Pandas en el museo

Pandas en el museo Un joven Chu-Lin jugando en el Zoo de Madrid. / Archivo fotográfico de Zoo-Aquarium de Madrid

Algunos animales han entrado en el libro Guinness de los récords, pero pocos lo han hecho por méritos científicos. El oso panda Chu-Lin, que nació en el Zoo-Aquarium de Madrid el 4 de septiembre de 1982, es uno de ellos. El plantígrado fue el primer panda nacido en cautividad y por inseminación artificial fuera de China y por ello se convirtió en “el animal más valioso nacido en un parque zoológico”.

 “A partir de ese momento se empezaron a dejar pandas gigantes de China a zoológicos de todo el mundo. El nacimiento de Chu-Lin fue el comienzo de un pequeño babyboom en los zoos de Europa, Estados Unidos y Sudamérica”, señala Agustín López Goya, director biológico del Zoo-Aquarium de Madrid, donde no hubo nada más importante en ese momento que el nacimiento del mamífero.

Pero el éxito de Chu-Lin –que en chino significa “tesoro entre bambúes” y también hace referencia a la forma castiza con la que se denomina a los madrileños– no se limitó a un récord. Fue todo un fenómeno social. Al panda se le dedicó una canción (La canción del panda) del dúo musical Enrique y Ana, y la revista Cambio 16 lo nombró personaje del año junto a otras personalidades como Miguel Boyer, Montserrat Caballé y el grupo La Trinca.

En una época en la que aún no existía internet, el mundo dio la bienvenida a Chu-Lin con cartas, telegramas, llamadas, y apariciones en televisiones, radios y periódicos nacionales e internacionales. Los trabajadores del zoo madrileño quedaron abrumados por tanta euforia. Y no fue para menos: “El nacimiento de Chu-Lin fue un hito a todos los niveles. Para el zoo y la conservación de pandas gigantes supuso un antes y un después”, indica López Goya.

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Chu-Lin se expone disecado junto a su madre en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid / Olmo Calvo (Sinc)

Un panda importante para la ciencia

Cuando en diciembre de 1978 el gobierno chino regaló a la hembra Shao Shao y al macho Chang Chang a los reyes de España, nadie imaginó la repercusión que tendría esta cesión. Ante las fallidas tentativas de reproducción entre la pareja, la hembra fue inseminada artificialmente con el semen de otro macho, Chia Chia, residente en el zoo de Londres. A los casi cinco meses nacieron Chu-Lin y su hermana, pero ella no sobrevivió.

Durante sus más de 13 años de vida, el panda fue la estrella del establecimiento madrileño y su popularidad no hizo más que crecer. De hecho, a la celebración de su último cumpleaños acudieron 15.000 niños para cantarle el cumpleaños feliz. Pero a pesar del entusiasmo que despertó en pequeños y mayores, la vida de Chu-Lin no fue un camino de rosas.

Sin duda, la pérdida de su madre cuando tan solo tenía un año de edad le marcó para siempre. A partir de ese momento el animal se adaptó a la compañía de su padre adoptivo, Chang Chang, y del amplio equipo de cuidadores que se encargaban de su bienestar. “Eran casi como sus familiares”, manifiesta el director biológico del Zoo-Aquarium de Madrid.

A esto se sumaron periodos de problemas digestivos y la aparición de una enfermedad –la diabetes insípida, una afección infrecuente por la cual los riñones son incapaces de evitar la eliminación de agua– que se hizo crónica. Por su delicado estado de salud, la Sociedad de Diabéticos de Cartagena y Comarca le nombró miembro e incluso le hizo entrega de un carnet oficial como paciente.

 Aprovechando su popularidad, “la asociación pensó que como se estaba conociendo este tipo de diabetes en el animal se podría ayudar a los seres humanos a hacer frente a esta enfermedad”, explica López Goya. “Si un panda gigante podía superarla, las personas también”. Chu-Lin se convirtió también en la mascota de un programa de salud bucodental organizado por el Área de Sanidad y Consumo.

En junio de 1997, casi un año después de su muerte por prostatitis (inflamación de la próstata), la reina Doña Sofía inauguró una escultura sufragada parcialmente por las aportaciones populares de la generación que creció bajo el imperio mediático de Chu-Lin. Con la inscripción “Los niños a Chu-Lin” su figura en bronce le rinde homenaje en frente a la pradera de pandas del Zoo. Pero lo que los niños no sabían es que el cuerpo del oso panda se había conservado y disecado.

Doble símbolo de la conservación

En 2012, el Zoo-Aquarium de Madrid entregó al Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN-CSIC), en concepto de donación, los restos taxidermizados de Chu-Lin y de su madre Shao Shao, que murió de gastroenteritis en octubre de 1983. Tras su muerte, el cuerpo de la hembra fue naturalizado y hasta entonces se había conservado en el recinto cubierto del Zoo Chico, bautizado como Museo Shao-Shao.

Una vez que los especímenes de oso panda gigante llegaron al museo, se restauraron y se repararon las partes dañadas. “Los cuerpos tenían un daño importante porque habían estado en lugares donde las condiciones de conservación no eran buenas”, señala Ángel Garvía, conservador de mamíferos del museo.

Tras una exhaustiva recuperación de uñas, fragmentos de piel, y reconstrucción de morro –una importante labor por parte de una empresa externa de taxidermistas–, Chu-Lin quedó en condiciones óptimas para ser expuesto en el museo. “Está en sala al igual que el resto de piezas y, a pesar de tratarse de un espacio público grande, se controlan los parámetros de humedad y de temperatura”, dice Garvía.

