La pasión convertida en canto: Giacomo Puccini

Hubo un tiempo, ilusoriamente progresista para la historia del arte, en el cual se hacían quemas de San Juan con los muebles viejos de la casa. Guardaban memorias sentimentales de los abuelos, que lloraron con la agonía de Mimí y el sacrificio de Butterfly.

Evidentemente, Puccini era parte de aquel ilustre combustible. Lo nuevo era una música que hacía pensar, a la que se llegaba tras leer densos manifiestos y tratados doctrinarios, que mantuviera alerta la inteligencia ante las acechanzas de la emoción y, sobre todo, que no se pudiera silbar por la calle ni canturrear bajo la ducha. Si alguien componía en esta línea relasultaba sospechoso, demagógico y hasta maloliente. Halagaba al oído pero ofendía a la nariz.

Entonces llegó Dimitri Mitropoulos. Al ser inquirido sobre la straussiana Electra contestó algo así como: «Si hablamos de ópera, por favor hablemos de La fanciulla del West». Que un director mahleriano dijera estas cosas hizo a muchos escuchas ponerse alertas ante el Puccini instrumentador. No era Mascagni, Giordano ni Cilea. Era algo más. Era Ravel. Y las armonías impresionistas de sexta y las pentatonías con que evocó el Japón realista y la China fantástica, tampoco reflejaban un sesgo solamente italiano.

lapasioncon2

Nada digamos de la variedad ingeniosa y seductora de timbres que proliferan en torno a la princesa Turandot y sus peligrosos enamorados. Puccini, por añadidura, no fue un conservador atrabiliario. Se tomó el trabajo de asistir a un concierto de Schoenberg en Florencia y, al término, saludó al colega dodecafónico. Algo le quedó, tal vez, de aquella curiosidad. ¿No juega levemente con ella en las vacilaciones tonales que preceden al Nessun dorma del príncipe Calaf?

En fin, que Puccini no cabe en una categoría sencilla e higiénica de los manuales. Como todo gran inventor, bajo la compañía inmediata de sus cantables, yace una exquisita complejidad. Prueba de ello es el hecho de que ha previsto una sucesión y alta es la deuda que con él tiene toda la ópera neorrealista del siglo XX. Conviene subrayarlo. Hay grandes compositores que dejan/no dejan huella de su quehacer. Wagner engendró alumnos, discípulos, imitadores y sectarios. Pero Strauss y Hindemith, sin desmerecer en nada lo hecho, no. Stravinski circunscribe todo un espacio musical de la centuria pasada. El profesor Schoenberg ha enseñado a sus alumnos. El maestro Falla, a sus discípulos. Etcétera.

A su vez, Puccini también releyó la herencia de la ópera italiana, abriéndola al contacto con otras fuentes. Nunca le tentó el sinfonismo germanizante de Franchetti o Catalani, mas admitió la sustancial reforma del recitado operístico que Verdi, ese viejecito incansablemente juvenil, formuló en los actos tercero y cuarto de Otello y en casi todo Falstaff.

Lo mismo en cuanto al valor expresivo de la melodía y a la simplificación del aria, aunque se conservara la estrofa. Con ello, el lenguaje teatral cantado se enriqueció, apoyado sobre el refinado cojín armónico y orquestal antes referido. Si se quiere, perseverando en el perfil latino de la ópera italiana, soslayando el imperialismo wagneriano, con su monumentalidad sinfónica, y el mero recitar de origen ruso y recogido por Debussy.

lapasioncon3

Se ve que Puccini es una constelación y no un mero ejemplo escolástico. Así corresponde considerarlo dentro de la llamada Giovane Scuola que sucede a la hegemonía verdiana y arregla sus cuentas con el patriarca. Si se admite su componente verista, hay que concluir que Puccini lo diluye en un contexto romántico, no por tardío, decadente ni exasperado hacia el expresionismo. En efecto, su parábola creadora, que va de Le villi hasta Turandot, empieza y termina en mundos legendarios. Entre medias, el realismo de las pequeñas gentes nos señala una opción verista: los bohemios hambrientos, la costurera, la geisha vendida por su familia, la coqueta provinciana corrompida en la Corte de París, el mozo de cuerda. Pero aún en el extremo de su verismo –excepcional en Puccini– de Il tabarro, con su pertinente estrangulamiento seguido del grito y el desmayo, lo que importa es el examen de esos destinos frustrados y maltrechos de Michele, Giorgetta y Luigi, sobre ese barquichuelo estancado en medio del río que fluye y no vuelve, melancólico y voluptuoso, que se anuncia en la introducción orquestal: la vida que nunca has vivido ni vivirás.

Aunque retóricamente realista, lo que en rigor le importa a Puccini es la pasión que convierte la vida en canto: la devoción amorosa de Cio-Cio-San, la humildad seductora de Mimí, el desenfreno sensual y viril de Tosca, la inmolación de Liu, la blanda entrega de la dura Turandot, la soledad sedienta y el orgasmo mortal de Des Grieux y Manon en el desierto americano.

Y si te permites, lector o lectora, escapar una lágrima oportuna de compasión y de oblicua alegría ante lo bello, mejor para ti. Y para todos. Habremos entrado en la constelación pucciniana.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en ABC. El texto aparece publicado en Thesauro Cultural con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

DECLINACION

logonegrolibros

  • Holmes, el violinista
    Escrito por
    Holmes, el violinista Es muy conocida la afición al violín de Sherlock Holmes, pero muchos aficionados a las aventuras del detective tienen la impresión de que Holmes lo tocaba horriblemente. También está muy generalizada la idea de que…
  • Poe de ida y vuelta
    Escrito por
    Poe de ida y vuelta Pionero de la novela policiaca y de la ciencia-ficción, renovador de la literatura de horror y maestro del relato. Esos, entre otros, son los méritos que distinguen a Edgar Allan Poe (Boston, 19 de enero…

logonegrociencia

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • La existencia de las cosas
    La existencia de las cosas Parece extraño cuestionar la existencia de lo que percibimos en la vida diaria. Después de todo, la ciencia pretende ocuparse de lo que existe; entenderlo, explicarlo y manipularlo. Las cuestiones ontológicas (¿qué existe en el…
  • St. Andrews, patrón de Escocia
    Escrito por
    St. Andrews, patrón de Escocia Andrés, junto a su hermano Simón Pedro, fue uno de los doce pescadores de almas escogidos por aquel que decía ser hijo de Dios. Tras la muerte de su Maestro, Andrés se trasladó a Grecia,…

Cartelera

Cine clásico

  • Dos hombres y una partida de póker
    Escrito por
    Dos hombres y una partida de póker Una cosa es ser un timador de poca monta, simpático y tal, y otra muy distinta un gángster que va asesinando gente y abusando de los pobres incautos. Esta diferencia fundamental es la que marca…

logonegrofuturo2

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • Gamera y otras tortugas de cine
    Escrito por
    Gamera y otras tortugas de cine Los quelonios  son reptiles con coraza. Son vertebrados que ponen huevos, poseen respiración pulmonar, lucen piel escamosa y que han de adaptar la temperatura de su organismo a la del ambiente. A diferencia de otros…

logonegrolibros

bae22, CC

logonegromusica

Namlai000, CC

  • "Vecchio frak", de Domenico Modugno
    Escrito por
    "Vecchio frak", de Domenico Modugno Domenico Modugno (Polignano a Mare, Bari, 9 de enero de 1928 - Lampedusa, 6 de agosto de 1994) es, quizá junto a Mina, el mayor artista de la canción italiana. Que ya es mucho decir…
  • A soplar se ha dicho
    Escrito por
    A soplar se ha dicho Antonio Rosetti se llamaba, en verdad, Anton Rössler. No sabemos bien cuándo nació en Bohemia, aunque se supone que fue por 1750. Tampoco, por qué se hacía pasar por italiano. Le tocó morir en 1792.…

logonegroecologia

Mathias Appel, CC

  • En la tierra del ave roc
    Escrito por
    En la tierra del ave roc De entre miles de peligros que Simbad el Marino tuvo que sortear en los siete viajes que describe el libro de Las mil y una noches, pocos eran tan aterradores como los sorpresivos ataques de…

logonegrofuturo2

Petar Milošević, CC