Más allá de las rejas

Más allá de las rejas Imagen superior: Ken Brazier (Ken g6), CC.

El zoológico es para la mayoría un lugar de esparcimiento y diversión para ir con la familia y los amigos, pero ¿cuál es su función en un planeta que pierde aceleradamente su riqueza natural?

Los zoológicos no son ya lugares de jaulas pequeñas; éstas se reemplazan cada vez más por exhibidores ambientados con plantas, piedras, troncos y espejos de agua, con lo que se busca imitar en lo posible el hábitat natural de cada especie. Además, los zoológicos son centros de investigación científica, pues para cuidar a los animales se requiere conocer su genética, nutrición, comportamiento y reproducción. Cada especie tiene sus particularidades; aunque se parezcan, una cebra no es igual a un caballo. Una especie puede ser muy sensible a ciertos fármacos y la otra no; la labor del veterinario y del biólogo en el zoológico es complicada precisamente por la variedad de especies que hay ahí.

Mantener a los animales en condiciones adecuadas en un zoológico no consiste sólo en darles agua, comida y mantener limpios sus exhibidores, hay que cuidar su salud; hacerles radiografías, análisis de sangre u orina, y equilibrar sus raciones alimenticias. El conocimiento de los animales en condiciones de cautiverio no sólo permite velar por su bienestar individual, sino entender mejor sus características. Esta información puede aplicarse después a la vida silvestre; por ejemplo, un dato sencillo como el del balance de nutrimentos en la leche puede ser útil para criar animales que en su hábitat natural quedaron huérfanos.

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Imagen superior: el director del zoo del Bronx, William T. Hornaday, alimentando a un kudú mayor en 1920.

Una breve larga historia

Los seres humanos han mantenido animales en cautiverio por lo menos desde el Neolítico. Y distintos imperios de la antigüedad como el chino, en su Jardín de la Sabiduría, el romano en el Museo de Alejandría o el azteca, en el Jardín de las fieras de Moctezuma, reunieron distintos animales en colecciones que eran para el disfrute exclusivo de los monarcas y la nobleza.

El primer zoológico apareció en Europa, en estrecha asociación con las ideas con las que fueron concebidos los primeros museos modernos —el Museo de Louvre, el de Historia Natural, o el Jardín Botánico y el Zoológico del Jardín de las Plantas de París—. Esas ideas datan de la Ilustración y de la Revolución Francesa, cuando se desató un vivo interés por las plantas, los animales, los minerales y los fósiles.

A cuatro años de la toma de la Bastilla, en 1793, las propiedades del rey Luis XVI pasaron a ser del pueblo. Surgió entonces el concepto de “un museo de todos y para todos”. De la misma forma nació el zoológico moderno, cuando las colecciones privadas pasaron a ser propiedad pública. El conocimiento de la naturaleza tomó también caminos inesperados con el descubrimiento y la exploración europea de África, América, Asia y Australia. El contacto con los nuevos mundos, las diferencias en los paisajes, las plantas y los animales trajeron nuevas preguntas. Uno de los muchos efectos de los viajes de exploración fue que los zoológicos empezaran a tomar la forma con la que hoy los conocemos.

La conservación en el zoológico

En 1992 la WAZA (Asociación Mundial de Zoológicos) publicó el documento “Estrategia Mundial para la Conservación en Zoológicos”, donde se proponen políticas a seguir por los zoológicos de todo el mundo, los cuales deben tener cuatro objetivos fundamentales: conservación, educación, investigación y recreación. Por lo tanto, tienen la tarea de apoyar la conservación de las especies en peligro y sus ecosistemas, facilitar la investigación biológica y reproductiva de las especies, y crear conciencia sobre la necesidad de proteger los ambientes silvestres.

La conservación va más allá del cuidado de las especies, ya que reproducirlas en cautiverio no es suficiente para que sobrevivan, y consiste en aplicar un conjunto de métodos, estrategias y herramientas para el análisis y solución de problemas como la extinción o el manejo de los ecosistemas. Para conservar una especie es necesario conocer los ciclos naturales, la dinámica de los ecosistemas y las fuerzas evolutivas. Los zoológicos colaboran en la conservación sólo si generan condiciones o conocimientos aplicables a la vida silvestre. En ellos suelen realizarse trabajos de investigación y reproducción de las especies, y cada vez es más común que se involucren en proyectos sobre vida silvestre monitoreando la salud de una colonia de animales, conociendo el tipo y la cantidad de parásitos que tienen, actuando cuando se desatan epidemias o en caso de envenenamiento o contaminación, como en los derrames de petróleo.

