Un mundo nuevo está en marcha. Entrevista con Cyril Dion y Mélanie Laurent

¿Qué pasaría si mostrar soluciones o contar historias que hacen el bien fuera la mejor manera de resolver los problemas ecológicos, económicos y sociales que tiene nuestro planeta?

Siguiendo la publicación de un estudio que anunciaba la posible desaparición de parte de la humanidad de aquí a 2100, Cyril Dion y Mélanie Laurent se propusieron, junto a un equipo de cuatro personas, iniciar su propia investigación en diez países para averiguar qué podría estar provocando tal catástrofe y, sobre todo, cómo se podría evitar.

Durante su viaje conocieron a pioneros que estaban reinventando la agricultura, la energía, la economía, la democracia y la educación. Poniendo en práctica estas iniciativas, concretas, positivas y que ya están en marcha en algunos lugares y demostrando que funcionan, los directores comenzaron a darse cuenta cómo podría ser el mundo del mañana. El resultado fue una película, Mañana (Demain, 2015), concebida para cambiar la actitud de los espectadores.

¿Cómo os conocisteis? ¿Cómo nace el proyecto?

Cyril Dion: La historia se remonta a 2011. En esa época, yo dirigía el Movimiento Colibrí, que había cofundado con Pierre Rabhi y otros amigos. Estábamos montando una operación llamada “Todos Candidatos”, cuyo objetivo era movilizar a un máximo de personas para la campaña presidencial de 2012.

Mélanie Laurent: Yo había conocido a Pierre Rabhi en una cena con Danielle Mitterrand. Me habló de la campaña, le dejé mi teléfono y Cyril me llamó unos días después para que participara. Convencí a mi hermano, a mi madre, a mis amigos, a mi pareja, a su hija…

CD: Enseguida, Mélanie quiso que le enseñara iniciativas que “cambien el mundo”… La llevé a la granja de Bec Hellouin, en Normandía, la de Perrine y Charles Hervé-Gruyer (que aparecen en Mañana). Por el camino, nos fuimos dando cuenta de que teníamos muchísimos gustos en común. Le hablé de mi proyecto de película que no conseguía montar. A medida que íbamos hablando, me di cuenta de que teníamos que hacerla juntos. No tardó ni un segundo en decirme que sí y se implicó totalmente.

La película arranca con un estudio científico publicado en la revista Nature en 2012. Este estudio, bastante devastador, anuncia un hundimiento generalizado de nuestros ecosistemas, lo que provoca el final de las condiciones de vida estables en la Tierra…

CD: Empecé a escribir la película en diciembre de 2010. En esa época, ya pensaba que no bastaba con anunciar las catástrofes. Había que proponer una visión del futuro. Cada uno tiene que proyectarse, un poco como cuando la gente sueña con su casa nueva y hacen planos con el arquitecto. Sólo que planos de arquitecto de la sociedad del mañana no existen.

Mi primera intención era transformarlos en imágenes en una película… Pero tenía demasiadas actividades diferentes como para ponerme en serio. En junio de 2012, sufrí un desgaste. Un mes después, descubrí el famoso estudio de Anthony Barnosky y Elizabeth Hadly. Nunca antes un estudio había tenido ese efecto sobre mí. Mi propio hundimiento se veía reflejado en el hundimiento programado de la sociedad. Entonces pensé que había llegado la hora de hacer lo que me parecía más importante, y poner la película en marcha. Dimití de mi puesto en Colibrí y empecé a dedicar al proyecto la mayor parte de mi tiempo.

ML: Leí el estudio durante mi embarazo, me dejó impactada, me pasaba el día llorando y maldiciendo a Cyril por haberme sumido en tal estado de desesperación. Hasta descubrir el estudio, “sólo” se trataba de hacer una película positiva. De repente, se había convertido en una película necesaria y esto había sido un motor formidable. En mi vida de actriz, ya tenía muchos proyectos confirmados, pero anulé algunos para dedicarme a fondo a la tarea. Agricultura, energía, la película aborda los temas clásicos de la ecología. Pero, de repente, nos arrastra en una historia más global y nos habla de economía, educación, política…

