Una tragedia posmoderna

Una película de David Cronenberg es siempre una apuesta segura. Lo ha ratificado en Map to the stars. El envite no era fácil: reeditar una historia trágica de familia, una maldición de sangre, incesto y crimen pero hacerlo de modo que no se proclame desde el comienzo su carácter justamente trágico sino que parezca una comedia dramática de costumbres, con algo de guardarropa de moda y algo de psicoanálisis.

Cronenberg introduce desde la apertura, sin alharacas, el factor trágico y sobrenatural, la intervención siniestra y divina que armará el patíbulo de los héroes: una nena que muere de sida y clama venganza en forma de fantasma. Lo demás va surgiendo de a poco: matrimonio entre hermanos que se reproduce en los hijos, suicidios catastróficos (hoguera a lo bonzo) o serenamente barbitúrico, con el motivo conductor, insistente y lírico, del poema de Paul Éluard sobre la libertad.

Porque esta es una tragedia paradójicamente montada en la red de libertades del mundo posmoderno. Libertad sexual, verbal, expresiva, televisiva, periodística, libertad de meterse drogas y alcohol, de hablar sin tapujos sobre cualquier cosa con una suerte de gratuidad sagrada, todo en un marco encantador del medio norteamericano de las series y el viejo y glorioso Hollywood: residencias pulcras y palaciegas, hoteles de diseño, jardines feéricos.

Las buenas maneras de la alta sociedad del espectáculo tienen la impavidez propia de las tragedias, la serenidad de lo fatal, la historia ya resuelta por los dioses y que los hombres cumplen como sonámbulos del inconsciente. Todo es puesta en escena menos la locura y la muerte. Todo se juega menos con ellas, que juegan con nosotros.

Estaba por intentar una descripción crítica de lo que hace en el filme la actriz Juliane Moore pero ante la inmensidad de su arte sólo me salen ineficaces homenajes. Opto por la elocuencia del silencio.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Entertainment One, Focus World. Cortesía de Vértigo Films. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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