La historia de Phineas Gage y la barreta que le atravesó la cabeza

El daguerrotipo de la izquierda muestra la imagen de un hombre de mediados del siglo XIX. Acicalado y bien vestido, el personaje exhala un aire de fortaleza y decisión, impresión que se corrobora al examinar las manos, claramente las de una persona acostumbrada al trabajo duro. La expresión seria y hasta retadora, típica de una época en la que la técnica fotográfica obligaba a los modelos a permanecer inmóviles varios minutos, se refuerza por la falta del ojo izquierdo, ¿tal vez la huella de una herida en el trabajo?

Lo más notable en la imagen, sin embargo, es la barra que el personaje sujeta con lo que parece una combinación de entrañable aprecio y furioso odio. Se trata sin duda de un instrumento de trabajo pesado por el que el hombre tiene sentimientos intensos. Pero, ¿Qué es el misterioso objeto?

Cuando Jack y Beverly Wilgus adquirieron el daguerrotipo, supusieron que el personaje era un ballenero y que lo que sujetaba con sus manos era un arpón de los usados en el siglo XIX durante las cacerías de ballenas. Incluso imaginaron que el hombre podría haber perdido el ojo en una de esas cacerías. Después de subir la imagen a internet, sin embargo, los Wilgus comenzaron a recibir mensajes en los que los expertos explicaban porqué la barra en la imagen no podía ser un arpón. Finalmente, algún internauta sugirió: ¿Será posible que la imagen sea un retrato de Phineas Gage?

La saga de Phineas Gage comenzó el 13 de septiembre de 1848. Parecía un día común para el joven capataz de 25 años que trabajaba en la construcción de la vía de ferrocarril en la vecindad de Cavendish, estado de Vermont, en los Estados Unidos. Esa tarde, tal como lo había hecho decenas de veces, Gage colocó una carga explosiva en un hueco perforado en la roca y comenzó a compactarla usando una barra de hierro que siempre cargaba. Esta vez algo no salió bien; tal vez el joven olvidó colocar una capa de arena encima de la pólvora, o la barreta produjo una chispa al chocar con la roca. El caso es que la mezcla hizo explosión, propulsando la varilla hacia la cabeza del joven.

Los compañeros de Gage que se acercaron al escuchar el estallido quedaron estupefactos. La barra metálica, de poco más de un metro de largo y unos tres centímetros de diámetro, había atravesado el cráneo del infortunado capataz y había volado 25 metros más allá del sitio de la explosión, “manchada de sangre y sesos”, según un relato de la época. Pero lo más sorprendente fue que Gage, con un grotesco agujero en su cabeza, recuperó el conocimiento a los pocos minutos, pudo hablar y hasta caminar hasta el carruaje que lo transportó hasta la posada donde se alojaba. Ahí, los médicos pudieron controlar la hemorragia, al tiempo que Gage platicaba con ellos y relataba su extraordinaria experiencia.

La recuperación posterior del joven Gage fue aún más asombrosa. La compañía ferroviaria se negó a contratar de nuevo a Gage, quien pasó un tiempo con su familia y después algunos meses en Chile. Finalmente murió en 1861, después de sufrir una serie de ataques con convulsiones. Su cráneo y la barreta del accidente fueron donados al Museo Warren de Anatomía, en la Universidad de Harvard, lo que ha permitido, entre otras cosas, corroborar que efectivamente la persona retratada en el daguerrotipo de los Wilgus es ni más ni menos Phineas Gage. Resulta que la barreta tiene una inscripción que comienza diciendo “Esta es la barreta que fue disparada a través de la cabeza de Mr Phinehas [sic] P. Gage …” Un análisis detallado mostró que esta inscripción puede verse en la imagen de la barreta en el daguerrotipo de los Wilgus.

El caso Gage fue seguido de cerca por el médico John Harlow, quien describió con detalle la naturaleza del daño causado por la barreta (como puede verse en la ilustración de la izquierda) y las secuelas de las heridas. Uno de los aspectos más discutidos de los reportes de Harlow es el aparente cambio en su personalidad de Gage después del accidente. El joven gozaba de una fama de persona responsable y recatada, y según Harlow en los años posteriores al incidente de Cavendish su conducta era irascible, desenfadada, descortés y hasta obscena. El caso se ha usado como ejemplo de libro de texto de como una lesión en el lóbulo frontal puede ocasionar dramáticos cambios en la personalidad y conducta de una persona.

En 1994, un estudio publicado en Science por H. Damasio y colaboradores postuló que la barreta debía haber dañado no sólo el lóbulo frontal izquierdo de Gage, sino también la conexión de este lóbulo con el hemisferio derecho del cerebro. Este tipo de lesiones, según el estudio de Damasio et al., normalmente produce pérdida de la capacidad cognitiva y del manejo de las emociones, todo esto consistente con la descripción de Harlow sobre el comportamiento de Gage después del incidente.

Más recientemente, en 2004, Ratiu y Talos realizaron una reconstrucción digital del cráneo de Gage y mostraron que probablemente la barreta no lesionó parte alguna del hemisferio derecho del cerebro. Este modelo digital, aunado a la imagen que nos presenta el daguerrotipo de la colección Wilgus, parece restar fuerza a la imagen común de un Gage irresponsable y fuera de control en sus últimos años. El daguerrotipo Wilgus, y uno más reciente hallado en los archivos de la familia Gage, muestran en cambio una persona esmerada y con evidente fortaleza.

¿Qué tanto cambió la personalidad de Gage después de su accidente? ¿Qué efecto pudieron haber tenido las lesiones cerebrales en esos cambios? Seguramente los científicos seguirán debatiendo estos temas por años. Lo que sin duda no cambiara es nuestro nivel de asombro ante el hecho de que una persona pueda no sólo sobrevivir, sino llevar una vida más o menos normal por más de once años después de que su cabeza haya sido perforada por una barreta de construcción.

Figuras

(1) Daguerrotipo de Phineas Gage de la colección Wilgus. (copyright: “From the collection of Jack and Beverly Wilgus”). Esta es una imagen invertida lateralmente del daguerrotipo original, que muestra el daño en el ojo izquierdo. Los daguerrotipos formaban imágenes especulares (con las partes izquierda y derecha invertidas).

(2) Esquema publicado por John Harlow en uno de sus reportes sobre el caso Phineas Gage, mostrando la reconstrucción del médico de la trayectoria de la barreta al atravesar el cráneo de Gage.

Referencias

Damasio H. et al. 1994. The return of Phineas Gage: clues about the brain from the skull of a famous patient. Science 264:1102-1105.

Ratiu, P. & I.-F. Talos. 2004. New England Journal of Medicine 351:e21. Muestra la reconstrucción digital del cráneo de Gages y de la zona donde debe haber penetrado la barreta.

Copyright del artículo © Héctor Arita. Publicado previamente en Mitología Natural con licencia CC. Reproducido íntegramente sin ánimo de lucro. Reservados todos los derechos.

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sitio Web: hectorarita.com/
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