Parsifalismos

Parsifalismos Imagen superior: "The Temptation of Sir Percival", de Arthur Hacker (1858–1919).

En un cumplido artículo («El loco puro y el amor secreto», revista Audio Clásica), Rafael Fernández de Larrinoa vuelve a examinar el tema de la homosexualidad en el wagneriano Parsifal. Investigar la sexualidad concreta de los personajes ficticios es tarea compleja y a menudo vana. Ellos no tienen un cuerpo físico sino simbólico.

Cuando Parsifal, invocando la herida de Amfortas, rechaza a Kundry, que lo ha besado en la boca ¿revela que no lo atraen las mujeres y que se halla más a gusto con los monásticos y caballerescos cofrades del Grial? El hecho de que la secta que custodia el santo cáliz esté compuesta sólo por varones que tienen cierta fobia a la mujer porque el acceso sexual a ella provoca llagas incurables (Amfortas) o la castración (Klingsor) no basta para concluir que ellos se reúnen tras el templo para concretar amores griegos.

Kundry intenta seducirlo a un ritmo de nana y narrando la muerte de la madre, acaso para que pueda sustituir esa imagen sexualmente prohibida por el tabú y se entregue a la «rosa del infierno».

Luego, ante la reticencia del mancebo, lo insulta y, por fin, lo sublimiza en el delirio donde ella es Magdalena y él, Cristo.

La cofradía de varones solos que se aquerencian en su exclusividad tiene raigambre histórica. Umberto Eco la denomina parsifalismo. Masonerías, ejército, clubes deportivos, sociedades gastronómicas, asociaciones privadas como los Jockey Clubs, academias, órdenes de caballería, universidades, han sido parsifalianos.

Ahora las cosas van cambiando pero, en tiempos de Wagner, entre el imperio alemán y la Inglaterra victoriana, tal era la situación. Las mujeres al convento, la cocina o el burdel. Fuera de estos espacios resultaban peligrosas.

Quizá Parsifal se integre mejor en otra obsesión del maestro: el hijo ilegítimo. En efecto, la mayor parte de sus héroes no tienen hijos (el Holandés, Tannhäuser, Lohengrin, Parsifal, Tristán, Sigfrido, Hans Sachs), o son vástagos del incesto (Sigmundo y Siglinda) o del divino adulterio (las valquirias) o de madre desconocida (los guibichungos, Amfortas). El matrimonio legal es estéril y el pecado o la transgresión, eventualmente fértiles. Los caballeros del Grial, castos o tal vez uranistas (como se los llamaba en el siglo XIX) tampoco dejarán descendencia.

El mundo wagneriano es trágico y esta comunidad de varones solos, incapaces de reproducirse, señalan una escena: un fin de raza o, más enfáticamente, la disolución de un orbe en las llamas del suicidio, como al culminar la tetralogía cuando arde la encina universal. ¿Muerte o regeneración? Acorde último. Silencio.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en ABC. El texto aparece publicado en Thesauro Cultural con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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