El gamo gigante

Los trazos son tan simples y la perspectiva tan escasa que uno se sorprende de poder observar tantos detalles. Casi puede uno imaginarse al animal en su ambiente natural y deducir sorprendentes pormenores sobre su forma de vida. Se trata de una ilustración del Megaloceros, el llamado gamo gigante o alce irlandés dibujada al estilo de las pinturas rupestres.

En primer lugar llaman la atención las enormes astas de este animal. Siguiendo el estilo de los artistas del periodo magdaleniano de la cultura paleolítica de Europa (aproximadamente hace 11.000 a 17.000 años), el ilustrador ha captado las astas del animal en una posición anatómica imposible: alineadas con el resto del cuerpo. Se trata de la perspectiva "torcida" usada por los pintores cro-magnones para resaltar ciertas características de los animales a pesar del inexorable carácter plano del medio de expresión (pinturas sobre las paredes y techos de las cuevas).

Valiéndose de la misma técnica, los artistas de Altamira y Lascaux lograron retratar el poderío de los bisontes europeos (Bison bonasus) o de los aurochs (Bos primigenius, el ancestro del ganado vacuno) al dibujar los cuerpos de los animales de perfil y los cuernos en perspectiva frontal. Las astas parecen exageradamente grandes. Sin embargo, la escala no es incorrecta y el dibujante ha logrado plasmar la enormidad de los apéndices del gamo gigante.

Se ha calculado que Megaloceros rivalizaba en tamaño con el alce (Alces alces) pero que sus astas eran considerablemente más grandes, de hasta 4 metros de punta a punta y con un peso de hasta 45 kilogramos (¡ansiada pieza para los modernos cazadores de trofeos cinegéticos!).

Reconstrucción de un ejemplar de "Megaloceros giganteus". Musée National de Préhistoire, Les Eyzies de Tayac, Dordoña, Francia (Licornenoir, CC)

En algún tiempo se sostuvo la teoría de que las enormes astas del alce irlandés eran un ejemplo de superespecialización producto de una evolución sin sentido causada por la selección sexual. La teoría argumentaba que los machos de la especie desarrollaron (en un tiempo evolutivo) astas cada vez más grandes para ser más atractivos a las hembras. Al seguir su curso esta evolución sin rumbo, las astas se convirtieron en tal desventaja que la especie se extinguió.

El moderno análisis alométrico ha permitido refutar esta teoría y demostrar que el alce irlandés tenía las astas del tamaño que se podría esperar para un gamo de su tamaño. La alometría permite calcular el tamaño relativo de diferentes partes del cuerpo de un animal a diferentes escalas. De esta manera, es posible afirmar que un gamo gigante (del tamaño de un alce) tendría las astas tan grandes como un Megaloceros. Las astas del alce irlandés, por lo tanto, no son desproporcionadamente grandes y no es necesario invocar la selección sexual para explicar su enormidad.

Otro detalle que resalta en la ilustración es la joroba que presenta el animal. Si cubrimos la cabeza el cuerpo podría parecer el de un cebú. Conocemos de la existencia de la joroba en el gamo gigante sólo por las pinturas rupestres: el tejido de este tipo de estructuras no se fosiliza. Sin embargo, un estudio anatómíco-funcional del animal podría haber predicho la existencia de la joroba en el gamo gigante. En efecto, muchas especies animales con cabezas de gran peso desarrollan poderosos músculos y ligamentos que corren desde el cuello hasta las proyecciones óseas que aparecen en las vértebras. Esta "espinas" producen una protuberancia cerca del cuello que en varias especies es realzada con tejido adiposo: una joroba.

El animal está dibujado sobre un plano inclinado inexistente. Los trazos simples de la cabeza y la disposición de las patas dan la impresión de que el gamo camina tranquilamente subiendo una cuesta. Al inclinar ligeramente la ilustración, nos damos cuenta de que en realidad se trata de un efecto para darle equilibrio al dibujo ante las enormes dimensiones de las astas. Si la ilustración estuviera perfectamente horizontal, la cabeza del gamo parecería caer hacia adelante, vencido el animal por los 45 kilos de astas que lleva a cuestas.

Una interpretación más idealista sería que el autor intentó representar la lenta marcha del gamo gigante hacia la extinción. Megaloceros es parte de la abundante fauna mayor que parece haber existido en la Europa de hace poco más de 11.000 años. Al parecer, el clima frío que prevalecía en esa época (la cuarta era glaciar) terminó y con él se fueron las grandes manadas de animales. Algunos historiadores han querido ver en las pinturas rupestres del final del periodo magdaleniano un grito desesperado, una especie de llamado a las grandes manadas para regresar a la abundancia de años pasados.

Especulaciones aparte, el hecho es que el gamo gigante se extinguió y que podemos apreciar la belleza de su forma y la magnificencia de sus astas sólo por medio de los ojos mágicos de los anónimos artistas cro-magnones.

Copyright del artículo © Héctor T. Arita. Reservados todos los derechos. Publicado previamente en la revista Ciencias de la UNAM. Editado sin ánimo de lucro, con licencia CC.

 

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

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