Sergio Pitol, explorador

Todo escritor es universal y ninguno escapa a su lugar en el universo. Si de situarlo se tratara, Sergio Pitol no podría ser sino hispanoamericano. Para ello olvidémonos de selvas intrincadas, mágicos realismos y conjuros telúricos. Pensemos en una Hispanomérica portuaria —Veracruz, digamos—, o sea: punto de partida y punto de llegada. Una Hispanoamérica cuyas referencias a la cultura occidental están lejos y son objeto de una intensa codicia.

En este entramado, Pitol es un hispanoamericano cosmopolita y con cierto regusto enciclopédico. Un hispanoamericano de la tradición de Alfonso Reyes, Octavio Paz y Jorge Luis Borges, por no entrar en ningún inventario.

Su fascinación por las literaturas eslavas, por la demoniaca caldera cultural de la Mittleeuropa y por la traducción como algo vocacional en todo escritror auténtico, así lo prueban. América fue una creación de viajeros. Por ello, el viaje es un destino histórico de los escritores hispanoamericanos.

En el caso de México, en buena parte debido a una política cultural fuerte de su Estado, el viaje instructivo supone siempre un retorno al lugar de arraigo. Digamos de nuevo, en el caso de Pitol, Veracruz. En otras latitudes, el viaje ha cobrado los perfiles dramáticos de la expulsión y el exilio. Si se tratatara de metaforizar, acaso ningún escritor dejaría de ser un expulsado de paraísos perdidos y un exilado de patrias imaginarias.

Pitol tiene, más bien, el perfil de un explorador. Sus viajes nunca comprenden un retorno con las manos vacías. Si de grandes ejemplos se trata, cabe pensar en los errabundos personajes de uno de sus maestros favoritos, Joseph Conrad. Pero hay otro viaje en el universo de Pitol: es el que va por dentro del propio viajero. Aquí la apelación es a otro maestro de su preferencia: Henry James.

Esta duplicidad de sus itinerarios puede ser una definición de su literatura. Nadie sale a recorrer el mundo si no imagina su intimidad como un mundo. En otro orden, su oscilación entre el castellano y las lenguas eslavas, su voracidad de lector políglota, también traza una suerte de duplicidad, como si su mundo tuviera, efectivamente, los dos hemisferios del mundo.

Esta expriencia mundana ha sido recogida en las novelas de Pitol con una doble y contradictoria cualidad: hacer grotesca la elegancia de una sociedad y hacer elegante sus aspectos más grotescos.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en ABC. El texto aparece publicado en Thesauro Cultural con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

DECLINACION

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