Las colecciones de historia natural, inventarios de la vida

Las colecciones de historia natural, inventarios de la vida Imagen superior: ejemplar transparentado y teñido de Hymenochirus boettgeri. / Alberto Sánchez

Las colecciones científicas conservan y ponen a disposición de la comunidad científica millones de especies animales y vegetales además de muestras minerales. Son el inventario de la diversidad biológica y geológica que conocemos y, además de albergar fondos que todavía tienen que ser estudiados y que podrían revolucionar nuestra concepción del mundo, una herramienta básica para la protección del entorno natural. Las colecciones científicas son una de las bases fundamentales sobre la que se asientan los conocimientos de historia natural que posee la humanidad.

Minerales, especímenes biológicos preservados y sus restos son custodiados y conservados en colecciones con objeto de mantenerlos disponibles a largo plazo. El Museo Nacional de Ciencias Naturales posee un importante fondo físico de colecciones repartidas en 17 temáticas formadas por las colecciones de anfibios y reptiles, mamíferos, aves, ictiología, entomología, malacología, invertebrados (excepto insectos y moluscos), artrópodos no insectos, paleoinvertebrados, paleovertebrados, paleobotánica, geología, prehistoria, bellas artes, instrumentos científicos y la colección más moderna representada por tejidos y ADN.

No solamente las colecciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales constan de material físico, también forma parte de éstas la fonoteca zoológica, que registra más de 55.300 sonidos animales.

Todo ello representa una fuente para el desarrollo de las ciencias de la vida y geológicas. Los especialistas que se encargan de la prioritaria labor de identificar, describir y clasificar organismos (y sus restos), se conocen como taxónomos. Así, todas las especies descritas y que dan esencia principal al concepto de biodiversidad, han sido descritas por taxónomos.

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Imagen superior: caja de preparaciones microscópicas de animales invertebrados (esponjas y otros) con material histórico procedente de la época de Ignacio Bolívar / Servicio de fotografía del MNCN.

Ligado a este trabajo de descripción de nuevas especies, se encuentra la designación de especímenes tipo, que son aquellos individuos en los que se basa el taxónomo para describirlas, y que son depositados en colecciones accesibles a la comunidad científica. De esta forma, las colecciones de historia natural preservan este valioso material, reflejando la diversidad de las especies que conocemos actualmente.

Asimismo y de primera mano, el taxónomo ofrece los primeros datos acerca de la distribución y biología de la especie, dando las pautas para su conservación. En consecuencia, las colecciones de historia natural albergan información sobre la distribución de los organismos y su conservación.

Cada espécimen de una colección porta una etiqueta que alberga la información referente al ejemplar, como la fecha de captura, el lugar de colecta o el nombre del colector, entre otros muchos datos más. Este etiquetado tiene una notable importancia y sin ello las colecciones carecerían de sentido científico. No es raro que al revisar el material de colecciones (el ejemplar con la etiqueta asociada) surjan nuevos registros de especies para localidades o países donde no se conocían.

A modo de ejemplo, se ha citado por primera vez la presencia de la rana Ptychadena schillukorum en Mauritania después de revisar el material de anfibios depositado en las colecciones provenientes de ese país africano.

Saber las localidades de origen de los especímenes colectados también nos ayudan a conocer su estatus de conservación y su distribución histórica, con las cuales poder documentar posibles extinciones en regiones donde fueron colectadas en el pasado.

Mylabris uhagonii, el mascaflor ibérico, es una especie llamativa de coleóptero bien representada en las colecciones biológicas pero hace más de 60 años que no se ha vuelto a encontrar en la naturaleza.

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Imagen superior: uno de los armarios donde se conserva la colección de malacología del MNCN. / Servicio de Fotografía del MNCN.

Por increíble que parezca hay un elevado número de especímenes ingresados en colecciones científicas que se encuentran a la espera de ser descritos y recibir un nombre científico, pues pertenecen a especies desconocidas para la ciencia.

Esto hace que las colecciones sean una fuente casi inagotable de nuevos hallazgos científicos, incluso cuando las especies que se describen ya se hayan extinguido en la naturaleza. Estos archivos históricos de la vida del planeta no carecen de dinamismo, están implicados en la generación de conocimiento científico de forma continua y creciente.

Cada vez son más diversos los campos de investigación que dan uso a las colecciones científicas, por ejemplo aquellos implicados en estudios sobre taxonomía, sistemática, evolución biológica, ecología, conservación, genética, biodiversidad, etc; por lo que cada espécimen puede ser reinterpretado por cada investigador que lo examine. Es el caso de la colección de muestras fósiles de Burgess Shale, un yacimiento cuyos diversos y abundantes organismos fosilizados del período Cámbrico se rescataron por primera vez en 1909 en las montañas rocosas canadienses de la Columbia Británica.

Allí se encontraron organismos que presentaban una amplia gama de planes anatómicos surgidos en un lapso minúsculo de tiempo (pocos millones de años). Almacenados en las colecciones durante décadas nadie se esperaba su potencial oculto, hasta que fueron estudiados, revisados y reinterpretados a partir de la década de los 60 por Harry B. Whittington, Conway Morris y Derek Briggs que demostraron al mundo que la historia de la vida difería de las ideas preconcebidas acerca de la evolución.

Esto sugiere que todavía otros hallazgos posiblemente de gran calibre siguen a la espera de ser descubiertos en cualquier colección de historia natural y que pueden perderse con el deterioro de éstas y la falta de taxónomos.

Actualmente, vivimos inmersos en una crisis de biodiversidad con unas políticas que dificultan el estudio de las especies y favorecen su extinción, y donde la creciente falta de taxónomos, afecta al progreso científico. En conclusión, muy lejos de la visión estática que se pueda tener de las colecciones de historia natural, los continuos hallazgos que se dan en ellas pueden llegar a revolucionar incluso la concepción de la evolución y de la vida misma. Las colecciones de historia natural, cobran especial relevancia para estudiar la biodiversidad del planeta y los problemas a los que nos enfrentamos

Copyright del artículo © Alberto Sánchez. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en The Cult con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Alberto Sánchez Vialas

Biólogo, con especialidad en zoología por la UCM y herpetólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC. Los artículos de Alberto Sánchez se publican en The Cult con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Sitio Web: www.mncn.csic.es/

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