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Chu-Lin recién nacido con su madre. / Zoo-Aquarium de Madrid

El cuerpo de Chu-Lin se integra dentro del área de Conservación que pertenece a la exposición permanente Biodiversidad, al tratarse de una especie emblemática en peligro de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En estado salvaje quedan menos de 2.000 ejemplares confinados al sur de China, único país del mundo en el que sobreviven de manera natural y del que son endémicos.

Para el conservador del museo, que recuerda bien la fama que tuvo el animal, el panda gigante (Ailuropoda melanoleuca) no solo es el símbolo de la organización ecologista WWF, sino que la imagen del animal se asocia también a la conservación. “Es además una especie paraguas, ya que con la protección del panda se preservan otras especies del mismo ecosistema”, subraya el experto.

La conservación del hábitat del panda es la clave de su protección. Los pandas solo viven en un área del sur de China en poblaciones aisladas con pocos individuos y, aunque son omnívoros, se alimentan básicamente de bambú (en un 99%); de hecho sus garras delanteras han evolucionado especialmente para manipular este vegetal con su conocido falso pulgar.

Esta situación los hace especialmente vulnerables al cambio climático y la ocupación de su hábitat natural con áreas para el cultivo, que aíslan genéticamente sus poblaciones y dificulta  su alimentación. A esto se suma el hecho de que el bambú tiene unos ciclos estacionales complejos.

Pero la presencia del animal junto a su madre tiene también una implicación social, ya que durante sus trece años de vida, Chu-Lin marcó a toda una generación.

“El panda tiene una repercusión sentimental con la ciudad”, confiesa Garvía. Ahora Chu-Lin descansa junto a su madre y otras especies emblemáticas, algunas ya extintas como el ejemplar de lobo marsupial (Thylacinus cynocephalus) comprado por el museo a finales del siglo XIX.

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Chu-Lin (izquierda) y su madre Shao Shao (derecha) en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. / Olmo Calvo (Sinc)

Los sucesores de Chu-Lin

Desde la desaparición de Chu-Lin el 25 de abril de 1996, los veterinarios del Zoo han seguido buscando a los sucesores del afamado plantígrado. Pero no lo consiguieron hasta septiembre de 2010 cuando nacieron los gemelos Po (“Naturaleza inocente”) y De De (“Madrileño”) por inseminación artificial a una hembra Hua Zuiba (“Boca coloreada”) y semen de Bing Xing (“Estrella de hielo”), donados a España en 2007.

El zoo español volvió a copar las portadas ya que fue el primero fuera de Asia en sacar adelante a dos crías de forma simultánea. “Ver a dos pandas gigantes juntos en un zoológico y desarrollándose tan bien atrajo mucho al público”, señala el director biológico del zoo madrileño. Unos años más tarde, en 2013, nació Xing Bao, también por inseminación artificial a Hua Zuiba.

El Zoo-Aquarium de Madrid ha sido testigo de cuatro nacimientos de pandas, contribuyendo a la conservación de esta especie en peligro de extinción. Pero sus esfuerzos no acaban aquí: “El próximo mes de abril, aprovechando la época de celo, se volverá a inseminar a la hembra Hua Zuiba”, anuncia el biólogo del zoo.

Para ello contarán con la asistencia y colaboración de técnicos de la Universidad Complutense de Madrid y del Parque Nacional Chengdu en China que cuenta con un centro de reproducción, con gran experiencia en inseminación, cría y manejo. “Ya estamos preparando su llegada en abril para practicar esa inseminación con la misma pareja reproductora de siempre”, dice López Goya, que se muestra optimista ante este nuevo intento. Por ahora, ya se ha separado a la hembra de su última cría Xing Bao.

Sin embargo, aunque el zoo español lo ha logrado en varias ocasiones, no es una ciencia exacta. “Nosotros ponemos todos los medios de primer orden y contamos con la experiencia de todos estos años, pero es muy complicado. Hay muchos otros zoológicos con pandas gigantes, como el de Edimburgo, que no lo han conseguido a día de hoy”, informa el experto.

La reproducción de los pandas gigantes en cautividad es muy complicada y en la mayoría de los casos es necesario recurrir a inseminación artificial. “Aunque intentamos la inseminación natural, no se suele conseguir”, lamenta López Goya. La razón es sencilla: la hembra se muestra receptiva al macho durante un solo día y unas horas concretas al año, en las que está ovulando y se encuentra fértil. “Pero esto no tiene por qué coincidir con la apetencia del macho”, asegura el biólogo.

Uno de los principales objetivos de la reproducción artificial de esta especie en peligro de extinción es contribuir a su conservación. Por ello, el programa de conservación ex situ, desarrollado por el Zoo-Aquarium junto al parque Chengdu, permite devolver a los pandas a parques naturales de China –un espacio que en el caso de Chengdu se ha triplicado en los últimos 10 años– y formar allí parejas reproductoras.

Los sucesores de Chu-Lin –los gemelos Po y De De, nacidos en Madrid– ya forman parte del parque chino desde mayo de 2013. “A través de la genética que se conoce de cada uno de los pandas que vuelven a China, los técnicos intentan no tener nunca individuos emparentados, por lo que Po y De De se colocarán con parejas distintas y sus descendientes nunca se mezclarán para que la población sea genéticamente viable a medio plazo”, explica López Goya. En parte, la existencia de Chu-Lin fue un primer paso en el mantenimiento de la especie.

Adeline Marcos

Los artículos de Adeline Marcos se publican en TheCult.es (Thesauro Cultural) por cortesía de la Agencia SINC.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC