El gran legado de Darwin

A diferencia de algunos científicos famosos que tuvieron vidas emocionantes y hasta heroicas, Charles Darwin fue un tipo más bien aburrido.

Nació en una familia acomodada —su padre era médico—, así que nunca tuvo necesidad de trabajar. Su infancia y adolescencia pasaron sin ningún acontecimiento especial, y más bien el joven Charles parecía destinado a ser un bueno para nada.

Pero tenía algunas cualidades que más tarde le serían de utilidad. En primer lugar, era curioso: le interesaban muchas cosas y sentía placer al entenderlas. En segundo, era metódico y observador. Esto le permitió convertirse en un buen coleccionista: de piedras, timbres, monedas, conchas, mariposas, escarabajos… Y en tercer lugar, el joven Charles era un gran aficionado a la lectura. Acumuló así una amplia cultura en diversos temas.

El padre de Charles había planeado que su hijo fuera médico, pero como él no mostraba mucho interés por esta profesión, le aconsejó hacerse clérigo de la iglesia anglicana, para lo cual asistió a la prestigiosa universidad de Cambridge. Sin embargo, pasaba la mayor parte del tiempo cazando —otra de sus aficiones— y montando a caballo.

En 1831 John Henslow, su profesor de botánica y amigo, lo recomendó para participar como “naturalista voluntario” sin sueldo en una expedición marítima alrededor del mundo que el capitán Robert Fitz-Roy estaba organizando a bordo del velero Beagle.

Y fue en este largo viaje, que duró cinco años y en el cual Darwin visitó toda la costa de Sudamérica, las islas Galápagos, en el Pacífico, y varios puntos de Australia y África, donde el joven naturalista aprovechó sus dotes para reunir una cantidad inmensa de especímenes y observaciones acerca de los seres vivos que conoció.

Comenzó así a cuestionarse las explicaciones entonces en boga acerca de la distribución de los seres vivos y su historia. Se convenció de que las especies habían cambiado a lo largo de los siglos, y concibió la idea que finalmente lo haría famoso: la evolución de las especies por medio de la selección natural.

Darwin no volvió a viajar: se casó y prácticamente no volvió a salir de su finca en el campo. Pero su trabajo —que plasmó en numerosos libros sobre diversos temas biológicos, entre los que destaca su obra maestra El origen de las especies— lo convirtió en un personaje central en la historia de la ciencia.

La vida de Darwin ejemplifica que un gran científico no siempre fue un niño brillante, ni tiene que vivir una vida de aventuras.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura. Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

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