El grisón del gobernador

El grisón del gobernador Imagen superior: Tony Hisgett, CC

Edward W. Nelson suspiró profundamente y aprovechó la pausa para secarse el sudor que le perlaba la frente. El calor de aquella tarde hacía poca mella en Nelson, un aventurero acostumbrado a los rigores del clima tropical. Era más bien la emoción de encontrarse frente a una oportunidad única lo que le hacía sudar profusamente. Corría el año de 1901 y Nelson se encontraba en Mérida, frente a frente con el general Francisco Cantón Rosado, gobernador del estado de Yucatán.

Nelson no era ningún novato. Nacido en 1855, había pasado cinco años de su juventud en Alaska colectando aves y mamíferos para el Museo Nacional de Historia Natural de los Estados Unidos. Después de unos años de inactividad causados por la tuberculosis que contrajo en Alaska, Nelson y su joven ayudante Edward A. Goldman comenzaron lo que fue la mayor expedición de colecta jamás realizada en la historia de México. Por catorce años, de 1892 a 1906, estos dos exploradores recorrieron prácticamente todos los confines del México pre-revolucionario y juntaron la que aún hoy es la más monumental colección de aves y mamíferos mexicanos: más de treinta mil ejemplares.

Al comenzar el nuevo siglo, Nelson se encontraba en Yucatán negociando con el Gobernador. El general Cantón era, sin embargo, un hueso muy duro de roer. Después de haber enfrentado por la fuerza a su predecesor Carlos Peón, el general había llegado al poder tras unas elecciones marcadas por la violencia. El primer año del siglo XX, el general enfrentaba el añejo y difícil problema de los indígenas mayas del sureste del estado que se habían alzado contra el gobierno de Yucatán. En pocos meses, este conflicto habría de costarle al gobernador la pérdida de más de 50 000 km2 que Porfirio Díaz, en un intento de pacificación, segregaría para crear el nuevo territorio de Quintana Roo. Preocupado por estos asuntos, el general tenía poco interés en escuchar a aquel gringo que deseaba convertir a su mascota en ejemplar de museo.

El centro de la negociación era un animalillo que, desconociendo que su destino dependía de la conversación que sostenían en aquel momento el apasionado colector y el duro general, corría alegremente en el jardín de la residencia del gobernador. Para Cantón, aquel animal no era sino una mascota que le habían obsequiado unos campesinos del poblado de Tunkás, en el oriente del estado. Para Nelson, se trataba de un ejemplar que representaba el primer registro del género Galictis para América del Norte.

Sentados en el pórtico de la mansión del gobernador, cada uno se ocupaba de sus asuntos.

Mientras el general aspiraba con placer el humo de su enorme habano y se preguntaba cómo explicaría al presidente Díaz su incapacidad para aplacar a los rebeldes del sureste, Nelson sorbía con cuidado de su taza de té, se mesaba nerviosamente la barba y miraba de reojo al animalillo de cuerpo alargado y patas ridículamente cortas, que en ese momento se había detenido para observar con curiosidad al invitado del general. "Se trata sin duda de un grisón", pensó Nelson tratando de recordar las características propias de la especie.

La mascota del general medía unos 65 cm incluyendo la cola más bien corta y pesaba unos tres kilos (siendo una mascota, el animal estaba un poco pasado de peso). La coloración del animal era lo que convencía a Nelson de que se encontraba frente a un auténtico grisón. El animal tenía el dorso y los flancos del cuerpo de color gris, mientras que las patas, el cuello y la cara eran de un negro profundo. En la cabeza tenía una franja blanca que dividía claramente las partes negra y gris. La forma del cuerpo y la mirada astuta y curiosa convencían a Nelson de que se trataba de un mustélido, es decir un pariente de los hurones y las comadrejas.

