Los leones de Tsavo

"No te enfrentes a los leones si no eres tú mismo uno de ellos". Proverbio africano

Hay lugares que a pesar de su desolación y lejanía resultan fascinantes. Uno de ellos, la región de Tsavo en el sur de Kenia, podría calificar como uno de los sitios más inhóspitos del planeta. “La zona en su totalidad”, escribió en sus memorias John Henry Patterson, “estaba cubierta con una interminable nyica o desolada extensión de arbustos descoloridos y sin hojas”. Patterson, un joven y talentoso ingeniero militar irlandés, había sido comisionado para terminar la construcción de un tramo clave de la vía férrea que uniría Mombasa, en la costa del océano Índico, con Kisumu, en las orillas del lago Victoria.

El ferrocarril resultaba imprescindible para impulsar el desarrollo del Protectorado Británico del África Oriental (lo que ahora es Kenia) y a principios de 1898 había avanzado ya unos 200 kilómetros, hasta el río Tsavo. Tocaba a Patterson la labor de construir un puente sobre el río y continuar la instalación de las vías en el lado noroeste. Al principio parecía que Patterson y su equipo de trabajadores terminarían su encomienda en unas pocas semanas. La naturaleza, sin embargo, tenía otros planes.

A los pocos días de haber llegado a Tsavo, en marzo de 1898, Patterson tuvo noticias de la misteriosa desaparición de varios de sus hombres. Algunos testigos juraban que el responsable de las pérdidas era un voraz león come-hombres, pero el escéptico Patterson desestimó esas versiones. No fue hasta que el propio Patterson encontró el cuerpo semidevorado de uno de sus capataces cuando tuvo que aceptar la realidad. En los meses subsecuentes, los ataques continuaron y resultó evidente que se trataba no de uno, sino de dos feroces leones machos que sembraban el terror entre los trabajadores, a tal grado que a principios de diciembre la construcción tuvo que ser suspendida por completo. Finalmente, el propio Patterson se dio a la tarea de acabar con el problema y logró matar a los dos temibles felinos. La construcción del puente se reanudó en enero y la obra fue concluida en marzo de 1899.

John Patterson cobró fama inmediata como el héroe caza-fieras de Tsavo, y dedicó parte de su vida a dar pláticas y escribir libros sobre sus aventuras en África. Incluso logró vender al Museo Field de Historia Natural en Chicago las pieles de los leones que cazó, que habían servido por más de 25 años como tapetes en su mansión. Las pieles fueron restauradas por un hábil taxidermista para crear el diorama de los leones de Tsavo, una de las atracciones principales del Museo Field. Hoy en día, miles de visitantes se asombran al conocer la historia de los leones come-hombres. La mayoría de ellos, sin embargo, se sorprende aún más al percatarse de una peculiaridad de estos animales: se trata de leones machos… sin melena.

La melena de los machos es el atributo emblemático de los leones; de hecho, Panthera leo es la única especie de felino con esa característica. El linaje de los leones se originó en África Oriental hace unos dos millones de años y se extendió por Asia, gran parte de Europa y América. A partir de representaciones en pinturas rupestres, se sospecha que los leones de Europa y América carecían de melena. Se piensa también que las melenas aparecieron por primera vez en poblaciones africanas hace unos doscientos mil años y que la característica se extendió paulatinamente hasta la gran mayoría de las poblaciones modernas. En tiempos históricos, sólo se han encontrado leones machos sin melena en Senegal y en Tsavo. Curiosamente, una serie de timbres postales emitidos por el Protectorado Británico del África Oriental en 1896 muestra una imagen de la reina Victoria enmarcada por un par de leones de enorme melena, ciertamente muy diferentes a los ejemplares de Tsavo.

¿Por qué los leones en Tsavo no tienen melena? Una forma de abordar la pregunta es planteándose en primer término el porqué los leones tienen melena. Existen dos explicaciones generales, ambas relacionadas con otro atributo de los leones que es único entre los felinos: su compleja vida social. Los estudios de largo plazo en el parque nacional de Serengeti en Tanzania han mostrado un patrón en el que las leonesas forman grupos muy unidos. Las jóvenes hembras son incorporadas a los grupos de sus madres, mientras que los jóvenes machos son obligados a dejar su grupo de nacimiento son solitarios por un tiempo. Posteriormente pueden incorporarse a un grupo de hembras, si logran vencer y expulsar a los machos de ese grupo. Este complicado sistema obliga a los leones a tener un nivel mucho más alto de interacciones sociales que cualquier otro felino. Las hipótesis sobre el origen de la melena tienen que ver con este punto.

Charles Darwin, en The Descent of Man, escribió: “la melena del león constituye una defensa contra el mayor peligro que puede enfrentar: el ataque de leones rivales”; enseguida se refiere a una nota del Times que da cuenta de la extraordinaria historia de un tigre de zoológico que logró entrar a la jaula de un león. Darwin detalla cómo la melena del león demostró cierto valor para mitigar los ataques del tigre en el extraño encuentro. Sin embargo, según la noticia del periódico, el tigre logró a final de cuentas derrotar a su oponente, con todo y melena.

La otra hipótesis general, propuesta por George Schaller —iniciador de los estudios sobre leones en el Serengeti—, postula que las melenas son muestra de las aptitudes de los leones machos como posibles parejas reproductivas. Al igual que otras especies animales en donde los machos poseen vistosos adornos, las leonas seleccionan para aparearse a los machos con cierto tipo de melenas que indicarían buena salud o aptitudes especiales para la reproducción.

Peyton West y Craig Packer, de la Universidad de Minnesota, llevaron a cabo un minucioso estudio para poner a prueba las dos hipótesis. La hipótesis darwiniana de la melena como un escudo fue rápidamente descartada, ya que las heridas en la zona cubierta por la melena no son ni más frecuentes ni más ni menos severas que las encontradas en otras partes del cuerpo de los leones machos. En cambio, los investigadores encontraron que las melenas más oscuras indican machos más sanos, con vidas reproductivas más largas y con probabilidades más altas de que sus crías sobrevivan. Las melenas más largas son típicas de los machos con mejores habilidades en las peleas contra otros machos.

De acuerdo con los datos de West y Packer, tanto el color como el largo de la melena son características que pueden ser reconocidas por las hembras (para elegir pareja reproductiva) y por otros machos (para decidir si pelear o no). En otras palabras, la hipótesis de Schaller podría explicar la existencia de las melenas en los leones.

Entonces, si las melenas tienen ventajas tangibles, regresamos a la pregunta original: ¿por qué los leones machos en Tsavo no tienen melena? West y Packer propusieron que, en contraposición con las ventajas sociales de poseer una profusa melena, los leones enfrentaban un posible costo: el sobrecalentamiento. Usando termógrafos infrarrojos, lograron demostrar que los leones del Serengeti con melenas más largas y más oscuras tenían temperaturas corporales más altas que otros machos y que las hembras.

Este efecto de aislamiento térmico de las melenas puede tener un costo insignificante en zonas relativamente templadas, pero puede convertirse en un serio problema en áreas de extremo calor o muy alta humedad. West y Packer viajaron entonces a Tsavo, un sitio de calor extremo, para poner a prueba esta idea. Encontraron que la mayoría de los machos tenían melenas muy poco desarrolladas o carecían de ellas por completo. Al usar el termógrafo constataron que la temperatura corporal de los machos no era diferente de la de las hembras, a pesar de la diferen­cia en tamaño. Concluyeron que la carencia de melenas en los leones de Tsavo podía explicarse porque el costo energético de poseer el ornamento en el opresivo clima de Tsavo sería mayor que el beneficio social, reproductivo y de supervivencia.

El ambiente inhóspito que Patterson describió como la interminable nyica, producto del agobiante calor de Tsavo, es probablemente la causa de la existencia de leones sin melena en esta región. A pesar de su inhospitalidad, la región de Tsavo atrae cada año miles de turistas dispuestos a soportar el inclemente clima con tal de observar la maravillosa fauna del lugar y conocer el hogar de los feroces, y desmelenados, leones come-hombres.

Referencias bibliográficas

Patterson, J. H. 1907. The man-eaters of Tsavo, and other East African Adventures. [http://www.gutenberg.org/etext/3810].

West, P. y C. Packer. 2002. Sexual selection, temperature, and the lion’s mane. Science 297:1339-1343.

Copyright del artículo © Héctor T. Arita. Reservados todos los derechos. Publicado previamente en la revista Ciencias de la UNAM. Editado sin ánimo de lucro, con licencia CC. Fuente: http://www.ejournal.unam.mx/ . Según se indica en la página de E-Journal "los artículos de pueden ser reproducidos con fines educativos no lucrativos, siempre y cuando no se mutile y se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma requiere permiso previo por escrito de los autores."

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sitio Web: hectorarita.com/

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