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La otra cara de la moneda

En los últimos años han aparecido fuertes críticas a la labor de los zoológicos, principalmente porque mantienen animales en cautiverio; esto implica que se les separe de sus congéneres y se les confine en áreas que suelen ser pequeñas. Anteriormente, además, el zoológico daba la impresión de una cárcel, con sus jaulas de barrotes y pisos de cemento.

También se ha cuestionado el alto costo de manutención de los animales. Los críticos señalan que el dinero invertido en los animales en cautiverio podría aprovecharse mejor manteniéndolos libres en un área natural protegida. Además, algunos zoológicos siguen siendo sólo espacios recreativos o con programas educa- La otra cara de la moneda tivos que se limitan a cierto tipo de animales en peligro, como el gorila o el rinoceronte, y no consideran los propios de la región, por ejemplo, para el caso de México, el teporingo o el manatí.

Por otra parte, la reintroducción de especies cautivas a la vida silvestre es muy problemática. Muchas veces los animales nacidos en cautiverio no tienen las habilidades necesarias para sobrevivir en su hábitat natural, o pueden ser transmisores de enfermedades. Y si las condiciones que han empujado a una especie al riesgo de extinción no han cambiado en el hábitat natural, los ejemplares de ésta que sean reintroducidos pueden estar en peligro.

El reto de la reproducción en cautiverio

El planteamiento de ya no sacar más animales de sus ambientes silvestres e incrementar en cautiverio las poblaciones que se estén extinguiendo en su hábitat natural, ha impulsado a los médicos de los zoológicos a emplear métodos de reproducción asistida ya utilizados con éxito en animales domésticos. La inseminación artificial, por ejemplo, resulta muy útil cuando no hay una pareja disponible en el mismo zoológico. Se puede extraer semen de un macho estimulándolo eléctricamente (electro eyaculación) y colocarlo en un medio estéril y nutritivo para los espermatozoides. El semen se refrigera y se envía por correo a cualquier lugar del mundo en cuestión de horas.

La congelación de semen, óvulos y embriones en nitrógeno líquido, la súper ovulación o la transferencia de embriones son otras técnicas importantes que se investigan en los zoológicos. Un ejemplo es el del borrego cimarrón, una especie en extinción. Con técnicas hormonales se ha logrado que las hembras liberen un mayor número de óvulos y después de que éstos son fertilizados, se retiran para implantarlos en borregas comunes que parirán auténticos borregos cimarrones.

Para lograr esto es necesario conocer muy bien la fisiología reproductiva del borrego cimarrón y en los zoológicos se hacen pruebas que no podrían realizarse con ejemplares en vida libre.

El zoológico también participa en la investigación sobre animales silvestres con la determinación del ciclo reproductivo mediante la detección de hormonas. Con el análisis en el laboratorio de las hormonas contenidas en las heces y la orina de una hembra de elefante o de un jaguar silvestre, por ejemplo, se puede saber cuándo entrará en celo o si quedó preñada, sin necesidad de verla.

Para determinar el sexo en aves que no presentan diferencias visibles entre hembras y machos de una especie, se hace un análisis de los cromosomas de las células de plumas o de sangre. Así se pueden formar parejas sin necesidad de realizar ningún procedimiento quirúrgico para identificar los órganos reproductivos de las aves.

Regreso a casa

Como parte de los esfuerzos mundiales para proteger la fauna silvestre, los zoológicos tienen programas interinstitucionales de manejo genético, médico, biológico y reproductivo de poblaciones cautivas en peligro de extinción, conocidos como Planes de Supervivencia de Especies. Éstos se basan en la reproducción selectiva de ciertas líneas genéticas de especies como el tigre, el jaguar o el oso de anteojos. La reproducción selectiva se induce con el fin de garantizar un nivel adecuado de variabilidad genética o de diferencias interpoblacionales en los animales de los zoológicos que, en varias generaciones, les permita sobrevivir al menos 100 años.

