La Sevilla de Felipe II

Era 1 de mayo, del año de 1570, cuando Felipe II entró, por primera y única vez en su vida, en Sevilla. Y no entró por la Puerta de La Macarena, como era tradición. El dueño del mundo había de entrar por una puerta que fuera símbolo de la pujanza mercantil de la ciudad, Caput mundi, Puerta de Indias, lugar de arribo de las flotas procedentes del Nuevo Mundo y del Lejano Oriente. Fue por ello que se eligió la Puerta de Goles, conocida desde entonces como Puerta Real.

Hasta esa Puerta de Goles, procedente de San Jerónimo, llegó Felipe II con toda la comitiva real, a través del río Guadalquivir, de ese río que era el destino último de todas las maravillas procedentes de los cuatro puntos cardinales del planeta. Inspeccionó la flota de Indias, presta a zarpar.

Asistió a una competición de remo, organizada desde la Casa de Contratación. Y entonces, sólo entonces, encaminó sus pasos hacia el centro de la ciudad. Calle de las Armas. Plaza del Duque. Sierpes. San Francisco. Alemanes. En la Puerta del Perdón fue recibido por el Cabildo Catedralicio en pleno. Y entró en el templo, el mayor templo gótico de la cristiandad, por el Patio de Naranjos.

Aquella era la ciudad en la que se habían conocido sus padres. Allí habían vivido sus primeros meses de idilio, si hacemos caso de los cronistas. En aquellos muelles atracaban las flotas que mantenían un imperio. En aquel Arenal bullicioso se hablaban todas las lenguas del imperio. Aquellas atarazanas fabricaban carabelas y goletas que surcaban todos los mares conocidos. En aquella Casa de Contratación se custodiaban cartas de marear, itinerarios secretos, informes de estado del mayor imperio conocido por el hombre. En las gradas de aquella inmensa catedral negociaban genoveses, florentinos, hanseáticos, ingleses, franceses y burgaleses, repartiéndose el comercio que, procedente del Nuevo Mundo, había de venderse en el Viejo. Allí, en definitiva, se había gestado la grandeza de la Corona de Castilla, santo y seña de la Monarquía Hispánica, primera monarquía mundial.

Ésa, y no otra, es mi Sevilla. Ésa es la Sevilla que acudo a buscar, una y otra vez. Sentada en las gradas de la Catedral, a las puertas de la Casa de Contratación, a orillas del Guadalquivir, bajo la atenta mirada de la Torre del Oro. Intentando rescatar aquellas voces, aquellas gentes, aquellas prisas, aquellos aromas. Cerrando los ojos e imaginando cómo fue todo aquello. Igual que hago cuando voy a El Escorial, el único de los palacios que ha perdurado tal cual lo conoció Felipe II. Paseando por sus salas, pasando la mano por sus libros. Unos libros que, seguro, fueron tocados y manoseados, con delectación, por su dueño. Intentando imaginar cómo se destilaban quintaesencias y elixires en aquella mítica mansión de las aguas.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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