Una tienda ambulante de secretos

Fue un antecedente de las tiendas de magia. En el año 1776 el señor Rupano abría cada día su tienda ambulante de secretos al pie del Pont Neuf, en París. Muy cerca de donde Augier, el venerable patriarca de los escamoteadores parisinos, practicaba sus juegos de pasa-pasa y cubiletes.

Rupano, que era originario de Venecia, se había labrado una reputación en distintos países de Europa, con sus juegos de física y matemáticas, pero sobre todo con sus invenciones relacionadas con los útiles de escribir. Ofrecía una cera interminable pues bastaba un trocito minúsculo para sellar más de mil cartas.

De sus plumas se exageraban las proezas como si tuvieran vida propia. Vendía un polvo mediante el cual se podía elaborar tinta, muy apreciado para los viajes.

Sus otras cualidades no sé si eran muy de fiar pues ese mismo polvo tenía la propiedad de servir para limpiar y blanquear los dientes sin perjudicar el esmalte y de curar las afecciones de los pies.

En fin, Rupano brindaba a sus clientes un buen catálogo de invenciones extraordinarias, pero su mayor secreto se guardaba en un pequeño tarro de cristal. Se trataba de una tinta invisible que multiplicó su fama.

Uno de sus clientes, un rico comerciante de Lyon, se hallaba de viaje de negocios en París. Acudió a una cita con uno de sus socios financieros que, como sucede hoy día en esa clase de profesión, era un sujeto de poco fiar. El encuentro se celebró en un gabinete aislado, sin testigos.

Nada más llegar aquel sujeto le encañonó con una pistola y le conminó a firmar una letra de cambio por valor de cien mil francos.

El comerciante se llevó un sobresalto tremendo, pero al cabo de un rato se rehizo. Parecía dispuesto a aceptar el destino.

“No nos vamos a enfadar por tan poca cosa”, dijo y sacó un escritorio de viaje, se dispuso a firmar el papel. El otro le ofreció su propia pluma. “Me gusta escribir con la mía”, repuso el comerciante y sopló sobre la suya, antes de estampar su firma. Pero no tenía tinta. De manera que volvió a firmar con la que le tendía su enemigo.

Este llevó el documento ante el juez. El caso parecía claro. El demandante aseguró que la letra de cambio se había firmado a la luz del día y que el firmante se empeñó incluso en usar su propia tinta, aunque no impregnó el papel y tuvo que recurrir a la pluma que él le ofreció.

El juez preguntó al comerciante si efectivamente había sido así. Respondió el lionés afirmativamente, pero añadió que deseaba explicarle al señor juez porqué se había empeñado en usar su propia tinta.

Señaló el lugar donde había firmado por primera vez sin que se marcara y extendió sobre el espacio en blanco unos polvillos que sacaron a la luz unos caracteres hasta entonces invisibles. Había escrito: "Firmo forzado. Empuña una pistola".

Copyright © Ramón Mayrata. Reservados todos los derechos.

Ramón Mayrata

Poeta y novelista, ha ejercido también el periodismo escrito y ha trabajado como guionista de radio y de televisión.

A los diecinueve años publicó su primer libro de poemas: Estética de la serpiente (1972). Un año antes aparecieron sus poemas iniciales en la antología Espejo del amor y de la muerte, prologada por Vicente Aleixandre (1971).

Trabajó como antropólogo en el antiguo Sahara español en pleno proceso de descolonización. Estas experiencias fueron la materia de su primera novela: El imperio desierto (Mondadori, 1992).

Su relación con los medios de comunicación le sugiere un libro de relatos, Si me escuchas esta noche (Mondadori, 1991) y su segunda novela El sillón malva (Planeta, 1994). Completan su obra narrativa: Alí Bey, el Abasí (Planeta 1995), traducida al árabe, y Miracielos (Muchnik, 2000).

Junto a Juan Tamariz fundó y dirigió la editorial Frackson especializada en libros técnicos de magia. Fruto de su relación con la magia y el ilusionismo son Por arte de magia. Una historia del ilusionismo (1982) y La sangre del turco (1990), y dos incursiones en el teatro mágico: La Vía Láctea (1993) y El viaje de los autómatas.

En la última década del siglo pasado y en los primeros años de este prosiguió la publicación de su obra poética. Asimismo, ha escrito numerosos textos sobre arte en libros, en revistas y en catálogos dedicados a los pintores Eduardo Arroyo, Ramón Gaya, Carlos Franco y José Luis Tirado y a los fotógrafos Isabel Muñoz, Ricardo Vinós y Ciucco Gutiérrez.

La agencia Metropolitan distribuyó sus artículos de opinión sobre la actualidad cultural en una veintena de periódicos locales. Ha colaborado en las revistas Camp de l´arpa, Fablas, Sábado Gráfico, Revista de Occidente, Poesía española, Ozono, Nueva Lente, Arte Contemporáneo/Arco, Boletín de la Fundación Juan March, Reseña, La Luna, Fin de siglo, El Urogallo, El Europeo, La Fábrica, La Balsa de La Medusa, Revista Atlántica de Poesía, El rapto de Europa, etc..

Ha ejercido la crítica literaria en El Sol, El País y ABC y dirigió un programa semanal sobre literatura en Radio 3. En la actualidad colabora en El Norte de Castilla, donde se ocupa de crítica de libros de narrativa.

Desde 1982, y a lo largo de más de veinte años, ha sido guionista de varias series de televisión (TVE y Antena 3) y programas de radio (RNE). Junto a Francisco Otero dirigió la revista electrónica El Adelantado de Indiana. En la actualidad imparte talleres sobre técnicas literarias y escritura creativa en distintas instituciones culturales y cursos de literatura para universidades norteamericanas.

 

Sitio Web: www.ramonmayrata.com/

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