Para evitar problemas de supervivencia y de fertilidad en poblaciones con muy pocos fundadores, se requieren estudios genéticos que ayuden a seleccionar a las parejas reproductivas de manera que aumente la diversidad genética y se evite la consanguinidad o la sobrerrepresentación de cierto linaje entre los descendientes. También se hacen investigaciones para reintroducir en su hábitat silvestre a los animales reproducidos en los zoológicos. Se han hecho programas de reintroducción del cocodrilo de pantano, del cóndor de los Andes, del oryx (un tipo de antílope) de Arabia y del lobo gris, entre muchos otros.

El futuro en computadora

Desde 1980 se han desarrollado diversas herramientas metodológicas para que los zoológicos participen directamente en la conservación de las especies. Ese año se creó el CBSG (Grupo Especialista en Cría para la Conservación) por la necesidad de un enlace entre la comunidad académica dedicada a la conservación y los grupos que trabajan en los zoológicos. Una de las herramientas creadas por este grupo es el programa de simulación computarizada en ecología de poblaciones, conocido como Vortex, nombre que hace referencia a un vórtice o remolino. Con Vortex se predice estadísticamente lo que puede ocurrir con una especie y sus predicciones son sólo tan confiables como la calidad de los datos con los que se alimente al programa. Supongamos que queremos saber el futuro de una especie en peligro de extinción, como el conejo de los volcanes o teporingo. Lo primero que se hace es alimentar el programa con los datos disponibles sobre la especie, como la longevidad, edad al primer parto, número de crías promedio por camada, número de camadas por año, su hábitat, tamaño de las poblaciones y número de localidades donde se encuentra. Además, se anota el promedio de deforestación anual en la zona de distribución de la especie y el de incendios por cada 10 años y las bajas por depredación, entre otras variables.

Después se corre el programa, asignándole a cada uno de los miembros de la población una “historia de vida”, que es conducida a través de los datos con los que se alimentó el programa. Puede ser entonces que a un conejito le toque la rifa del tigre y muera en un incendio a la tierna edad de tres meses, o que tenga mejor suerte y viva una vida feliz con más de 120 hijos y muchos más nietos. Cada historia de vida se muestra en una gráfica que nos indica el futuro de la especie seleccionada con esas variables. El resultado de nuestro hipotético ejemplo es que estos conejos se extinguirán en menos de 80 años. Posteriormente, los investigadores literalmente juegan con las variables para obtener un mejor resultado, es decir, un incremento constante de la población que le permita sobrevivir al menos en los próximos 100 años. La idea detrás de este modelo es deducir cuáles son las variables críticas y las acciones de política ambiental necesarias para la conservación de una especie, como incrementar el número de colonias en cautiverio, reducir las tasas de deforestación y trasformación del hábitat, aumentar el tamaño o el número de hectáreas protegidas o emprender acciones de restauración del ecosistema.

Más que ciencias naturales

Podría pensarse que el trabajo científico en el zoológico se limita a las ciencias naturales, pero esto es un error, las ciencias sociales y las humanidades también están presentes. Por ejemplo en la museología, disciplina que se encarga del estudio de los museos, y la museografía, que es el conjunto de técnicas para la exhibición de las colecciones. Es dentro de esta última que se define la recreación de los hábitats y el paisaje. Otra disciplina involucrada en los zoológicos es la educación; los departamentos de servicios educativos sirven de puente entre el zoológico y el público visitante. En ellos se realizan estudios sobre el uso del espacio público y de los intereses de los visitantes, y a partir de éstos se conciben, por ejemplo, las exhibiciones temporales.

Con sus ventajas y desventajas, beneficios y problemas, el zoológico es finalmente una institución muy compleja. Detrás de él hay un mundo de actividades que como público muchas veces desconocemos. En el zoológico muchos profesionistas dedican sus esfuerzos a atender y entender a los animales para apoyar su conservación.

Copyright © Miguel Fernando Pacheco Muñoz. Publicado previamente en ¿Cómo ves? Revista de Divulgación de Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Reproducida con fines no lucrativos en Thesauro Cultural.

Fernando Pacheco Muñoz

Miguel Fernando Pacheco Muñoz es maestro en ciencias y ha trabajado en diferentes zoológicos de Latinoamérica en el área de servicios educativos. Actualmente es alumno de la maestría en comunicación de la ciencia del Instituto de investigaciones Filosóficas de la UNAM.

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