CD: Queríamos mostrar que todo está conectado, que no se pueden tratar los problemas por separado. La agricultura occidental, por ejemplo, es totalmente dependiente del petróleo. Cambiar el mundo agrícola significa cambiar también el modelo energético. Pero la transición energética cuesta cara, por eso hay que abordarla desde un punto de vista económico. Desgraciadamente la economía actual genera desigualdades y es responsable en grado sumo de la destrucción del planeta. Es necesario regularla democráticamente. Pero, para que una economía funcione, tiene que apoyarse en ciudadanos informados, que hayan sido educados para ser libres y responsables…

¿Podemos definir Mañana como una película entusiasta, ecologista y humanista?

ML: No es un documental verde, es una mirada sobre la sociedad tal y como podría ser mañana... Estamos exactamente en la era en la que las personas ya no se hablan, ya no se ven, todo el mundo se juzga, casi ya no hay empatía. Y, de repente, la película muestra a personas que actúan juntas, hablan alrededor de un frambueso o de un improbable billete de 21 libras. Estas iniciativas crean pequeñas comunidades a años luz del ecologista alternativo en su cueva. Es importante tener personajes que se parezcan a nosotros, con los que cada uno pueda identificarse.

CD: Queremos que los espectadores deseen vivir en ese mundo, ser como estos nuevos héroes que no son ni millonarios, ni estrellas, sino valientes, hermosos, humanos…. Personas corrientes que crean huertos, abren institutos… ¡Después de haber visto a Charles y Perrine en su granja exuberante de permacultura, hasta a nuestro productor – que no tiene precisamente alma de hombre de campo– le han entrado ganas de cultivar verduras! ¡Y lo mismo el distribuidor! Ese era el desafío.

ML: Nadie quiere tener que enfrentarse a cosas aterradoras. Pero tenemos que mirarlas a la cara, no nos queda otra. Entonces, para tener la fuerza necesaria para reaccionar, necesitamos soluciones, accesibles, afortunadas... Por este motivo hemos mostrado a todas esas personas que actúan sin que sea algo doloroso. No hay que dejarlo todo, cambiar de vida, vivir aislado en una granja buscando la autosuficiencia… Todas las iniciativas presentadas están a nuestro alcance, en nuestras vidas y pueden ponerse en marcha mañana.

manana2

La narración de Mañana está calcada de la lección de las cosas. Mélanie es la cándida, Cyril el pedagogo. ¿Era importante ser tan didáctico, estudiar la cuestión desde todos sus ángulos?

CD: ¡No me da la sensación de que seamos sólo didácticos! El primer objetivo era contar una historia. Nos influyó mucho un ensayo de Nancy Huston, “La especie fabuladora” que mostraba hasta que punto los seres humanos se construían en torno a ficciones individuales y colectivas. El mundo de hoy ha nacido del mito del progreso, que es un discurso narrativo con el que todos estábamos de acuerdo. Dar un nuevo empuje exigía, antes que nada, construir un nuevo discurso narrativo. De ahí el toque de road-movie y todas nuestras aventuras en cada nuevo lugar. Luego, ha habido que hacer accesible y simplificar lo más posible temas a veces áridos como la creación monetaria...

ML: Y para estar seguros de conseguirlo, hemos tenido conversaciones interminables durante la preparación de la película. Yo le decía a Cyril: “¿De verdad vamos a hablar de economía?” Y me contestaba: “Sí, ya verás, es muy sencillo.” Entonces me lo explicaba y cuando yo ya no entendía nada, volvía a empezar, hasta que dábamos con el ángulo adecuado.

Las iniciativas que presentáis son interesantes, pero seamos realistas, no es más que una gota en el mar. Frente a los retos existentes, no bastarán para evitar el famoso hundimiento previsto por tantos estudios como el que citáis.

CD: Nuestra intención no era dar una respuesta absoluta al hundimiento, sino contar una nueva historia. Contribuir, aunque fuera modestamente, a la emergencia de una nueva cultura, de nuevas representaciones del mundo. Primero tenemos que cambiar de mentalidad y, en cada época, eso ha sido responsabilidad de los artistas (entre otros), con libros, películas, cuadros, canciones… que describan estos cambios.

