La biodiversidad puede prosperar en un planeta urbano

La biodiversidad puede prosperar en un planeta urbano Imagen superior: una pareja de flamencos enanos (Phoeniconaias minor) en una concurrida zona del puerto de Mumbai. Autor: Madhusudan Katti

Mencionemos la palabra biodiversidad a un urbanita y probablemente, en lugar de un aparcamiento vacío a la vuelta de la esquina, aparezcan en su mente imágenes de una remota belleza natural. La vida silvestre, pensamos, debería encontrarse en lugares salvajes, o confinada en santuarios y parques nacionales. Sin embargo, la investigación muestra que, de hecho, las ciudades logran sostener la biodiversidad, lo cual puede tener importantes implicaciones en los esfuerzos de conservación.

En un planeta muy poblado, la protección de las especies en su hábitat natural está resultando cada vez más difícil. Los seres humanos continúan expandiendo sus redes de ciudades, pueblos y granjas a lo largo de todo el globo. Para el año 2030, se espera que las ciudades ocupen el triple del espacio que dominan en 2010. Los hábitats naturales que aún nos quedan son, a menudo, un fragmento atrapado en esa trama global de urbes interconectadas a través de redes de transporte. Con un número creciente de especies en proceso de extinción, resulta necesario considerar el potencial de los entornos urbanos como refugio para los supervivientes.

En 2010, el Convenio sobre la Diversidad Biológica encargó una nueva evaluación global del estado de la biodiversidad en las áreas urbanas. Sus hallazgos, publicados en el libro Cities and Biodiversity Outlook, no fueron del todo sombríos. Resulta que las ciudades propician la biodiversidad y ofrecen la oportunidad de una serie de enfoques innovadores en el terreno de la conservación.

Obviamente, los hábitats urbanos difieren en muchos aspectos de los rurales. El número de especies que pueblan cualquier ciudad depende de en que medida ésta es compatible con los hábitats de las especies nativas y depende asimismo de la introducción de especies no autóctonas. Un reciente estudio global de la diversidad de las plantas y aves urbanas mostró que las ciudades han perdido, como promedio, un tercio de las especies nativas que se encuentran en las regiones próximas.

Si bien este nivel es preocupante, vale la pena señalar que dos tercios de las especies de plantas y aves autóctonas siguen existiendo en metrópolis que nunca fueron diseñadas con la protección de la biodiversidad en mente. De hecho, al menos, el 20% de las especies de aves conocidas ahora habitan en las zonas urbanas. Lo mismo sucede con, al menos, el 5% de las especies vegetales conocidas. Un diseño más juicioso de los entornos verdes sólo puede contribuir a que se mantenga una diversidad aún mayor de especies nativas.

Si bien la urbanización del territorio desplaza a muchas especies, también sabemos que otras se han adaptado no sólo para sobrevivir, sino para prosperar en las ciudades. Los gorriones comunes, las palomas bravías, los estorninos, las ratas comunes y los gatos asilvestrados son sólo algunos ejemplos de especies omnipresentes en muchas urbes de todo el mundo.

De forma aún más sorprendentemente, un gran número de especies singulares se está adaptando a esos entornos suburbanos que se han apoderado de su hábitat natural. Tal es el caso del zorro de San Joaquín, del centro de California.

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Los zorros de San Joaquín (Vulpes macrotis mutica) encuentran más fácil la supervivencia en los suburbios que en su hábitat natural. Autor: B. Peterson - U.S. Fish & Wildlife Service

Para muchas especies autóctonas, los hábitats urbanos puede ser, en realidad, muy atractivos como refugios. Proporcionan un acceso más fácil y predecible al agua y a los recursos alimentarios, brindan unas temperaturas más cálidas en el invierno, y a menudo, hay en ellos menos depredadores. La constante reproducción puede guiar la evolución a largo plazo de las especies urbanas en la medida en que éstas se adaptan a su nuevo entorno.

Especies como el gorrión común han evolucionado para ser tan dependientes de la población humana que su número ha disminuido rápidamente en las últimas décadas, a raíz de cambios en el paisaje urbano.

Las noches más cálidas y la alimentación por parte de los humanos han llegado a modificar las rutas de migración y la localización geográfica de algunas especies migratorias. Por ejemplo, una población de curruca capirotada ahora pasa el invierno en los suburbios del sur de Inglaterra, en lugar de hacerlo en África.

La contaminación acústica es otro factor que influye en la ecología urbana y que afecta a los numerosos animales que se comunican mediante sonidos, como las aves, las ranas y algunos insectos. Las aves que se han adaptado al paisaje sonoro urbano muestran dialectos distintos, con cantos que son más simples, más fuertes o más agudos, para destacar a través del ruido de fondo.

Los gorriones de corona blanca residentes en San Francisco han modificado el tono a lo largo de los últimos treinta años, a medida que la ciudad se ha vuelto más ruidosa, perdiendo algunas notas distintivas de su trino. Esto puede tener consecuencias evolutivas, porque la formación de dialectos es, a menudo, el primer paso hacia la especiación. Otros estudios han encontrado diferencias genéticas entre las poblaciones urbanas y no urbanas de algunas especies, lo que indica cambios evolutivos bastante rápidos.

Nuevas comunidades silvestres se están uniendo en las urbes, a menudo con la manipulación accidental y la gestión activa de los seres humanos. Estas comunidades pueden desempeñar un papel importante, tanto en los ecosistemas urbanos como en los hábitats circundantes. Los jardines, por ejemplo, pueden albergar importantes reservas de abejas y de otros polinizadores, que podrían ser útiles para muchas plantas, y a los que les resulta difícil sobrevivir bajo los efectos de la moderna agricultura intensiva.

Por consiguiente, el panorama general no es sombrío. Las ciudades pueden proporcionar nuevos hábitats y nichos que pueden ser muy diferentes de los de los ecosistemas naturales, pero que, no obstante, pueden amparar a toda una variedad de especies. En este sentido, las especies que se desarrollan bajo esas condiciones de la ciudad también pueden representar lo que depara el futuro para gran parte de la biodiversidad de la Tierra.

Este artículo fue publicado originalmente por The Conversation. Lea aquí el artículo original.

The Conversation

Madhusudan Katti

Madhusudan Katti es profesor asociado de Ecología de vertebrados en la Universidad Estatal de California, en Fresno. Estudia la biodiversidad urbana y ha recibido fondos de la Fundación Nacional para la Ciencia y del Centro Nacional para la Síntesis y el Análisis Ecológico (NCEAS). Ha participado en diversos capítulos del estudio científico Cities and Biodiversity Outlook (CBO) y es el autor principal de CBO: Action and Policy.

Los artículos de Madhusudan Katti se publican en The Cult por cortesía de The Conversation.

Sitio Web: coyot.es/reconciliationecology/
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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC