El armadillo gigante, Priodontes maximus (Kerr, 1792)

El armadillo gigante, Priodontes maximus  (Kerr, 1792) Imagen superior: el ejemplar de armadillo gigante, Dasypus giganteus, que se expone en las salas del MNCN / Ángel Garvía.

El ejemplar de Priodontes maximus actualmente expuesto en el módulo de conservación de la exposición Biodiversidad del Museo Nacional de Ciencias Naturales, inventariado con el número MNCN-M2501, es una pieza singular de la colección de mamíferos por diversas razones. Vamos a intentar explicar por qué.

El viejo y su coraza

Priodontes maximus (Kerr, 1792) pertenece a la familia Dasypodidae y recibe los nombres comunes de armadillo gigante, en español, y tatú carreta, en guaraní. Es la especie de armadillo de mayor tamaño y el más acorazado de los mamíferos actuales, estimándose su longitud y peso máximos en 150 cm y 50 kg.

A pesar de pertenecer a uno de los grupos más antiguos de mamíferos, su estilo de vida nocturno y sigiloso ha permitido que eludiera durante mucho tiempo la mirada de los científicos. Desde 2010, con técnicas de cámaras trampa a distancia, su imagen es más habitual.

Basa principalmente su defensa frente a depredadores en su caparazón rígido; una auténtica coraza desarrollada a partir de la piel y compuesta de placas óseas con recubrimiento córneo. Con doce bandas móviles dorsales y tres o cuatro en la parte posterior del cuello, es relativamente flexible pero incapaz de replegarse totalmente formando una bola, como hacen otros armadillos menores. Se defiende pegándose al suelo y formando un círculo casi completo.

Vive en madrigueras excavadas con sus largas uñas. Se alimenta principalmente de termitas, hormigas, otros artrópodos, gusanos, larvas e incluso serpientes o carroña. Se distribuye ampliamente por Sudamérica, pero con bajas densidades poblacionales y generalmente fragmentadas.

Su estado de conservación es preocupante. La Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) lo clasifica en la categoría Vulnerable A2cd: riesgo de extinción alto debido a la reducción (≥ 30%) de su población silvestre.

Las amenazas actuales son pérdida de hábitat (deforestación) y caza (consumo humano). El comercio ilegal de ejemplares vivos también puede ser una amenaza, difícil de cuantificar según la IUCN, pues alcanza precios muy elevados. Incluido en el Apéndice I del Convenio Internacional para el Tráfico de Especies (CITES), está prohibido el comercio internacional de especímenes y cualquier producto elaborado a partir de ellos.

Una pieza singular por varios motivos

Es la única aportación a la Colección de Mamíferos del MNCN datada del naturalista español Félix de Azara y Perera (1742-1821), que, como comisionado para el establecimiento de fronteras, permaneció en Sudamérica veinte años, de 1781 a 1801, cuando España y Portugal delimitaban sus posesiones por el tratado de San Ildefonso (1777).

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Imagen superior: retrato de Félix de Azara (1805), por Francisco de Goya.

Pese a su falta de formación previa, estudió animales, plantas, minerales y poblaciones humanas. No hay constancia de que dicha aportación fuese directa, sino a través del político español Manuel Godoy (1767-1851), favorito y primer ministro de Carlos IV, que a su vez lo hizo llegar al entonces Real Gabinete de Historia Natural, que dio origen al actual Museo Nacional de Ciencias Naturales.

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Imagen superior: retrato de Manuel Godoy por Antonio Carnicero. Finales del XVIII, principios del XIX.

Se trata de uno de los especímenes más antiguos de la Colección de Mamíferos. Figura ya en los catálogos del zoólogo y palentólogo español Ángel Cabrera y Latorre (1879-1960), responsable de las colecciones en la segunda década del siglo XX, que le asigna los números 632 en el catálogo metódico y 504 en el numérico.

Precisamente los datos de éste último son uno de los motivos de interés para investigar esta pieza. En ellos Cabrera hace constar la anotación:“cotipo de la especie”. Los ejemplares tipo (también denominados tipo nomenclatural) son aquellos especímenes concretos sobre los que se describe una especie nueva para la ciencia. Su adecuada conservación y localización son una de las mayores responsabilidades de las colecciones científicas de los Museos de Historia Natural.

Hay diferentes clases de tipos, el término cotipo es una de ellas; usado antiguamente, hoy está en desuso y no es reconocido por el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica(4º Ed. 2000).

Actualmente, al describir una especie nueva, se recomienda realizarlo sobre una serie de ejemplares (serie tipo) y designar holotipo (tipo portanombre) a uno de ellos en concreto, recibiendo el resto de especímenes de la serie la consideración de paratipo. Si no se ha designado holotipo, todos los componentes de la serie se denominan sintipo.

Hoy cotipo sería generalmente homologable a sintipo o paratipo. Es importante resaltar que en realidad no son las especies las que tienen tipo, sino los nombres científicos con los que se nombran. No es correcto hablar del tipo de una especie determinada, pero sí del tipo de cada uno de los nombres concretos que a esa especie se le han ido otorgando. Los ejemplares tipo quedan permanentemente unidos al nombre que se le asignó en su descripción, independientemente de que en la actualidad éste siga siendo válido o se considere un sinónimo.

