¿Virtuales o reales?

¿Virtuales o reales? Imagen superior: Brad Flickinger, CC

¿Va a desaparecer la civilización tal y como la entendemos? ¿Los robots sustituirán a los hombres en determinadas tareas? ¿Acabarán los sentimientos, se terminará el amor, dejaremos de hablar de cosas cotidianas?

Los agoreros de la destrucción digital del universo se pusieron en marcha hace años augurando toda clase de desgracias. El cine contribuyó a ello. En algunos momentos cercanos al año 2000 pareció que toda la Tierra iría vestida con monos plateados y antenas en la cabeza. Por supuesto, se anunció que la comida de los seres humanos sería, a imagen y semejanza de los astronautas, un compendio de pastillas de distintos colores.

Nada de esto ha ocurrido. Usando el WhatsApp los hombres y las mujeres se siguen declarando su amor. Incluso a través de Facebook, Twitter o correo electrónico (esa obsoleta herramienta virtual). La gastronomía continúa su imparable ascenso a través del invento de salsas, sustancias y presentaciones diversas, todas ellas en platos cuadrados y gigantescos, al tiempo que convive con las tascas de siempre y con el "ponme una de patatas a la brava con una cruzcampo bien fría". La moda es hoy un sector potente, como desde hace años, centrada, sobre todo en los jóvenes, consumidores natos de todo lo efímero.

Esto no significa, sin embargo, que no haya habido cambios profundos en nuestra sociedad. Todo lo contrario. Pero los cambios han sido menos llamativos y más profundos. Las relaciones humanas, sobre todo, se han visto transformadas por las tecnologías de la información y de la comunicación, que han facilitado y producido una hiperconectividad que ahora nos preocupa, quizá porque no hemos sabido prepararnos para ello.

La familia y la escuela, como núcleos primeros de la educación de los niños y jóvenes, probablemente han dejado pasar el tren de la formación y han sido ellos solos, los niños y jóvenes, los que han tenido que autoaprender a usar dispositivos tecnológicos que, para ellos, son cotidianos y usuales. Forman parte de su mundo, están ahí y no van a desaparecer, en todo caso se irán transformando.

Los profesionales actuales de la educación comenzaron su tarea en un mundo analógico y ahora tienen que desarrollarla en un entorno digital. Aplicaciones comerciales, multimedia, internet, redes mundiales de información, artilugios inteligentes, videojuegos, televisión digital, todo ello presenta una diversificación de los entornos que, además, tienen una enorme visibilidad. Son espacios altamente visibles, incluso transparentes. Esto les ha generado vértigo, disgusto, miedo y responsabilidad.

El éxito académico, hasta estos momentos, estaba en la capacidad de aprender a leer y escribir textos con solvencia. Eso hacía posible responder a las preguntas de los exámenes y, en el caso de los profesores, facilitar los contenidos a los alumnos. Ese contenedor donde se almacenan los contenidos tiene, no obstante, una capacidad limitada. Por eso y porque las respuestas escolares a la vida cotidiana han parecido, en los últimos años, incapaces de resolver los problemas que el día a día presenta, es por lo que se ha planteado la pregunta clave: ¿Basta saber cosas o hay que enseñar / aprender a saber cómo, por qué y para qué son las cosas? Y, por otro lado ¿es necesario enseñar todos los contenidos posibles o hacer que el alumno aprenda por su parte y usando todos los medios a su alcance aquellos contenidos que le son precisos?

En el origen del aburrimiento de gran parte del alumnado, su conversión en objetores, la disrupción y los aprendizajes paralelos, puede encontrarse la disyuntiva entre la enseñanza de la etapa industrial de la historia y la de la etapa tecnológica. Los estudiantes no le encuentran ya sentido a aprender contenidos sin más y eso deviene en una imposibilidad para aprender. La cuestión reside en que hoy los procesos de enseñanza y aprendizaje no pueden ir dirigidos a transmitir lo que uno sabe sino en posibilitar que el alumno aprenda por sus propios medios.

La existencia en la escuela clásica de un cuerpo de conocimiento que ha de transmitirse por parte de aquellos que se acreditan para ese trabajo, los profesores, choca con la situación actual en la que existen conocimientos, lenguajes, formas de representación del mundo y de sus fenómenos que no están en la escuela, y que resultan imprescindibles para que las generaciones de estudiantes que tenemos en las aulas puedan disponer de resortes críticos para entender las claves del tiempo en el que viven.

O, lo que es lo mismo, la escuela anclada en la transmisión de un legado cultural y que no entiende como suyo el conjunto de saberes cambiantes y el manejo de herramientas tecnológicas actuales, va a tener difícil formar sujetos con capacidad de acción y con criterio para elegir y construir su propia identidad personal, social y profesional, con la solvencia necesaria.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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