Niemeyer

Niemeyer Imagen superior: Palácio do Planalto, CC

No haré a destiempo el recordatorio de del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer (1907-2012). Simplemente, quiero subrayar un hecho que define al maestro: el siglo de vida lo encontró trabajando en su estudio costeño, mirando, a veces, el inalcanzable límite del océano. Estuvo esbozando un macroproyecto que regaló a la ciudad de Avilés: un gran centro cultural internacional que contribuye a la reordenación y la revitalización de la urbe asturiana.

La evaluación de una tarea que llevó siete décadas ha sido hecha por los especialistas. Como siempre en estos casos donde se aúnan la técnica y el arte, la polémica se ha activado. ¿Hasta dónde, en efecto, un diseñador de efificios cumple con la necesidad de usarlo y con el efecto visual que produce en el mero espectador?

Niemeyer proviene del racionalismo, es decir de la tendencia arquitectónica que propuso edificar de modo que apenas nos fijáramos en lo edificado. Nada de ornamentos, virguerías ni monadas. Nada de estilo, para decirlo más fuerte. Don Oscar, en mi modesta visión, superó aquel envite. Sus construcciones se dejan usar y se dejan mirar y admirar. ¿Es esto algo de exhibicionismo? Contesto con otra pregunta: ¿qué artista no quiere que lo suyo pase al público, es decir, que se exhiba?

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Imagen superior: Catedral de Brasilia (Ugkoeln, CC)

Agrego otro apunte y será el último. Niemeyer tuvo el privilegio que a pocos colegas suyos le ha sido concedido: fundar una ciudad en pleno siglo XX. Aún más: una ciudad moderna en un lugar desértico para servir de capital a un país de inmensa extensión, variado hasta el vértigo, donde casi todo está siempre por hacerse: Brasilia. Una ciudad que, al revés de las ciudades «normales», hechas por la historia, deshechas, rehechas por los siglos, se hizo de una vez y con vocación de serlo siempre.

En esta encrucijada del golpe de vista con el incontable futuro lo imagino a Niemeyer, descansando su vista de trabajador en la incesante faena del mar. Lo que hizo de una tacada seguirá allí, habitado por miles de unos desconocidos a los que don Oscar ha dado calles, plazas, refugios, amenidades y sitios de dolor. Como la vida misma.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en ABC. El texto aparece publicado en Thesauro Cultural con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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