El latido ancestral del bosque europeo

Donde estamos ahora, ya sea París, Londres, o Berlín, solía estar cubierto de inmensos bosques que llegaban hasta donde alcanza la vista.

El sotobosque resonaba con los cascos de los bisontes, los uros, los caballos y ciervos, con sus bramidos y sus estampidas. Toda Europa vivía la edad de oro de los bosques, un periodo durante el cual los árboles podían morir de viejos, podían morir de pie. Esos árboles que, en el transcurso de miles de años, se transformaron en un suelo rico y fértil, esos bosques de otra época que hacen que nuestras cosechas sean tan abundantes hoy en día.

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Sin bosques no tendríamos tierra, ni agua potable y no habría vida. La humanidad creció con los bosques durante un periodo de 10.000 años. Nos alimentaron, nos calentaron y nos protegieron. Y lo que es todavía mejor, alimentaron nuestros sueños, nuestros cuentos de hadas y nuestras leyendas.

Son nuestro parque de recreo en la infancia y el último espacio libre en nuestro mundo urbanizado.

Los seres humanos necesitan árboles. Pero hoy, son los árboles los que nos necesitan a nosotros, los seres humanos.

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Vivimos una época caótica pero no por ello menos fascinante. La civilización rural ha desaparecido en una generación. La agricultura se ha convertido en una industria y el campo se ha vaciado casi completamente de sus gentes, sus flores, sus mariposas y sus golondrinas.

Nos felicitamos por la continua expansión de los bosques, tanto franceses como europeos, que han duplicado su superficie desde Napoleón, y al mismo tiempo, estamos destruyendo nuestros bosques tropicales y ecuatoriales.

Vemos el bosque como una de las mejores armas para luchar contra el calentamiento global, pero sabemos también que la mayoría de los árboles del planeta, si es que no se están talando, están sufriendo una embolia a medida que el clima es más caluroso y sobre todo más seco.

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Dentro de poco, estos gigantes frágiles ya no podrán ayudar a contrarrestar la crisis a la que se enfrenta nuestro clima.

Tenemos que aceptar que estas especies silvestres no se rigen por nuestras reglas y nuestros cálculos, y no responden a nuestras exigencias de rentabilidad ni a nuestros criterios estéticos.

La raza humana no sólo necesita lo que produce el bosque, también necesita la imprevisibilidad de la Naturaleza. Necesita sueños, aventuras y sorpresas. Nuestra sed de perfección es insaciable. Necesita un parque de aventuras que se corresponda con su inmensidad.

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Antes de cualquier negociación, la Confederación de Nativos Americanos Iroqueses elegía a uno de sus miembros para hablar en nombre del lobo, una figura emblemática de su civilización. ¿Quién habla hoy en día en nombre de los árboles y las mariposas, los sapos y los lobos, los elefantes y las ballenas, en nombre de todas esas criaturas, grandes y pequeñas?

El biólogo canadiense David Suzuki, un especialista en bosques, escribió: “Para entender a los árboles, debes entender el bosque”. Y terminaba pidiendo una nueva declaración universal, no una declaración de independencia como tantas otras, sino una declaración de interdependencia de todas las criaturas vivas.

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Sobre Las estaciones (2015)

Después de recorrer el mundo siguiendo a las aves migratorias, y surcar los mares con las ballenas y las mantarrayas, Jacques Perrin y Jacques Cluzaud regresaron con esta nueva película, Las estaciones.

El film nos lleva a un viaje a través del tiempo para redescubrir esos paisajes europeos que hemos compartido con animales salvajes desde la última Edad de Hielo. El invierno llevaba durando 80.000 años cuando, en un plazo de tiempo muy corto, surgió un bosque inmenso que cubrió todo el continente.

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La nueva configuración planetaria trajo una transformación; se estableció el ciclo de las estaciones, el paisaje sufrió una metamorfosis, y la flora y la fauna evolucionaron a medida que la historia empezaba...

Esta aparentemente interminable Edad de Hielo dio paso a exuberantes bosques verdes y el Homo sapiens, que acababa de surgir, le dio la forma del campo que conocemos ahora.

Las estaciones es un cuento excepcional que invita a la reflexión y que relata la larga y tumultuosa historia que une de forma indisoluble a la humanidad con el reino animal.

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Copyright de texto e imágenes de "Las estaciones" ("Les saisons", 2015), de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud © France 2 Cinéma, Galatée Films, Pandora Filmproduktion, Pathé, Wanda Natura. Reservados todos los derechos.

Jacques Perrin

Jacques Perrin ha actuado en más de 80 películas, en Italia con directores como Valerio Zurlini, Mauro Bolognini, y Vittorio De Sica; y en Francia con autores como Costa-Gavras, Jacques Demy, y Pierre Schoendoerffer.

En 1968, a los 27 años, produjo la película Z de Costa-Gavras, que ganó dos Oscar. A esta le siguieron otras dos cintas del mismo director, Estado de sitio y Sección especial. Jacques Perrin también produjo en 1976 La victoria en chantant (Negros y blancos en color), de Jean-Jacques Annaud, que también ganó un Oscar.

Su compañía ha producido unas 30 películas. En 1989, descubrió el mundo natural cuando produjo Le Peuple singe (1989) con el director Gérard Vienne. Después produjo varias películas sobre naturaleza y reino animal incluyendo Microcosmos, de Claude Nuridsany y Marie Pérenou en 1996, y Nómadas del viento en colaboración con Jacques Cluzaud y Michel Debats al año siguiente.

En 1999, produjo Himalaya, de Éric Valli, y después produjo dos películas de Christophe Barratier, Los chicos del coro y París, París 36. En 2003, empezó a producir y codirigir Océanos, cuyo rodaje duró cinco años, y que recibió un premio César al Mejor Documental. En 2010, codirigió L’empire du milieu du sud junto con Eric Deroo, y en 2015 regresó al documental con Las estaciones.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC