Historias de cromosomas X y Y: El imperio genético de Gengis Kan

Historias de cromosomas X y Y: El imperio genético de Gengis Kan Imagen de la exposición dedicada a Genghis Khan en The Field Museum, Chicago.

La vida de Temujin, mejor conocido con el nombre de Gengis Kan (pronunciado Jan), pareció terminar a los nueve años. Tras la muerte de su padre en 1171, los enemigos de su familia expulsaron al joven Temujin, quien se vio obligado a vivir en la miseria durante muchos años.

Después de un tiempo, sin embargo, el futuro Gengis Kan logró reunir un ejército con el que comenzó a sojuzgar a diferentes tribus de Mongolia e incorporarlas a su propio imperio. Su estrategia era simple, sanguinaria y eficiente: después de conquistar un pueblo, nunca dejaba enemigos vivos que pudieran vengarse.

En el momento de su muerte, en 1227, el imperio de Gengis Kan se extendía en buena parte del Asia central, desde el mar Caspio hasta el océano Pacífico y desde el sur de Rusia hasta la China central y Afganistán. Sus descendientes expandieron aún más el imperio, hasta alcanzar a finales del siglo XIII la Europa oriental, partes de la península Arábiga, el sur de China y Corea.

Además de uno de los imperios más extensos de la historia, Gengis Kan dejó otro legado, que aún hoy en día puede detectarse en las poblaciones humanas de las regiones que otrora formaron parte de su territorio. En 2003, un grupo de investigación liderado por Tatiana Zerjal, de la Universidad de Oxford, encontró un haplotipo (una combinación particular y distinguible de alelos) curiosamente común en los cromosomas Y de personas del centro de Asia. En esta zona, aproximadamente el 8% de los hombres poseen cromosomas Y con el haplotipo identificado por Zerjal y sus colegas, lo que significa que alrededor de 16 millones de personas (cerca del 0.2% de la población mundial) tienen este tipo de cromosoma Y.

En el mecanismo de determinación del sexo en los mamíferos, los machos poseen un cromosoma X y un cromosoma Y, mientras que las hembras tienen dos copias del cromosoma X. Esto implica que el cromosoma Y que posee un macho es una copia del de su padre y que aparecerá replicado en toda la descendencia por vía paterna. Se puede deducir entonces que los 16 millones de personas en el Asia central que presentan el haplotipo encontrado por Zerjal y colaboradores tienen un ancestro común por vía paterna. Según la estimación de los autores del estudio, ese hipotético ancestro común debe haber vivido hace unos 1,000 años en la región de lo que hoy en día es Mongolia. Como hay una coincidencia casi perfecta entre la zona en la que el haplotipo existe y la extensión del Imperio Mongol del siglo XIII, parece claro que el haplotipo se extendió junto con la expansión del imperio, muy probablemente a través de la descendencia del propio Gengis Kan y otros miembros de su clan con el mismo tipo de cromosoma Y.

El mecanismo que permitió la proliferación del haplotipo descubierto por Zerjal y colegas también parece claro. Gengis Kan y sus descendientes directos no sólo acostumbraban tomar como suyas a las mujeres de los pueblos conquistados, sino que tenían por norma eliminar a todos los hombres y niños. De esta manera, a medida que el Imperio Mongol se extendía, el cromosoma Y característico de Gengis Kan se hacía cada vez más común en las zonas conquistadas. Aún hoy en día, más de 700 años después, el “imperio genético” del otrora miserable Temujin es claramente detectable en el genoma de 16 millones de personas.

Referencia

Zerjal, T. et al. 2003. The genetic legacy of the Mongols. American Journal of Human Genetics 72:717-721.

Copyright del artículo © Héctor Arita. Publicado previamente en Mitología Natural con licencia CC. Reproducido íntegramente sin ánimo de lucro. Reservados todos los derechos.

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sitio Web: hectorarita.com/

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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