Las mochilas pesan demasiado

Las mochilas pesan demasiado Imagen superior: Britt Reints, CC

La calle está sombreada de árboles y el colegio surge al final, semiescondido entre naranjos, como si quisiera pasar desapercibido. Estoy aquí pero no me veis, dicen sus paredes.

Los naranjos, cuando llegue el momento del milagro, llenarán de azahar todo el espacio y los niños usarán las naranjas a modo de balones. Es septiembre, es el tiempo de la vuelta, de la incógnita. Ellos avanzan saltando sobre sus pies, con el ceño fruncido ante las dudas y las mochilas cargadas a la espalda.

Son los primeros días de clase pero ya contienen todo el saber que van a acumular este curso.

Las mochilas pesan demasiado. Por eso arquean la espalda y parecen tirar de ellas con esfuerzo. Estos niños que veo pasar junto a mí, al trotecillo leve de la mañana que aún conserva el frescor del amanecer, tienen solo seis años y por eso cavilan entre ellos qué pasará ahora que son mayores, ahora que han abandonado los juegos de colores en el patio de infantil, los toboganes, la asamblea del principio del día y el beso de la seño.

Los niños de seis años tienen ante sí la dura tarea de aprender a leer. Cuando lo consigan serán otras personas. Pero ellos no lo saben. Intuyen que debe haber un misterio detrás de las tapas de los libros de cuentos, aunque su corazón aún no ha latido con la aventura de Tom, ni conocen el gesto impetuoso del conejo blanco o la tristeza de los cazadores de ballenas.

Los miro y pienso en otra niña. Parece que la veo como si fuera una película que se hubiera quedado fijada en la memoria. La niña tiene seis años y ya sabe leer. Lleva un vestido rosa y blanco de cuadritos y un lazo rosa, cómo no, en la cabeza. Ha entrado en el patio del colegio, que está aureolado de azulejos y tiene un suelo de aspecto fantasmal, oscuro y con cenefas. Ha soltado feliz la mano de su padre y ha corrido gozosa. Ha llegado a la clase. Se ha sentado en una silla blanca, en una mesa azul. Ha colocado cuidadosamente encima de la mesa las manos, una encima de otra, como su madre le ha advertido que debe hacer mientras los maestros hablan. Ha observado con fijeza la puerta y la ha visto entrar, con un vestido rojo, uñas rojas y unas gafas doradas y menudas. La maestra ha recorrido sonriente las filas de la clase, niños y niñas que apenas se atreven a levantar la voz. Ha recitado nombres y, cuando ha dicho el suyo, la niña ha sonreído (y esa sonrisa es marca de la casa) y ha dicho sí, soy yo, como si alguien hubiera alzado un telón invisible y, desde entonces, ella fuera la principal actriz de una obra que todavía nadie ha escrito.

Qué tendrá ese rito de los nombres, de las mochilas y los reencuentros… Estos niños de ahora, como aquellos de antes, jugarán a lanzarse naranjas, silabearán señalando con el dedo las palabras incipientes y llorarán porque alguien, un mastodonte que siempre es el mismo, les dice en el recreo una palabra fea. Y esa dorada claridad que cruza el aula repetirá una historia que nunca termina de completarse, que se renueva y nace sin que podamos evitarlo, sin que sepamos a ciencia cierta si estamos delante o detrás de los pupitres.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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