Verano y humo

Verano y humo Imagen superior: Malouette, CC

El verano, estación de los calores, produce efectos físicos y simbólicos de cierta importancia cíclica. A veces, no obstante, tiene algún relieve excepcional, como este verano de 2016.

Estival es el fenómeno de los incendios forestales. El fuego convierte en yermo un vergel, la frescura de la maleza se torna ceniza. Demuestra, por añadidura, el inconsciente amor al fuego, a la destrucción brusca y vistosa. Da lugar a pirómanos y especuladores, en fin: a cierta aristocracia negra de la especie, amiga de deshacer la trama de la convivencia. En otro orden, el verano acalora: enciende no sólo fuegos visibles sino pasiones invisibles aunque muy eficaces. No deja de producir alucinaciones, cosas que un visionario percibe y los demás no ven, dando lugar a encendidas descripciones de paisajes fantásticos, héroes y monstruos.

El verano político español se apunta a estas fogosas anomalías. Hace casi un año, por ejemplo, que no tenemos parlamento, que la fábrica de las leyes está cerrada por falta de clientela. Se reúne para disolverse, tras repartir escaños y puestos de la mesa, con un desfile a veces pintoresco de modas y modelos. Entre tanto, España ha resuelto sus entripados con Bruselas respecto al ajuste fiscal y el porcentaje del déficit estatal, con la sola gestión de un ministro. Está representada en las cumbres por un presidente en funciones y en las asunciones de presidentes americanos, por un rey jubilado. Los bodrios parecen ajenos: golpe en Turquía, Bréxit en Reino Unido, terrorismo por todas partes. En España, playa refugio, el turismo bate records.

Ciudadanos dice que jamás votará por Rajoy pero colabora con un futuro gobierno de Rajoy en materia de presupuesto y techo de gastos, lo cual incluye la política impositiva. Los socialistas sostienen que evitarán a toda costa unas terceras elecciones a la vez que su triple negativa propicia terceras elecciones. Sin duda, la pieza antológica de nuestro extraordinario estío, la aportan los catalanistas. Declaran que desobedecerán al Tribunal Constitucional y de inmediato acuden a él pidiendo amparo para el grupo de diputados de un partido sin nombre que ya no se llama Convergencia y todavía no se llama Demócrata. Sus diputados intentan pertenecer a las Cortes del Estado español mientras preparan la constitución de un Estado catalán, o sea que no se sabe si son parlamentarios españoles, con sueldo a cargo del Estado ídem, o invitados de un parlamento extranjero, la República Catalana.

Desde luego, nuestro verano político hace honor a su naturaleza y a nadie deja frío. Pero sigue flotando en un aire lleno de chispas y de follaje quemado, una informulada pregunta: ¿dónde está la política de la que los políticos no hablan? ¿La habrá alcanzado la hoguera de agosto que todo lo agosta? ¿Estaremos ante unas vacaciones disimuladas o ante una actividad obsoleta?

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural.

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