Nelson sabía perfectamente la importancia científica de este animal. El grisón (Galictis vittata) se conocía solamente de América del Sur. La mascota del general, que parecía ser una nueva especie de grisón, extendía en más de tres mil kilómetros hacia el norte la distribución conocida del género Galictis. Pero Nelson era un experimentado colector y sabía que era preciso contar con evidencia física (piel o cráneo) de su descubrimiento. El dilema era cómo explicar al gobernador que era necesario, por el bien de la ciencia, sacrificar a su mascota, curtir su piel, extraer su cráneo y adjudicarle un número de catálogo en una colección?

El avezado naturalista se dio cuenta de que sería imposible convencer al general Cantón de sacrificar a su grisón. En cambio, llegó a un salomónico acuerdo. Nelson reportaría su descubrimiento con base en observaciones del animal vivo, pero Cantón donaría al Museo de Historia Natural el cuerpo del grisón cuando éste muriera. Un frío apretón de manos selló el trato y cada quien regresó a sus asuntos, la estrategia de pacificación del sureste del estado para el general, y la descripción de una nueva especie para el colector.

Nelson publicó en agosto de ese mismo año la descripción científica de la nueva especie Galictis canaster basado en sus observaciones del grisón del gobernador Cantón. En años posteriores, otros naturalistas encontraron el mismo animal en diferentes partes de México y de América Central, y en 1958 el mastozoólogo argentino Ángel Cabrera llegó a la conclusión de que la especie descrita por Nelson era sólo una subespecie —variante geográfica— del grisón de América del Sur. Así, el grisón de México se conoce científicamente como Galictis vittata canaster nelson, 1901. Este rimbombante apelativo significa simplemente que el grisón mexicano es de la especie G. vittata, subespecie canaster y que fue descrito por Edward Nelson en 1901.

Poco después de que Nelson publicó su trabajo, el general Cantón debió asimilar un trago muy amargo. El 21 de noviembre de 1901, el general recibía un comunicado en el que el presidente Díaz le informaba que un importante superficie del estado de Yucatán se convertiría en dominio federal con la creación del territorio de Quintana Roo. El anciano presidente se disculpaba por no haber contestado una carta anterior del gobernador: "Ahora lo hago incluyendo el plano en que bien marcada con diversa tinta está la línea divisora..." Díaz se refería a la línea que aparentemente él mismo personalmente había dibujado y que reducía considerablemente el territorio del estado de Yucatán.

Francisco Cantón Rosado entregó la gubernatura del estado el primero de febrero de 1902, cuando aún no había llegado la noticia a Mérida de que quince días antes se había firmado el decreto presidencial que creaba el territorio de Quintana Roo. A pesar de sus tribulaciones, el general Cantón no olvidó su promesa. Cuando su grisón murió, hizo llegar a Nelson el cráneo y la piel del animal. Estos restos del grisón del gobernador están depositados en la sección de ejemplares tipo del Museo de Historia Natural de los Estados Unidos. En el catálogo de la sección de mamíferos del museo se puede leer: USNM 159562, Galictis canaster nelson, 1901, localidad tipo: cerca de Tunkás, Yucatán (USNM son las siglas en inglés del museo).

Tal vez algunos lectores piensen que el destino final del grisón del general es más bien triste. Sin embargo, tanto los taxónomos como los biólogos interesados en la conservación saben que las colecciones científicas y los ejemplares que en ellas se depositan pueden proporcionar información valiosísima. Particularmente importantes son los ejemplares tipo, que son los especímenes en los que se basa la descripción de una nueva especie o subespecie. Por ejemplo, el espécimen USNM 159562 (o sea, el grisón del general), constituye el ejemplar tipo de Galictis canaster, el taxón que Nelson creyó especie nueva y que ahora se considera como una subespecie de G. Vittata.

