En busca del Grial

En busca del Grial Dante Gabriel Rossetti: "The Damsel of the Sanct Grael"

Nada tangible queda de Jesucristo, uno de los personajes míticos más poderosos de la historia y es esa ausencia, justamente, la que promueve su búsqueda, una búsqueda de necesaria mitología. Que yo sepa, hay dos sagrarios, en Brujas y Mantua, que atesoran su sangre, la derramada en el martirio, que pasa de sólida a líquida una vez por semana.

Pero hay más: el cáliz de la Última Cena, llamado Santo Grial, el sudario o Santo Sindone que se venera en Turín a sabiendas de que como tal es falso pero que siglos de veneración han patinado como reliquia, la lanza de Longinos que provocó la herida milagrosa, la secreción del agua viva de la inmortalidad, suma y sigue con espinas y clavos de la cruz y etcétera.

Toda búsqueda vale más que el objeto buscado el cual, a menudo, es una cosa vulgar. El vellocino de oro era, finalmente, una piel de carnero teñida de dorado. El novelista Wren inventó en Beau geste (¿bello gesto o bella gesta?) la aventura motivada por una piedra preciosa que resulta ser una chafalonía. No importa: llena la vida de unos jóvenes que arriesgan la suya para ganar diplomas de héroes.

 

Frederick J. Waugh: "The Knight of the Holy Grail" (1912)

Estas búsquedas pueden promover admirables trabajos de orfebrería como los Griales que andan por ahí, o lecturas psicoanalíticas que excitan por su impudor y calman por su cotidianeidad. No busquéis la lanza y el cáliz muy lejos, pues son símbolos de falos y úteros más abundantes y más cercanos. O músicas arrebatadoras como los preludios del wagneriano Parsifal.

Pero también pueden promover resultados grotescos y patéticos. Heinrich Himmler, el feroz ministro de Hitler, intentó restaurar la antigua religión de los germanos, un paganismo que sustituyera al cristianismo, invento de judíos. Sus propuestas de emblemas y objetitos para repisas son ridículas y hacen gracia como los gestos desmedidos de un cómico. Cuidado: el señor se lo tomó en serio y visitó el monasterio de Montserrat en busca del dichoso cáliz y la lanza dichosa. El abad lo disuadió. Era un catalán amigo de cosas concretas y ésas no figuraban en su inventario. Entonces Himmler apuntó más alto: el lago subterráneo de Montserrat, con lo que fatigó entradas y más entradas de cuevas que conducían a ninguna parte. En la penumbra de su oratorio, el abad sonreía. Esa pasión por lo inexistente que se vuelve abstracto sirvió a Hegel para definir al fanatismo. Cuidado con sus pintoresquismos. El último costó a la humanidad, más o menos, 55 millones de muertos.

Copyright © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

 

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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