James Bond

A mediados de los sesenta del siglo pasado, cuando también mediábamos la veintena, se nos apareció James Bond. Rompía algunas tradiciones detectivescas. No era un investigador medio sumergido en la mala vida, como los que pergeñó Dashiell Hammet, ni un razonador pasivo encerrado en un despacho por la gordura, como el Nero Wolfe de Rex Stout, o por la cocaína, como Sherlock Holmes.

Era un chico de buena educación inglesa, sabedor de sastres, hoteles, cosechas de Jerez y de Dom Perignon. Tampoco exhibía una sumisión al trabajo que conducía a la castidad. Sabía seducir y obtener información de la complicidad que le ofrecían unas tías imponentes, bien vestidas (es un decir) y mejor perfumadas (bastaba ver cómo las olía el señor).

Sean Connery, además, probaba su madurez. Era corpulento y velludo pero ocultaba sus calvas con un bisoñé. Connery creó el tipo del galán experto, que va más allá de sus buenas pintas. Luego, vinieron los suplentes. En mi modesta opinión, inferiores. Roger Moore es un joven apolíneo y machacado. Brosnan, un carilindo impasible. Desde 2006, el sustituto se llama Daniel Craig y desplaza lo moreno por lo rubio.

¿Ha sido Craig capaz de ofrecernos alguna clave sobre la política mundial? Connery fue el Bond de la guerra fría, que acabó cuando le dieron al OO7 el Premio Lenin. Inauguró por anticipado la perestroika, al unirse soviéticos y anglosajones contra el Doctor No, encarnación del aniquilamiento.

En Casino Royale, Craig es un figurín de gimnasio, de cuerpo esculpido, depilado y frotado con aceite. Es un hombre maduro que rehuye la madurez y quiere mantenerse lozano como un chico. Además, en lugar de ocultar su historia y mantenerla en un seductor misterio, como Connery lo hacía, intenta ligar a una muchacha contándole su vida en clave de autoanálisis freudiano. Vesper Lynd (Eva Green), más lista que él, ya se lo sabe y lo noquea como una psicoanalista argentina.

¿Estamos ante un Bond posmoderno? ¿O es que Bond no resiste el paso de la historia y necesita ser suplantado por otro Bond? Para los que ciframos la edad de sus descubridores, el auténtico, insustituible, es Connery, capaz de derrotar a los malos en la eterna lucha contra el invulnerable señorío del Mal.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en ABC. El texto aparece publicado en Thesauro Cultural con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador admirado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint-Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015) y Alejo Carpentier y la música (2018).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina.

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