Gracias a las detalladas descripciones de Nelson y a la existencia del ejemplar tipo sería posible hoy en día realizar un estudio taxonómico que examinara de nuevo la cuestión de que si canaster es una especie válida o sólo una subespecie. Si el general Cantón no hubiera cumplido con su promesa y no existiera el ejemplar tipo, seguramente canaster se convertiría en un nomen nudum o nombre no disponible, sin validez taxonómica alguna.

Asimismo, gracias al trabajo de Nelson sabemos que a principios de siglo los grisones eran relativamente abundantes en las cercanías de Tunkás. Prácticamente todo el oriente del estado de Yucatán ha perdido su vegetación natural y la tierra es utilizada para diversas actividades, entre las que destaca la ganadería. Siendo el grisón un animal muy dependiente del bosque natural, es altamente probable que ya se haya extinguido en la región. De hecho, para el estado de Yucatán existían hasta hace muy poco solamente seis registros de grisón: el de Nelson, cuatro del naturalista de principios de siglo George F. Gaumer y el de R. T. Hatt, quien en 1938 reportó haber visto un grisón a la venta en el mercado de Mérida, animal que aparentemente había sido capturado en Chichén Itzá. La información sobre la localidad tipo (el sitio de donde proviene el ejemplar tipo) permite en años posteriores documentar los cambios en el ambiente producidos por la actividad humana.

Existen otros ejemplos tanto o más dramáticos de cambios radicales en localidades tipo de animales mexicanos. Por en ejemplo, en 1917 Goldman, el compañero de aventuras de Nelson, describió una nueva subespecie del falso vampiro, llamándola Vampyrum spectrum nelsoni en honor de su amigo. El falso vampiro es el murciélago más grande del Nuevo Mundo. Tiene una envergadura de entre 70 cm y un metro y pesa entre 150 y 200 gramos, un verdadero goliat de los quirópteros. Se trata de una especie carnívora que se alimenta principalmente de aves y ratones y que por su enorme tamaño fue considerado por los primeros naturalistas como un auténtico vampiro, suposición que le dio su nombre científico pero que es completamente errónea. El falso vampiro es una especie muy rara y fuertemente ligada a la selva conservada. En los lugares en los que se ha perdido la vegetación natural el falso vampiro es de las primeras especies en desaparecer.

El ejemplar tipo que utilizó Goldman para realizar su trabajo taxonómico fue colectado en Coatzacoalcos, Veracruz. Bueno, para ser más preciso, fue colectado de hecho fuera del territorio mexicano. Lo que sucedió es que una noche uno de estos gigantescos murciélagos entró volando al edificio del consulado de los Estados Unidos en Coatzacoalcos. Por una increíble coincidencia, esa noche se hallaba alojado en el consulado un personaje que ya conocemos: el mismísimo Edward Nelson. Antes del amanecer, el despistado quiróptero había sido ya convertido en ejemplar de museo.

Estrictamente hablando, la localidad tipo de V. s. nelsoni estaba localizada en territorio de los Estados Unidos. En todo caso, tecnicismos aparte, la ubicación de la localidad tipo y los hábitos del animal nos pueden dar muchas pistas sobre los cambios ambientales en nuestro país. La zona de Coatzacoalcos ha cambiado completamente desde el episodio del falso vampiro en el consulado. Las actividades petrolera y ganadera han deteriorado a tal grado el ambiente que resulta imposible imaginarse que en el lugar existiera una población de falso vampiro, o de cualquier otra especie asociada a la selva. Tal vez el sitio donde el ejemplar colectado por Nelson se refugiaba sea el mismo en donde hoy se levanta Pajaritos, el impresionante complejo petroquímico que es símbolo de la prosperidad que el petróleo ha traído a la zona.

En cuanto al nombre propuesto por Goldman, revisiones posteriores mostraron que el falso vampiro presenta tan poca variación geográfica, que no se justifica el uso de subespecies. Así, el nombre Nelsoni se considera como un sinónimo y el falso vampiro de México se conoce simplemente como Vampyrum spectrum. El falso vampiro es una de las especies más raras de México. De hecho, además del ejemplar tipo se conocían hasta hace muy poco únicamente dos especímenes provenientes de la región de Los Tuxtlas, también en Veracruz.

