La rata de Américo Vespucio

La rata de Américo Vespucio Islas de Fernando de Noronha (Roberto Garrido, CC)

Una de las figuras más controvertidas en la historia de la exploración del mundo es sin duda la de Américo Vespucio, navegante florentino que trabajó al servicio de las cortes portuguesa y española durante los años del descubrimiento de las tierras del Nuevo Mundo.

En 1507, el geógrafo y cartógrafo alemán Martin Waldseemüller publicó un mapa en el que las nuevas tierras localizadas al oeste del Océano Atlántico eran llamadas “América”, haciendo honor a Vespucio, quien supuestamente había sido la primera persona en percatarse de la existencia de un nuevo continente.

La figura de Vespucio se ha visto desde entonces rodeada de dudas sobre la verosimilitud de los relatos que han exaltado su contribución al conocimiento de la geografía del continente que lleva su nombre. Los escritos atribuidos a Vespucio que sobreviven hasta nuestros días no hacen sino alimentar la controversia, ya que están plagados de contradicciones, descripciones confusas y fechas inverosímiles. En años recientes se ha sugerido que extensas secciones de esos escritos corresponden en realidad al trabajo de editores que añadieron material, en muchos casos ficticio, a los escritos originales de Vespucio.

Uno de esos controvertidos relatos corresponde con el llamado cuarto viaje de Vespucio, descrito en la Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quattro suoi viaggi o “Carta de Américo Vespucio sobre las nuevas islas descubiertas durante sus cuatro viajes”.

El viaje, si es que realmente tuvo lugar, fue encomendado por Manuel I de Portugal y comandado por el capitán Gonzalo Coelho. Después de partir de Lisboa el 10 de mayo de 1503, la expedición pasó por Cabo Verde y por Sierra Leona en la costa Africana, para de ahí enfilar hacia las tierras recién descubiertas por Pedro Alvares Cabral en lo que hoy es Brasil. El 10 de agosto, día de San Lorenzo, estando a tres grados de latitud sur, los viajeros se encontraron con “una isla en la mitad del mar, muy alta y bella en su configuración”, según se narra en la Lettera, que continúa:

Encontramos que la isla estaba desierta, con abundancia de agua dulce, numerosos árboles y llena de aves terrestres y marinas en incontable cantidad. Eran tan mansas que las podíamos tomar con las manos. Cogimos tantas que pudimos llenar una de las lanchas con estos animales. No vimos otra cosa que ratas de gran tamaño, lagartijas con dos colas y algunas serpientes.

La isla a la que se hace alusión es sin duda la mayor del archipiélago de Fernando de Noronha, localizado a unos 350 km de la costa brasileña y a poco menos de cuatro grados de latitud sur. El archipiélago y la isla más grande llevan el nombre de Fernão de Loronha, comerciante de la época que probablemente haya sido el patrocinador de la expedición. Loronha era el principal impulsor de la explotación del palo brasil (Caesalpinia echinata), un árbol del que se extraía una valiosa tintura roja y que dio posteriormente nombre al país.

Existen serias dudas sobre la veracidad del relato en la Lettera. Para empezar, en el mapa de Cantino de 1502 ya aparece la isla de Fernando de Noronha con el nombre Sāo Joāo da Quaresma. Resulta inverosímil que Vespucio, avezado navegante, no hubiera conocido el dato cuando supuestamente arribó a la isla en 1503 o posteriormente cuando escribió la Lettera. Otro argumento que se esgrimió por mucho tiempo es que los exploradores de los siglos posteriores a Vespucio nunca encontraron señales de las ratas de gran tamaño (topi molti grandi) que menciona la Lettera.

Trachylepis atlantica. Foto: Jim Skea, CC.

A finales del siglo XIX, cuando la isla funcionaba como prisión, los naturalistas John Branner y H. N. Ridley visitaron el archipiélago. Además de las aves, los únicos vertebrados nativos de la isla que se conocían eran una lagartija escíncida (Trachylepis atlantica) y una anfisbena (Amphisbaena ridleyi), que podrían corresponder con las lagartijas y las serpientes mencionadas en la Lettera. Las lagartijas de dos colas probablemente eran individuos que estaban en proceso de regenerar la cola luego de un percance y las anfisbenas tienen un aspecto que semeja a las serpientes, aunque no pertenecen a ese grupo de animales. Branner y Ridley encontraron las islas infestadas de ratas y ratones, pero claramente estas eran ratas comunes (género Rattus) y ratones domésticos (Mus musculus) que habían llegado junto con los primeros colonizadores. Los dos naturalistas mostraron su asombro ante la cantidad de roedores.

“Es simplemente imposible visualizar, sin haberlo observado y experimentado, cómo los ratones pueden existir en tales cantidades”, escribió Branner al describir la plaga de roedores en la isla Rapta. Las ratas de gran tamaño de Vespucio, en cambio, parecían haberse desvanecido sin dejar rastro.

En 1973, Storrs Olson, ornitólogo de la Institución Smithsoniana en Washington, encontró restos óseos de un roedor en la parte noreste de la isla de Fernando Noronha. Años más tarde, en 1999, Michael Carleton y Olson describieron formalmente los huesos como pertenecientes a una nueva especie de rata, a la que llamaron Noronhomys vespuccii (la rata de Noronha de Vespucio). Carleton y Olson ubicaron la nueva especie dentro de un grupo de roedores de Sudamérica que se caracterizan por su gran tamaño; se estima que Noronhomys tenía un peso de unos 250 gramos, siendo entonces bastante más robustas que las ratas comunes, que normalmente pesan unos 150 gramos. Aunque Noronhomys ya no se encuentra en la isla, es muy probable que en el momento de la llegada de los europeos existiera todavía una población numerosa que se habría extinguido posteriormente por la introducción de ratas comunes y animales domésticos. Es muy probable que las “ratas de gran tamaño” que observó Vespucio hayan sido, en efecto, de la especie que ahora lleva su nombre.

El re-descubrimiento de las ratas nativas de Fernando de Noronha aporta elementos tanto para el estudio histórico como natural de las islas. Por un lado, muestra que la persona que escribió la Lettera –haya sido éste el propio Vespucio o no– seguramente visitó la isla u obtuvo la información de un testigo de primera mano. Por el lado de las ciencias naturales, el archipiélago de Fernando Noronha sigue siendo una fuente de enigmas. Aunque los parientes más cercanos de las ratas nativas son roedores sudamericanos, los ancestros de las lagartijas parecen tener un origen africano, según estudios recientes. Tanto Vespucio como la isla que supuestamente visitó en 1503 permanecen envueltos en cierto aire de misterio y controversia.

Referencias

Branner JC. 1888. Notes on the fauna of the islands of Fernando de Noronha. The American Naturalist 22:861-871.

Carleton, MD y SL Olson. 1999. Amerigo Vespucci and the rat of Fernando de Noronha: A new genus and species of Rodentia (Muridae: Sigmodontinae) from a volcanic island off Brazil’s continental shelf. American Museum Novitates 3256:1-59.

Ridley HN. 1890. Notes on the zoology of Fernando Noronha. Journal of the Linnean Society of London, Zoology 20:473-570.

Copyright del artículo © Héctor Arita. Publicado previamente en Mitología Natural con licencia CC. Reproducido íntegramente sin ánimo de lucro. Reservados todos los derechos.

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

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