Autorretrato de Juan Malpartida

Es habitual considerar que la miscelánea es un género subalterno de la literatura, cuando no un cajón de sastre que rehúsa ser un género. Un recopilador hacendoso busca y rebusca textos sueltos y dispersos y encuaderna con ellos un volumen.

La verdad de las misceláneas es la contraria. Existe una lógica de la dispersión en los artículos, pequeños ensayos y, eventualmente, entrevistas que los escritores van dejando a su paso por el tiempo , siempre necesario, y los espacios, siempre contingentes, de la vida literaria. Digo más: la tradición del ensayo moderno, iniciada por el compuesto Montaigne y el traspuesto Pero Mexía, se basa en el ejercicio de una textualidad dispersa a la vez que armoniosa. Al cabo de un viaje por esa silva de varia lección, que es una selva de variadas lecturas, es posible pegar las piezas del rompecabezas y hallar un retrato.

Es el caso de Juan Malpartida y su miscelánea Margen interno. Ensayos y semblanzas, que acaba de editar Fórcola en Madrid. Lo de margen interno señala esa columna de blanco que ladea la pagina hacia el eje y lo interior de un libro: la lectura. Y, en efecto, varios trabajos decisivos están dedicados a escritores que fueron tenaces lectores y que de sus lecturas dieron intensa cuenta: Alfonso Reyes, Jaime Gil de Biedma, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Cyril Connolly, Juan Gil-Albert, Dámaso Alonso. Varios de ellos dejaron escritos poemas y la poesía, como indagación de la palabra por la palabra, les sirvió para producir su ensayística.

En este cruce de discursos, de renglones colmados y renglones cortos aliados al silencio, Malpartida también se autorretrata no sólo porque toda selección es un retrato sino porque él mismo ha escrito en varios formatos: poemas, novelas, ensayos, traducciones de poetas como Breton y T.S. Eliot y crítica literaria que no por ser siempre apretada y ocasional, llevada por la novedad editorial, escapa a la insistencia de criterios temáticos. Obsesivos diría Paz, para quien los temas son insolubles, irreductibles obsesiones.

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Otro campo de mixtura son para Malpartida las ciencias biológicas. Estrictamente cumplidas, suelen arriesgar hipótesis para facilitar las investigaciones, es decir arrojar intuiciones sobre el desierto del saber y partir en busca de pruebas. Como un poeta ante el punto final de su poema, el científico se detiene ante lo desconocido, acepta sus límites y hasta es capaz, a veces, de admitir el misterio, acaso porque sin misterio la búsqueda pierde seducción.

El paradigma de Malpartida es Darwin, no casualmente nieto de un poeta y discípulo de un romántico como Humboldt, que se introducía en la naturaleza guiado por una fascinación sentimental, la atracción por la unidad orgánica de la vida. Finalmente, los poetas y los científicos se deben valer igualmente de la palabra, que nunca acaba de decir lo que dice y convierte la vida del intelecto en un diálogo inacabable.

En este punto es importante señalar que Malpartida, contra las malas costumbres institucionales, considera que las literaturas se identifican por la lengua a la que se refieren y en la cual se producen. No las determinan ni el lugar de nacimiento del escritor ni la delimitación geográfica de su país natal, siquiera de su continente. Por eso lee como sujetos de una misma nación literaria a los escritores de España y de Hispanoamérica. A González Esteva junto a Pedro Salinas, a Neruda junto a Lorca, a Huidobro junto a Gorostiza y Juan Ramón. Es cuando el autorretrato se convierte en una foto de familia, tan bien y mal avenida como todas las familias y como ellas, inevitablemente familiar. Ensayar es escribir a saltos, de un texto a otro, hasta formar con semejante ejercicio, repito el término, una familia por afinidad.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Fórcola. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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