ML: Puestas una detrás de otra, las iniciativas como la permacultura, las monedas locales, las energías renovables, dibujan un mundo posible. Lo que resulta desmoralizante es que sólo se trata de iniciativas aisladas, aunque, al mismo tiempo, sólo piden que las juntemos. Ya hay un mundo que funciona, que existe, en donde todo es posible. Ya hay soluciones disponibles en todos los campos, ¡esto tiene que ser inspirador!

CD: Los escépticos actuales verán como de aquí a veinte o treinta años, cuando los recursos sean cada vez más escasos, los refugiados climáticos serán muchos más que hoy, los rendimientos agrícolas caerán en picado, ya no habrá otra vía posible que el cambio. Todas estas iniciativas siguen el curso de la Historia, no tenemos elección. Son las primicias de una nueva civilización y de una nueva cultura. Todos los interlocutores nos han hablado de resiliencia. ¿Qué hacer el día en que todo se vaya al diablo? ¿Cómo seguir comiendo? ¿Cómo producir energía? ¿Qué hacer para que sobreviva un mínimo de economía? Estas cuestiones preocupan a personas que no se conocen de nada y que viven en diez países diferentes. Todas nos dicen lo mismo. Es uno de los ejes más potentes de la película: la diversidad, el deseo de autonomía, la creación de comunidades humanas para pasar a la acción.

¿Cómo os habéis repartido las tareas?

ML: ¡No fue algo evidente desde el primer momento! Al principio, nos estábamos pisando un poco todo el rato al querer hacerlo todo al alimón. Luego, aprendimos…

CD: Desde un punto de vista operativo, Mélanie quizá haya cogido más las riendas del rodaje y yo del montaje. Sin embargo, cada uno consultaba al otro y enriquecía su trabajo. Acordábamos las directrices generales y validábamos juntos el resultado.

ML: Yo me concentraba en la forma, en la parte artística, el guión técnico de las imágenes. Todas las noches, Cyril nos explicaba lo que íbamos a rodar al día siguiente, las personas a las que íbamos a ver, lo que quería que la película contara en ese momento. Luego, con Alexandre Léglise, el Director de Fotografía, troceábamos las secuencias y reflexionábamos sobre cuál era la mejor manera de poner en imágenes cada iniciativa, en su especificidad. En Escandinavia, por ejemplo, utilizamos una óptica descentrable Tilt&Shift, que aportaba una dimensión onírica y poética. En general, queríamos permanecer pegados a la realidad y, al mismo tiempo, aportar un suplemento de alma, un toque artístico.

CD: Por mi parte, yo tenía tiempo y espacio para entablar una relación con las personas a las que íbamos a filmar, preparar las entrevistas. Teníamos que poder sentir, en la pantalla, que se había producido un encuentro verdadero, algo íntimo. Al mismo tiempo, todo tenía que ser vivo, teníamos que sentir los lugares, las atmósferas. No queríamos que los personajes nos contaran lo que hacían, queríamos ver cómo lo hacían. Por ejemplo, en la escuela finlandesa, más allá de la práctica educativa, sentimos que la gente es feliz, que hay algo distinto.

ML: Filmamos a las personas en su vida real y esperábamos que operara la magia, sin hacer una puesta en escena demasiado marcada. En la granja de Bec Hellouin, pedíamos primero a Charles y a Perrine su itinerario del día para rodar lo que iban a hacer. En la India, hemos acompañado a las personas en su día a día. Y todo era tan hermoso que, a veces, bastaba con poner la cámara en el exterior. La luz, los colores, todo estaba ya allí…

Más allá de los personajes filmados, una voz acompaña a la película en su progresión, es la de Fredrika Stahl, autora de 19 piezas en la película. ¿Cómo trabajasteis con ella?