Otro caso es el de la tuza del Valle de México. En los años cuarenta, Emmett Hooper, de la Universidad de Michigan y Bernardo Villa, de la Universidad Nacional Autónoma de México encontraron lo que ellos consideraron una nueva subespecie de tuza en un lugar de la Ciudad de México. Más tarde, Hooper hizo la descripción formal acuñando el nombre Cratogeomys tylorhinus arvalis. Revisiones posteriores mostraron que el taxón descrito por Hooper es un sinónimo de la subespecie C. t. tylorhinus.

Si hoy en día quisiéramos encontrar esta tuza en la localidad tipo de C. t. arvalis tendríamos serias dificultades. No veríamos los característicos montículos de tierra que estos animales producen al excavar, ni percibiríamos los daños en las plantas que tuzas producen al alimentarse. Mucho menos tendríamos la oportunidad de ver a alguno de estos roedores asomándose de sus galerías y mostrando sus diminutos ojos y sus incisivos curvos y afilados.

La razón es muy sencilla. Exactamente en la localidad tipo se levanta ahora un conocido supermercado de la calle de Pilares, en la Colonia del Valle. Donde antes prosperaba la población de tuzas hay ahora un extenso estacionamiento que da servicio cientos de compradores diariamente. Donde antes pululaban los tlacuaches, las zorras o los cacomixtles podemos ahora tan solo observar a los frenéticos clientes del centro comercial corriendo con sus bolsas de mercancía.

Con estos ejemplos parecería que la historia de los ejemplares tipo y de sus localidades es muy triste. Sin embargo, hay todavía esperanza. Recientemente se observó un grisón en Yucatán, el primero del estado que será reportado por un científico desde que Hatt lo hizo en 1938. Asimismo, el año pasado se encontraron individuos del falso vampiro en dos estados del sureste de México. Dado que los informes técnicos de estos hallazgos no han sido publicados, no puedo por lo pronto entrar en más detalles sobre estos descubrimientos.

El destino final del grisón del gobernador puede parecer triste, pero su existencia como ejemplar de museo ha contribuido, aunque sea modestamente, a que los científicos tengan un mejor conocimiento sobre la fauna de México, y que eventualmente propongan alternativas para detener el rápido deterioro del ambiente. Seguramente el gobernador Cantón nunca se imaginó tal papel para su simpática mascota.

Notas

Todos los personajes de este ensayo (incluso los animales) son reales. Los detalles del encuentro de Nelson y Cantón Rosado son ficticios.

Lecturas adicionales:

Sterling, K. B.,1991, Two pioneering American mammalogists in México: the field investigations of Edward William Nelson and Edward Alphonso Goldman, 1892-1906. Pp. 33-47 in Latin American mammalogy: history, biodiversity, and conservation (M. A. Mares y D. J. Schmidly, eds.). University of Oklahoma Press, Norman, Oklahoma. (Historia de las expediciones de Nelson y Goldman en México).

Las tres siguientes monografías contienen una gran cantidad de información sobre la historia natural de los mamíferos mexicanos y sobre el estado de conservación de las zonas naturales de México en años lejanos:

Gaumer, G., 1917, Mamíferos de Yucatán. Secretaría de Fomento, México, D. F.

Villa-R., B. 1952. Mamíferos silvestres del Valle de México. Anales del Instituto de Biología, UNAM 23:269-492.

Hall, E. R. y W. W. Dalquest., 1963, The mammals of Veracruz. University of Kansas Publications, Museum of Natural History, 14:165-362.

Copyright del artículo © Héctor T. Arita. Reservados todos los derechos. Publicado previamente en la revista Ciencias de la UNAM. Editado sin ánimo de lucro, con licencia CC.

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sitio Web: hectorarita.com/
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