Boni Alchymiae

"El ver las medallas y antiguallas sin quererlas entender es cosa de hombres curiosos y vanos. Aunque muchas cosas hay que comienzan con un fin que después resulta dellas otra cosa, como de la alquimia sale el provecho del saber destilar agua. Yo he visto muchas personas deleitarse de tener muchas antiguallas y gastar en comprarlas muchos reales y entender poco dellas, pero seguíase cierto provecho de su curiosidad, que los hombres dotos hallaban en aquellas casas recogidas muchas medallas y antiguallas las quales ellos no pudieran juntar por su pobreza". Quien escribe estas palabras es Antonio Agustín en su obra señera Diálogos de las medallas, inscripciones y otras antigüedades (Tarragona, 1587).

Antonio Agustín (1517-1586), formado en las españolas universidades de Alcalá y Salamanca y en las italianas de Bolonia y Padua, pertenece a esa generación de humanistas españoles que recorrió buena parte de la Europa del XVI, en uno de los períodos más apasionantes de la historia del continente, cuando católicos y protestantes se enzarzaron en duras polémicas que no sólo afectaban a conceptos religiosos sino que también ofrecieron sus frutos en diversas concepciones del arte y la ciencia.

Nuncio Apostólico de Julio III y Legado de Pablo IV, dedicó buena parte de su vida al servicio de Felipe II de España, primero como Visitador de Sicilia y luego como Obispo de Lérida y Arzobispo de Tarragona. Asistió al Concilio de Trento, siendo uno de los diputados de la Junta particular que tuvo el encargo de formar el Decreto de Residencia.

De su estancia en Roma no sólo sacó un puñado de buenos y poderosos amigos sino también su pasión por las antigüedades. Inclinación manifiesta a lo largo de toda su vida que culminó con la redacción de sus Diálogos de las medallas, inscripciones y otras antigüedades, obra de referencia para todos los anticuarios e inquiridores de la antigüedad, preciosas definiciones utilizadas en la Edad Moderna para referirse a lo que hoy en día llamaríamos arqueólogos.

Estos estudiosos de la antigüedad disponían de tres archivos fundamentales a los que recurrir en busca de conocimiento: los escritos, las piedras y las monedas o medallas. De los tres, precisamente son éstas últimas las que mayor información solían proporcionar porque "las medallas, siendo una pública señal, que solo con autoridad superior se propone, i comunica a todo el pueblo, para uso i facilidad de su comercio, viene a ser una prueba i testimonio fidelissimo de lo que en sus figuras i caracteres nos muestra", en palabras de fray Jerónimo de San José, carmelita descalzo, Prior del convento de Gerona e Historiador General de la misma Orden.

Últimamente estoy leyendo mucho sobre estos anticuarios por su vinculación con Vincencio Juan de Lastanosa, mecenas oscense protagonista de la Conferencia Internacional "Lastanosa. Arte y Ciencia en el Barroco", celebrada del 29 de mayo al 2 de junio de 2007 en su ciudad natal, Huesca, y cuyas actas estamos (Miguel López, el Instituto de Estudios Altoaragoneses y yo misma) terminando de editar.

"Como de la alquimia sale el provecho del saber destilar agua". He de reconocer que, cuando encontré esta comparación, no pude por menos que emocionarme. Su utilización se hace para aclarar significados y conceptos lo cual redunda en mi idea de que la alquimia era extremadamente conocida en la sociedad de la Edad Moderna. Tampoco hace falta ser una lumbreras para llegar a semejante conclusión, la verdad es que no, pero lo cierto es que afirmaciones como ésta no se leen en ninguno de los monográficos y ensayos que tanto se publican en los últimos tiempos. Y parece que lo que no está escrito no existe. Cualquiera que se haya adentrado, siquiera un poco, en el día a día de los siglos XVI y XVII sabe que la alquimia era moneda común entre las diversas capas de la sociedad, de ahí que Agustín no encontrase mejor símil para sus afirmaciones. Nada de oscurantismos, ciencias reveladas o conocimientos secretos. Todas esas tonterías son propias del siglo XIX, que tanto daño ha hecho a las conocidas como ciencias ocultas: la magia, la astrología, la alquimia… Se hace necesario que volvamos la vista atrás, nos olvidemos de nuestra pertenencia al siglo XXI e intentemos ver la Edad Moderna tal y como aparece descrita en sus textos y sus referencias. Seguro que más de uno se sorprende de la belleza real que tuvo esa época y las hermosas ciencias que entonces nacían y se practicaban.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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