El flamenco en los sainetes de González del Castillo

Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800), autor de los Sainetes, es considerado por Julio Caro Baroja el exponente máximo de lo que él llama “majismo andaluz” y que contrapone al “majismo madrileño”, representado por Don Ramón de la Cruz.

Es verdad que esta opinión de Caro Baroja no es compartida por muchos críticos que atribuyen a los Sainetes de González del Castillo una mayor intención de crítica social que de retrato costumbrista. No obstante, si nos detenemos en la obra de González del Castillo vamos a hallar una serie de aspectos interesantes desde este punto de vista. En primer lugar, algunos sainetes que aportan tipos, costumbres y tradiciones andaluzas: La feria del Puerto, El día de toros en Cádiz, La maja resuelta, El médico poeta y El café de Cádiz.

González del Castillo escribió 44 sainetes, situados temáticamente en el ámbito del costumbrismo local, la burla social y la sátira de las costumbres en general. En cuatro ocasiones la acción se desarrolla en decorados típicamente gaditanos: la calle Real del Puerto de Santa María, Puerta Tierra, Puerta Marina y la Plaza de San Juan de Dios, en Cádiz. Existen en ellos, además, alusiones directas a lugares concretos de Cádiz y su entorno: el camino el Arrecife, la Alameda, la Palma, la Noria, el Balón, la Torre de Recaño, la Puerta del Mar, la calle Anca, la plaza de San Antonio, así como los barrios de la Viña y el Matadero y algunos monumentos como el Hospicio y la Iglesia del Pópulo.

En los sainetes se recogen también escenas o detalles de la provincia: Paterna de Rivera, Puerto de Santa María, Chiclana de la Frontera, Medina-Sidonia, Arcos de la Frontera y Villamartín. Aunque los personajes no manifiestan dejes gaditanos en su habla, ni tampoco otros modos relacionados con la tierra, sí se alude a algunos elementos que, andando el tiempo, podrán tener cierta importancia en relación con el flamenco y que, en estos años, aún no tienen esta significación.

En concreto nos referimos a ciertos cantables y bailables, como el bolero, la contradanza, el fandango y el zorongo. En once de esos sainetes tienen papel la danza y el baile, en contraposición con su fuerte presencia en los del madrileño Don Ramón de la Cruz.

En González del Castillo el baile y la música en general no constituyen un motivo principal ni son el eje de la acción, sino que actúan a modo de relleno y con escaso relieve. En realidad todo el contenido de estas obras refleja una ácida visión de la sociedad, ridiculizando los excesos y poniendo el dedo en la llaga acerca de las preocupaciones de ciertas capas sociales, ocupadas en aparentar y en conseguir buenos matrimonios para sus hijas.

Hombres y mujeres salen, en general, mal parados de estos retratos, a través de los cuales el autor trasluce su escepticismo y su falta de confianza en el mundo que lo rodea. Muy interesante resulta para el mundo del flamenco el uso acertado y justo que realiza el autor del vocablo “payo” identificándolo con “campesino” y oponiéndolo al habitante de la ciudad o “ciudadano” (Felipa la chiclanera).

Este uso correcto demuestra el absoluto error en el que se mueve la opinión flamenca (y no flamenca, por imitación) desde hace años cuando lo utiliza con otra acepción (es decir, opuesto a “gitano”, que es totalmente equivocada).

Ese opuesto a “gitano” no es otro que “gaché” o “gachó”. Esta visión de la vida gaditana que hace González del Castillo, recogiendo las ocupaciones de los gaditanos urbanos en ese tiempo (paseos, tertulias, bailes en casas y salones, teatros y comedias) aleja el contenido del mundo rural.

Es una mirada crítica y se separa totalmente de la que expresará más tarde Fernán Caballero, que abonará sus obras con un costumbrismo de línea conservadora en cuanto a la visión de sentimientos y personajes.

Otros autores como Cadalso, Serafín Estébanez Calderón y los viajeros románticos, ahondarán mucho más en esa mirada al flamenco como parte del escenario social y cultural de estos años del siglo XVIII y, posteriormente, del XIX.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

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