El trágico fin de los templarios

El trágico fin de los templarios Imagen superior: ingreso de Jacques de Molay en la Orden del Temple en 1265, pintado por Marius Granet (1777-1849).

En pleno corazón de París, que es tanto como decir en el corazón de Francia o, dada la época en la que nos situamos, el corazón mismo de la Europa del XIV, se levanta una gran palestra. Nos encontramos en la Île de France, a las puertas de Notre Dame.

Ante la tremenda multitud allí congregada van apareciendo, uno tras otro, los más destacados personajes del momento, incluidos el rey y el papa. Estamos en un momento trascendental para la historia de esa Europa medieval cristiana: se va a proceder a la lectura de una sentencia. Y no es una sentencia cualquiera. Es la sentencia que acusa de sacrílegos, herejes, sodomitas e idólatras a los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, más conocidos como caballeros templarios. La más poderosa orden militar del momento, a años luz de otro cuerpos de élite, presentes o pasados. Los monjes guerreros defensores de los Santos Lugares que, con el tiempo, se transformaron en el brazo armado de la fe cristiana en todo Oriente.

Su emplazamiento en rutas estratégicas, en localidades de paso, y su habilidad financiera hizo de ellos una suerte de primitivos banqueros, inventores de la letra de cambio y prestamistas de lujo de monarcas y poderosos. Una tarea que, al final, iba a suponer su condena.

Felipe IV, rey de Francia, acuciado por las deudas contraídas por su padre en la Octava Cruzada, deudas con la Orden del Temple, ideó un plan para cancelarlas por la vía rápida. Contó, para ello, con la ayuda inestimable de Clemente V, un papa pusilánime al que tampoco interesaba el poder desmedido que gozaban los pobres caballeros de Cristo. Fue así como se acusó a los templarios de toda suerte de prácticas heréticas con un único objetivo: quedarse con todas sus propiedades y, lo más importante, con el fabuloso y legendario tesoro del Temple.

El 25 de octubre de 1307 eran arrestados 140 caballeros templarios, los más destacados, entre los que se encontraba el Gran Maestre de la Orden, Jacques de Molay. Sometidos a interrogatorios y terribles torturas, acabaron confesando todos los delitos inventados para acabar con ellos. No hay herramienta más eficaz que la tortura. Bien lo saben todos los tiranos que en el mundo han sido.

Y allí nos encontramos, aquella mañana de marzo. El Rey, el Papa, el Gran Maestre y los caballeros más principales. Una vez leída la sentencia, Jaques de Molay se retracta. Dice que nada de lo que declaró bajo tortura era cierto. Dice que es inocente. Y ese es su fin. Y lo sabe. Pero quiere morir con la conciencia tranquila. Se le despoja de su hábito. Se le ata al poste levantado sobre la pira. Y se enciende la hoguera.

Cuentan las crónicas que, entre estertores, devorado por el fuego, gritó a sus verdugos "¡Clemente, yo te emplazo para que comparezcas, dentro de cuarenta días, ante el tribunal del Soberano Juez! ¡Y tú, Felipe, prepárate también para comparecer ante él dentro de un año!".

Jacques de Molay, inocente, emplazó a sus verdugos ante el Juicio de Dios. Y Dios le tomó la palabra pues, al cumplirse los cuarenta días, moría el papa Clemente y, al cumplirse el año, hacía lo propio el ambicioso Felipe. Que fuera Dios o fueran algunos caballeros conjurados, que consiguieron vengar la muerte de su maestre y el fin de su orden, poco importa. El efecto conseguido fue tal que, setecientos años después, sigue haciendo correr ríos de tinta. Bien lo saben todos los que llevan lucrándose con la historia templaria desde hace décadas, contando milongas y barbaridades que superan, con creces, los inventos de sus auténticos verdugos.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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