Amores y armarios

El estreno mundial en Madrid de Brokeback Mountain (2014), la ópera de Wuorinen, suscitó algunas ansiedades mediáticas. No era la primera vez que el género abordaba un amor homosexual masculino.

Ya Stewart Wallace había compuesto Harvey Milk, sobre la vida del activista gay norteamericano que en el cine encarnó Sean Penn. Si se quiere, de modo muy episódico, el enamoramiento de Narraboth por el paje de Herodías en Salomé de Richard Strauss (todo debido al original de Oscar Wilde) y algún personaje de Leonard Bernstein en Quiet City, lo habían anticipado, por no irnos hasta el barroco, cuando Marc-Antoine Charpentier musicó la historia de David y Jonatán, versión bíblica de la epopeya más antigua que conserva la humanidad, los amores babilónicos de Gilgamés y Enkidu.

Lo llamativo de Wuorinen era que tomaba como protagonistas a dos rudos vaqueros que mantenían una “acción paralela” a sus instituidos matrimonios con sendas mujeres. La expectativa fue deshecha por la realidad. Ni la partitura ni la puesta, ambas de una alta cualidad profesional, dieron un resultado artístico importante. Ver a dos señores semidesnudos y abrazados en una cama cantando un dúo de amor resultó digno y se alejó de cualquier escándalo. Más expresa se había visto una relación homoerótica en Moby Dick de Jake Heggie, según la novela de Herman Melville.

Desde luego, en materia de escándalos estamos felizmente tolerantes. A nadie se le ocurre armar tremolinas ni pedir prohibiciones. Lo mejor del asunto lo proporciona la historia de la ópera, con los amores caballerescos de Pílades y Orestes en Ifigenia en Táuride de Gluck, antecedida por la tragedia de Goethe –y la sospecha picante de que Pílades era un primo de Goethe y Orestes, el propio poeta, a juzgar por sus memorias– y Don Carlos de Verdi, basado en Schiller, con la amorosa amistad del Infante de España y el marqués de Posa. Quizá nunca la música describió el amor entre dos varones como en el dúo Dio che nell´alma infondere, con el motivo conductor de la orquesta que vuelve un par de veces en la partitura.

Ni Gluck ni Verdi tenían que hablar en clave ni guardaban muertos en el armario. Son dos exploradores del alma humana, en especial cuando pasa por el corazón sin consultar al cardiólogo. No les hicieron falta lechos ni paños menores. Tanto que las censuras de la época, tan gazmoñas en otros casos, los pasaron por alto.

El arte es universal y desde tal universalidad puede retratar al ser humano en todos sus perfiles. Quien ha amado y ha sido amado puede entender, si la anécdota es cantada por Gluck o por Verdi, que el amor humano es tan universal como la música.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Copyright de la imagen © Javier del Real, Teatro Real. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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