CD: Un amigo común, Jean-Christophe Bourgeois, le habló del proyecto y ella, espontáneamente, nos envió una canción: “World to come”, que decía que no había ningún mundo por venir… ¡Estaba exactamente en el polo opuesto a la intención de la película! Pero era tan hermoso que intentamos montar de todos modos la canción justo después del arranque de la película y de ese estudio sin esperanza. Y funcionó tan bien que le pedimos otras tres pruebas a Fredrika. No había visto ninguna imagen y, sin embargo, en cada pieza, daba en el clavo. Seguimos trabajando a distancia: le enviábamos secuencias, ella nos enviaba piezas. Su voz y su música son como un personaje más, aportan una auténtica identidad a la película.

manana3

Por otra parte, esta película no es solo vuestra, sino también de miles de personas…

CD: ¡De 10.266 personas, para ser exacto! Para empezar la financiación, lanzamos una campaña en la plataforma de crowdfunding KissKissBankBank. Queríamos reunir 200.000 euros en dos meses. ¡Los conseguimos… en dos días! Y al final de los dos meses, teníamos casi 450.000 euros. ¡Es un récord mundial de obtención de fondos para un documental!

ML: El resultado superó nuestros sueños más locos. La gran fuerza de Mañana es que es también la película de miles de ciudadanos que han ayudado a financiarla. Casi un tercio de los donantes pidieron que, en contrapartida a su donación, se plantaran árboles. No sólo han cofinanciado la película, sino que, encima, no querían nada a cambio. ¡Es aún más impresionante! La operación tuvo tal éxito que, después, todo fue muy rápido.

CD: Se apuntaron otros socios (France 2, Orange Cinéma Séries, la Agencia Francesa para el Desarrollo, la Fundación AKUO, la red Biocoop, la compañía energética Enercoop, Veja, Léa Nature, Distriborg, Hodzoni, Féminin bio…). Queríamos que la financiación fuera lo más “verde”, lo más coherente posible. Con un presupuesto de unos 1.200 millones de euros, era perfectamente posible. Y la financiación empezó así, fue mi vecino y amigo, Christophe Massot quien nos dio los primeros 10.000 euros, con los que pudimos filmar las imágenes del teaser y, con él, embarcar en el proyecto a Mars Films. ¡Era un tercio de sus ahorros! Es el inicio de una hermosa historia.

ML: ¡Al principio, la gente a la que veíamos estaba encantada por la idea general de la película pero menos con la de financiarla! Si se quiere hacer dinero en el cine, no es con un documental. Los que decidieron acompañarnos no tenían ni idea de cuál iba a ser el resultado, confiaban plenamente en nosotros. ¡Curiosamente, esto suponía para nosotros mucha más presión! Llegamos al primer lugar de rodaje, a Detroit, al día siguiente de la recogida de fondos. Estábamos todos muy emocionados por haber reunido la cantidad deseada en 48 horas y, al mismo tiempo, nos daba miedo no estar a la altura de las expectativas de nuestros donantes.

La película inauguró la Cumbre sobre el Clima de la ONU, la famosa COP21, que se celebró en París del 30 de noviembre al 11 de diciembre de 2015. ¿Qué tal fue?

CD: Cuando sabes que el sistema de la ONU funciona por consensos y que existen puntos de bloqueo (o países, como Canadá y su explotación de arenas bituminosas), esperas que los negociadores consigan superar esas barreras. ¡Digamos que tenemos un optimismo moderado!

ML: En 2009, al día siguiente de la Cumbre de Copenhague, la gente bajó los brazos. Al menos, si no hay ningún acuerdo, espero que haya una reacción inmunitaria, que la gente se dé cuenta de que no se va a conseguir nada a nivel de los Estados, sino a nuestro nivel, al de todos. Los personajes de la película no han esperado a que les venga nada de arriba, actúan, ahí en donde pueden. Punto.

CD: Ahí en donde los Estados Unidos han fracasado, las ciudades pueden tomar el relevo. Es lo que nos dice uno de los tenientes de alcalde de Copenhague en la película: todo lo que han emprendido ha sido como reacción al fracaso de la cumbre de 2009. El modelo de la ciudad “basura cero” desarrollado en San Francisco, se ha exportado a otras diez ciudades americanas. Muchos políticos se han despertado, ya no esperan a que los Estados Unidos tomen la iniciativa. Todos estos modelos cooperativos pueden ser rentables, sólo hay que convencer a los políticos y a los ciudadanos de que es así.