Fue en la verificación de esta consideración de cotipo, asignada por Cabrera para el ejemplar, al intentar validarlo con el nombre que la especie recibe actualmente, Priodontes maximus (Kerr, 1792), cuando se nos abrió un campo de estudio, más interesante y productivo de lo que podríamos imaginar a priori.

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Imagen superior: la imagen es un escaneado del propio Catálogo Metódico de Cabrera, cuya referencia es Cabrera,A. 1912. Catálogo Metódico de las Colecciones de Mamíferos del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Trabajos del Museo de Ciencias Naturales, serie Zoológica, 11: 1-147.

El increíble caso del tatú carreta

Lo primero es conocer el recorrido cronológico del nombre de esta especie. Como suele suceder, la misma especie fue descrita en diversas ocasiones por diferentes autores; entre ellas una vez por Robert Kerr, en 1792, como Dasypus maximus, y otra por E. Geoffroy St.-Hilaire, en 1803, como Dasypus giganteus.

También fue descrita por Azara en 1802 con el nombre de “máximo”. Además, ha sufrido revisiones y nuevas combinaciones por otros autores. Por la aplicación del principio de prioridad: el nombre que otorga Kerr, anterior al de 1803, tiene prioridad.

Posteriormente, en 1880, O.Thomas revisa y cambia de género: de Dasypus a Priodontes, quedando entonces Priodontes maximus (Kerr, 1792), nombre válido actualmente con nombre de autor y fecha entre paréntesis por nueva combinación.

El objetivo es averiguar si nuestro ejemplar podría ser tipo de alguno de estos nombres. Aquí resulta determinante lo escrito por Cabrera, que relaciona al espécimen con Azara como colector. En su catálogo numérico (pág. 139) escribe: “ejemplar adulto (504, cotipo), del Paraguay, Félix de Azara col:, regalo de D. Manuel Godoy”. Pero lo deja aún más claro en su obra “El concepto de tipo en Zoología y los tipos de mamíferos del Museo de ciencias Naturales” (1912), al establecer una relación directa con Azara y su descripción del “máximo” en Apuntamientos para la Historia Natural de los Quadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata (1802).

En ésta, Azara habla de los ejemplares que tuvo a la vista para la descripción. En la página 114 dice que uno de ellos es un tatú proporcionado por Don Josef Román Cabezales, que posteriormente él cede a D. Pedro Melo de Portugal y es enviado a Manuel Godoy, conocido como el Príncipe de la Paz.

Según Cabrera, citamos textualmente: “Este ejemplar es, indudablemente, el que existe en el Museo, pues aunque no consta que viniese de manos de Azara (lo que acaso intencionadamente, por dar más valor, a su obsequio, calló D. Pedro Melo de Portugal), si se sabe que lo dio para el entonces Real Gabinete de Historia Natural el Príncipe de la Paz”.Y basa su afirmación, además en: “presentar el tal ejemplar todos los defectos de preparación tan minuciosamente explicados por Azara”.

Por lo que concluye que: “claramente revela que se trata del mismo armadillo que el ilustre naturalista aragonés obtuvo del arcediano Cabezales”. Pero no puede ser tipo de la descripción de Azara por algo elemental: Azara no da descripciones válidas taxonómicamente con nombre científico binominal. A diferencia de otros naturalistas contemporáneos, no utiliza nomenclatura linneana y describe animales y plantas usando nombres vulgares españoles o guaraníes; sin más intención que ayudar a perfeccionar las descripciones del naturalista francés Buffon (1707-1788), su única referencia en Historia Natural en ese momento.

Por ello, Azara no figura como autor en ninguna. Se estima que escribió sobre unas cuatrocientas especies, de las cuales más de la mitad pudieron ser en ese momento nuevas para la ciencia.

Sin embargo, el hecho de poder relacionar pieza y descripción de Azara es fundamental para otorgar la categoría de material tipo para Dasypus giganteus Geoffroy, 1803, puesto que en su descripción Étienne Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844) admite que, además de un espécimen conservado en las colecciones parisinas, ha utilizado como referencia “Le gran Tatou d´Azara” a través de la versión francesa del texto de Azara (Essais sur l´histoire naturelle des Quadrupèdes, 1801). Así queda reflejado en su obra Catologue des Mammiferes du Museum D´Histoire Naturelle (pág. 207).

En consecuencia, como bien dice Cabrera, al ser nuestro ejemplar uno de los que utilizó Azara, podemos afirmar que es un cotipo (hoy sintipo) de Dasypus giganteus Geoffroy, 1803.

También podemos asegurar que nuestro ejemplar no es tipo de Dasypus maximus Kerr, 1792, pues cuando el naturalista escoces Robert Kerr (1755- 1813) hace la descripción, en la página 112 de The Animal Kingdom or Zoological System of the Celebrrated Sir Charles Linnaeus, utiliza material de Sm. Buffon (V. 377. Pl. cliv.) y Pennan (hift. Of quad. P. 501.), sin ninguna referencia a Azara.

Agradecimientos

Sin la consulta inicial de Carolina Martínez posiblemente nada se hubiera iniciado y, sobre todo, sin la ayuda y labor de “detective” bibliográfico de Miguel Ángel Alonso Zarazaga muy poco se hubiera finalizado. También agradecemos a Josefina Barreiro, Soraya Peña, Javier Sánchez y Francisco Yagüe su colaboración.

Copyright del artículo © Silvia Fernández, Ángel Garvía, Luis Castelo y José Enrique González-Fernández. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en The Cult con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC