, el cine de mi barrio. Un terrible suceso, una matanza sin precedentes, con una localización tan cercana y a la vez significativa... Esas "curiosidades" que nunca dejan de sorprenderme...

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Imagen superior: María Silva Cruz y Juan Miguel Pérez Cordón, el hombre con el que compartió ideales y apenas tres años de vida en común, antes de ser fusilada en La Laguna de la Janda, Tarifa, el 24 de agosto de 1936.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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