Para que la gente acepte tener aerogeneradores cerca de sus casas, hay que implicarles desde el principio, conseguir que les pertenezca una parte y que les proporcione alguna ventaja. Esto es lo que ha supuesto el éxito de la energía eólica en Alemania y Dinamarca. En Copenhague, el ayuntamiento ha invertido sumas astronómicas para renovar la calefacción colectiva. Al principio, la población no estaba de acuerdo, al final, los habitantes pagan 60 euros al mes para calentar 100 m2, ¡tres veces menos que la media francesa!

ML: En París, veo barrios enteros en los que sólo abren restaurantes bio, vegetarianos o veganos. Cada vez más tiendas venden productos locales, y como son negocios que funcionan, cada vez más gente quiere abrirlas. Podríamos, sin problemas, desarrollar monedas locales. Lo fundamental es tener ganas de hacerlo. En su granja, Charles y Perrine trabajan en un entorno exuberante y frondoso, y aunque esto suponga mucho trabajo, también hay mucho de creatividad, amor, felicidad y recompensas.

Con Mañana, ¿teníais ganas de compartir una forma de esperanza?

ML: La complejidad de la historia, es que todo está tan jodido, que siempre estamos pensando que no lo conseguiremos. Hacer esta película me ha encantado, he conocido a gente increíble, he acumulado tantos conocimientos que tengo la impresión de estar más abierta al mundo. Y, por esto mismo, soy mucho más radical sobre un montón de pequeños detalles en la vida. Es algo nuevo para mí ponerme triste tan a menudo. Por ejemplo, cuando me paseo por un parque y veo basura abandonada por unos que acaban de hacer un pic-nic o cuando veo que la gente apaga las colillas en las plantas...

CD: Soy más consciente que antes de que todo se va a derrumbar y nunca he tenido tanto miedo. Pero aún me entran más ganas de remover un poco las conciencias entre la gente. Me encanta ver lo que la película provoca entre los que la ven: toca ese punto minúsculo, que no está lejos de la superficie y que hace que te entren ganas de hacer mil cosas útiles, de encontrar sentido a las cosas.

ML: El mundo está falto de iniciativas halagüeñas, fáciles de poner en marcha y que aporten ideas. Eso es lo que dicen dos de nuestros personajes, Mary y Pam, las creadoras de increíbles comestibles: tienes que empezar en tu calle, en tu barrio, con tus vecinos y, luego, movilizar a los empresarios, a los políticos locales… Cuando las personas empiezan a hacer algo, ya no se pueden parar, siguen, intercambian ideas, experimentan, comparten.

En el metro, si le sujetas la puerta al que viene detrás de ti, se da más prisa y, en el 99 % de los casos, se la sujeta al que le sigue. Y así hasta el infinito. Es lo que más me gusta. Ya no estamos en una zona de confort y, sin embargo, todavía no nos estamos hundiendo. Estamos en una fase particularmente inspiradora: sabemos que vamos a chocar contra un muro y es el momento de movilizarnos. El ser humano ha llegado a la luna, ha abolido la esclavitud, ha erradicado enfermedades, nuestras capacidades son inmensas, ahora nos toca ponerlas al servicio de nuestra supervivencia y de la felicidad colectiva…

Constatación

Anthony Barnosky y Elizabeth Hadly (Investigadores)

Elizabeth Hadly trabaja en la Universidad de Stanford, en el Departamento de Ciencias Medioambientales. Se ha especializado en la evolución de los vertebrados y, en particular, de los mamíferos en el continente americano, India y Costa Rica. Estudia la ecología de los vertebrados bajo la influencia del calentamiento climático.

Su esposo, Anthony D. Barnosky es investigador en paleontología y profesor de biología integrativa en la Universidad de Berkeley, California. Ha pasado más de treinta años analizando los cambios climáticos del pasado a escala planetaria y su influencia sobre la evolución de las especies pero, sobre todo, le interesan las lecciones que se pueden sacar del pasado.

