Apostillas a Beatriz Sarlo

Apostillas a Beatriz Sarlo Imagen superior: Rawpixel.com, CC

Se puede leer en El País del 15 de julio pasado un inteligente y ameno artículo de la ensayista argentina Beatriz Sarlo: El mundo será Tlön.

Beatriz es mi paisana pues nacimos en Buenos Aires y hasta el mismo año (no preciso la fecha, se trata de una señora). Parcialmente compartimos la escritura, la crítica y, en primer término, la realidad que las envuelve: la lectura. Ella y yo somos de familia de maestras –mi madre lo era– y la enseñanza –corrijo: el aprendizaje– para nosotros siempre estuvo ligado a la letra escrita. Quiero decir: manuscrita o tipeada sobre un papel. Papeles sueltos, cuadernos, libretas, libros. Resulta evidente que su prosa me ha resultado íntima y reconocible.

Sarlo cuenta que, en el metro, alguien se le presenta como lector suyo. No precisa de qué textos. Da un solo dato: la ha leído en su teléfono móvil. Traduzco: en un artefacto hecho para la voz hablada, no para la escritura. Sarlo intentó llevarlo hacia la letra sobre papel y le contó historias de escritores y periodistas argentinos. La Historia del país –ahora en mayúsculas por ser única– la hicieron, en gran medida, los periódicos, que la gente podía leer porque había ido a la escuela pública de nuestras familias.

La escritora evocó la pelea de box entre Dempsey y Firpo en 1923, transmitida a través de los altavoces de ciertos periódicos por la Avenida de Mayo porteña, dado que esas empresas recibían las noticias por cable y las repartían a distintas velocidades: ediciones normales, ediciones extraordinarias y ediciones orales, en lo que hoy se llama tiempo real. Recordé que mi padre había hecho algo parecido en lo privado. Provisto de una radio a galena y unos auriculares, escuchó el relato de la pelea y lo reprodujo en voz alta ante familiares y amigos.

Cernido todo esto, el interlocutor de Beatriz, acaso encogido de hombros ante una intervención inesperada y para él desprovista de sentido, emitió la conclusión: las noticias del futuro estarán en Facebook, donde cada quien dirá lo que se le ocurra, esperanzado en ser leído por millones de prójimos y también esperanzado en ser borrado y olvidado en minutos.

Sarlo trae a colación un cuento de Borges, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Cuenta cómo una porción de escritores inventan un planeta y lo describen minuciosamente en un tomo apócrifo de la Enciclopedia Británica, de modo tan eficaz que acaba siendo creído como real y estudiado en consecuencia.

Al menos estos letrados recurrieron al libro de papel. Después de milenios en que el animal humano se ocupó de proteger su discurso con materiales durables –tanto como pueda ser durable algo en este planeta‒, desde la piedra labrada y la tablilla de barro cocido hasta el volumen de papel encuadernado, ahora nos espera la volatilidad anónima y coral del Facebook.

¿Acabará como Tlön, dándonos noticias improbables de un astro apócrifo habitado por unos animales igualmente apócrifos? Quizás una exquisita minoría siga yendo a unas escuelas donde se enseñe a caligrafiar alguna lengua, de modo que acabe frecuentando librerías de viejo y bibliotecas públicas, en busca de los curiosos signos de sus antepasados, entre los cuales me voy incluyendo.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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