En 2010, Elizabeth Hadly y Anthony Barnosky participan, junto con otros veinte científicos, en un taller de la Universidad de Berkeley, en el marco de una iniciativa de investigación del campus. De este taller surgirá un estudio firmado por un equipo multidisciplinar de investigadores reconocidos que se publicará en junio de 2012, en la revista científica Nature con el nombre de “Approaching a state shift in Earth’s biosphere”. El artículo tendrá un impacto mundial inmediato.

La constatación es sencilla: si no cambiamos nuestros hábitos, asistiremos al hundimiento probable de los ecosistemas en el horizonte 2040-2100. Las causas identificadas son múltiples: aceleración de la pérdida de la biodiversidad, frecuencia cada vez mayor de episodios climáticos extremos, modificaciones rápidas de los flujos de producción y de gasto de energía, etc…

Los investigadores subrayan el hecho de que es posible un cambio brutal y global. La humanidad se ha convertido en una potencia geológica, comparable a un volcán o a un meteorito, si sigue como siempre ha hecho, se está buscando muy malas sorpresas, como desestabilizaciones económicas y políticas que menoscabarán radicalmente nuestra calidad de vida. Por primera vez, un hundimiento global de los ecosistemas parece algo plausible a ojos de los científicos. Aunque sea difícil prever en qué consistirá el nuevo equilibrio, todo apunta a que la civilización cambiará tal y como las conocemos actualmente. No es cuestión de siglos sino de años, lo que imposibilitaría cualquier adaptación acordada.

A pesar de esta constatación, Elisabeth y Anthony se niegan a renunciar a la esperanza. “Los humanos son bastante inteligentes, y si multiplicamos rápidamente las acciones positivas, podríamos invertir el curso de las cosas.”

Copyright © Move Movie, France 2 Cinéma, Mars Films, Mely Productions. Cortesía de Karma Films. Reservados todos los derechos.

Suplemento EcoCult

El suplemento EcoCult: Ecodiversidad y Cultura Ambiental, editado por la revista The Cult (Thesauro Cultural), es una publicación dedicada a la divulgación de las ciencias naturales y a la protección de la vida silvestre.

Desde 2017, ofrece cada día información y reportajes sobre todos los ámbitos de la naturaleza, con particular atención a la biodiversidad, la investigación, la protección de los espacios naturales y la educación ambiental.

Copyright del avatar (Lince ibérico, Lynx pardinus) © Akira Urrero. Reservados todos los derechos.

  • El lobo marsupial
    Escrito por
    El lobo marsupial El lobo marsupial o tilacino es un mamífero de la subclase de los marsupiales que los científicos conocen como Thylacinus cynocephalus, de ahí su nombre de tilacino. Se le llama también tigre de Tasmania, traducción…
  • El gran peligro
    El gran peligro Primero fue la bomba atómica, que traía consigo lo que nunca había ocurrido: la posibilidad aterradora de que el ser humano fuera la primera especie capaz de destruirse a sí misma. Los temores de un invierno nuclear,…
  • Verdad científica y consenso
    Verdad científica y consenso No hace mucho, presenté un comentario sobre el calentamiento global y el cambio climático que trae aparejado, y los describí como “la más grande amenaza para la supervivencia humana”. En respuesta, más de un lector me acusó de estar…

ECOCULT041

Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

ECOCULTdinosaurio

  • El oscuro negocio de las ballenas blancas
    Escrito por
    El oscuro negocio de las ballenas blancas Era verano de 1861 cuando P. T. Barnum, “el gran Showman americano”, anunció su nueva exhibición en el museo americano de Nueva York: dos belugas vivas. El New York Tribune relató la llegada de estas ballenas que causó…
  • Esplendor y caída de un emperador
    Escrito por
    Esplendor y caída de un emperador En varios grupos de animales hay especies que por su belleza o majestuosidad destacan sobre las demás y reciben nombres con tintes nobiliarios. Así, existen pingüinos emperador, zopilotes rey y hasta animales que en su…
  • Todo empezó con unas ramitas…
    Escrito por
    Todo empezó con unas ramitas… Dame Jane Goodall (Londres, 1934) es naturalista, activista y primatóloga. Ha dedicado su vida al estudio del comportamiento de los chimpancés en África y a promover estilos de vida sostenibles en todo el planeta. El…

ECOCULTcaballo

Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC