Cerro de los Batallones, una ventana abierta a la fauna del Mioceno

Cerro de los Batallones, una ventana abierta a la fauna del Mioceno Representación artística de la especie Indarctos arctoides del Cerro de los Batallones. / Mauricio Antón, CSIC.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones son un archivo excepcional para documentar la fauna del Mioceno superior. Pocos yacimientos han proporcionado tal cantidad de fósiles, tan completos y tan bien conservados. El Museo Nacional de Ciencias Naturales empezó a excavar en ellos hace ya 24 años y aún es mucho lo que queda por descubrir.

Pasar un día en un yacimiento paleontológico es una experiencia enriquecedora pero lo es mucho más si se trata del Cerro de los Batallones. ¿Por qué? Porque visitar este lugar es retroceder nueve millones de años en el tiempo, es eliminar de golpe todo rastro humano: carreteras, viviendas, cultivos, etc., y es evocar a partir de una vértebra, de un fémur o de un cráneo, toda una comunidad viva que nos precedió: animales tan fascinantes como jirafas, rinocerontes, mastodontes, perros osos o tigres dientes de sable. Batallones nos enseña muchas cosas, pero sobre todo es una ventana abierta a la evolución y a la coexistencia de grandes carnívoros.

Hasta 1991, Batallones no era más que un cerro testigo en la localidad madrileña de Torrejón de Velasco explotado por sus reservas de sepiolita, un mineral con gran poder absorbente que se utiliza en la arena para gatos.

Sin embargo, el hallazgo de restos fósiles en la explotación minera cambió la suerte de la paleontología en Madrid y en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN). Porque encontrar restos óseos completos y bien conservados de mamíferos es algo inusual, pero aún más raro es hallar yacimientos con un 98% de carnívoros ya que por su condición de predadores los carnívoros siempre son escasos en las comunidades animales.

Otro aspecto singular de Batallones es que la acumulación de fósiles tuvo lugar en un contexto geológico poco común, ya que el origen de las cavidades subterráneas que actuaron como trampas se debió a un tipo de erosión especial conocido como erosión en túnel o piping. Mientras que la mayoría de las cuevas se forman en terrenos calizos o yesos –el agua disuelve la caliza–, en Batallones los sedimentos son detríticos: arcillas y margas, y la lluvia erosiona los sedimentos, no los disuelve.

Son nueve los yacimientos paleontológicos de vertebrados que se han identificado en el Cerro de los Batallones hasta la fecha, algunos se siguen excavando y otros ya se han clausurado. Sus sedimentos coinciden con el techo de la Unidad Intermedia del Mioceno Continental de la Cuenca de Madrid y corresponden al período Vallesiense.

 

Machairodus aphanistus - Cerro de los Batallones - Museo Arqueológico Regional CAM (PePeEfe, CC)

Dos clases de yacimientos

Hay dos tipos de yacimientos: los situados a una gran profundidad respecto al nivel actual del cerro (unos 6-7 metros) y los situados en superficie. Los primeros con forma de campana destacan por la gran abundancia de carnívoros, mientras que los segundos tienen forma de copa y se caracterizan por la gran cantidad de herbívoros de gran tamaño que han aparecido.

La explicación más plausible para la abundancia de carnívoros es que los animales entraran fácilmente en las cavidades gracias a su agilidad, atraídos por agua en épocas de sequía, o por otros animales que hubieran caído accidentalmente; sin embargo, la salida resultaría muy difícil lo que provocaría la acumulación de restos óseos. Con el paso del tiempo las cavidades en las que quedaban atrapados los carnívoros se irían rellenando con sedimentos de los alrededores. Probablemente se formarían pequeños lagos y charcas fangosas que también funcionarían como trampas, aunque en este caso los atrapados serían los grandes herbívoros.

Aunque los vertebrados, y dentro de éstos los mamíferos carnívoros, son los fósiles más representativos de Batallones, también han aparecido restos de plantas –en general fragmentos con escaso valor sistemático–, diatomeas y algunos invertebrados, como moluscos de agua dulce, crustáceos (cangrejos de río) y ostrácodos. La presencia de unos peces dulceacuícolas del género Rutilus aparecidos en los yacimientos Batallones-1 y 2, avalarían la existencia de agua dulce en las cavidades. En estos dos yacimientos también se ha encontrado una rana muy parecida a la rana verde (Pelophylax perezi), aunque algo mayor.

Las tortugas son el grupo de reptiles mejor representado. En Batallones-3, 5, 7 y 10 han aparecido tortugas gigantes terrestres, similares a las tortugas gigantes de las Islas Galápagos, clasificadas como Geochelone bolivari y que son muy comunes en los yacimientos madrileños del Mioceno.

Otras tortugas más pequeñas, representadas por una especie cercana a la tortuga mediterránea (Eurotestudo hermanni), han aparecido en Batallones-1 y 2. También hay dos especies de lagartos: una próxima al lagarto ocelado (Timon lepidus) y otra al lagarto de cristal (Ophisaurus apodus); varanos de gran talla en Batallones-3 y serpientes (Ophidia) en varios yacimientos, aunque se desconoce cuántas especies podría haber.

Encontrar aves fosilizadas no es tarea fácil debido a la fragilidad de sus huesos. En Batallones-1 y 3 han aparecido fósiles de un accipitriforme de gran tamaño, emparentado con los buitres, y otra rapaz diurna de menor talla, similar a los pigargos. También se han hallado huesos del ala de un paseriforme, probablemente un córvido, de talla similar a los arrendajos y urracas actuales.

Tetralophodon longirostris. Imagen: Mauricio Antón

Detectar a los micromamíferos

Aunque no son tan conocidos como los grandes mamíferos, los micromamíferos son un grupo muy diverso entre los que se encuentran Ios insectívoros (musarañas, erizos, topos, desmanes, etc.), lagomorfos (conejos, liebres y pikas), roedores (ratones, ardillas, hámsters, lirones, castores, etc.) y quirópteros (murciélagos). Su aparición en los yacimientos suele estar asociada a la acumulación de desechos –excrementos y egagrópilas– de pequeños carnívoros y aves rapaces.

La obtención de micromamíferos requiere una técnica especial debido a su pequeño tamaño, que consiste en el lavado y tamizado del sedimento. Los restos más valiosos son las piezas dentales, particularmente los molares y premolares, porque la clasificación sistemática se hace atendiendo a su forma y tamaño.

Además, el estudio de la dentición aporta información relevante sobre otros aspectos de su biología como la dieta, la biomecánica del aparato masticador, las relaciones tróficas en términos de metabolismo, las condiciones ambientales, etc.

La abundancia y amplia distribución geográfica de los micromamíferos, así como su gran sensibilidad a los cambios ambientales, les convierten en una valiosa fuente de información para hacer reconstrucciones paleoambientales y paleobiogeográficas. Es más, el registro de micromamíferos del Mioceno español puede considerarse actualmente como el mejor del mundo. Gracias al estudio exhaustivo del registro fósil de roedores se ha creado una escala biocronológica de alta resolución, ampliamente contrastada con las numerosas escalas bioestratigráficas locales de otras cuencas españolas.

Ambiente acuático

En Batallones eran muy abundantes unos conejos identificados como Prolagus crusafonti, algo más pequeños que los actuales, de los que se han hallado cráneos completos asociados a mandíbulas.

También es común el ratón Progonomys hispanicus, que permite datar el yacimiento como Vallesiense superior –una de las edades en las que se divide el Mioceno superior en Europa–, porque es entonces cuando esta especie entra en la península Ibérica. El que se hayan encontrado castores Chalicomys sp. en Batallones-1 y 3 podría indicar la existencia en la zona de masas de agua, ya que estos animales poseen hábitos semiacuáticos, y de un bosque, pues necesitarían ramas y troncos para construir los diques.

Sin duda, el mayor interés que ofrece Batallones es la rica fauna de carnívoros que va desde los pequeños mustélidos a los grandes felidos, similar a la que se observa hoy en día en las sabanas africanas. Entre los mustelidos, además de los restos de Martes sp. aparecidos en Batallones-1, hay que destacar la presencia de un mustélido del tamaño de un pastor alemán, Eomellivora piveteaui, encontrado en Batallones-3, cuya anatomía sugiere que se trata de un carroñero oportunista que vivía en zonas relativamente abiertas.

También han aparecido mofetas Proputorius sp., cuya dieta sería omnívora. Una de las especies más abundantes en Batallones-1 es la hiena Protictitherium crassum, de la que se han encontrado un mínimo de 14 individuos. Se trata de un hiénido primitivo, del tamaño de un zorro, y que probablemente tendría un aspecto similar al de la civeta africana actual.

Los ailúridos son unos carnívoros atípicos, actualmente sólo existe una especie: el panda rojo (Ailurus fulgens) cuya alimentación se basa en el bambú. Simocyon batalleri, estrechamente emparentado con el panda rojo actual, poseía una dentición propia de un carnívoro generalista y por tanto muy diferente a éste último. El hallazgo de dos individuos casi completos en Batallones-1 revela que poseía un "falso pulgar" que le confería una gran capacidad para trepar en los árboles.

Este rasgo, que también comparten el panda rojo y el panda gigante (Ailuropoda melanoleuca), se consideraba una prueba de cierta relación filogenética entre ambos pandas, aunque finalmente los estudios moleculares los han separado en dos familias: Ursidae (panda gigante) y Ailuridae (panda rojo). Ambas especies utilizan el "falso pulgar" para sujetar las ramas de bambú de las que se alimentan.

Al estudiar con más detalle este hueso, se aprecia un desarrollo independiente en las dos familias: mientras que en los úrsidos el "falso pulgar" habría tenido una función trófica desde su origen, en S. batalleri su función habría sido locomotora, y sólo secundariamente, en animales con un régimen herbívoro como el panda rojo, habría adquirido esa nueva función trófica.

Otro grupo peculiar de carnívoros son los anficiónidos, hoy ya extinguidos, con rasgos de osos y de cánidos. Amphicion major da nombre al grupo, y vivió mucho antes de Batallones; tenía el tamaño de un oso y aunque su dentición incluía dientes adaptados a cortar la carne, también mantenía los molares trituradores, lo que sugiere que aunque era un cazador activo no desdeñaba la carroña. Uno de los últimos anficiónidos del registro fósil fue Magericyon anceps encontrado en Batallones-1.

Su dentición y su anatomía indican que sus técnicas de caza serían mucho más especializadas que la de sus predecesores. La desaparición de los anficiónidos podría relacionarse con la presencia de grandes hiénidos, pero también podría deberse a la competencia con los grandes "félidos de dientes de sable".

Dentro de la familia Ursidae, se han encontrado restos de Indarctos arctoides, cuya talla era similar a la de un oso pardo, aunque por su forma y proporciones se parecería más al panda gigante. Un hallazgo relevante es la aparición cinco báculos-hueso del pene-, ya que su fosilización ocurre en muy raras ocasiones. Los báculos fósiles hallados en Batallones-3 son más largos que los de las ocho especies de osos actuales y han permitido conocer mejor su comportamiento sexual.

Félidos extintos

Todos estos carnívoros generalistas coexistían con los depredadores más genuinos y eficientes: los félidos. Dentro de esta familia podemos distinguir dos grupos: los grandes macairodontinos o "félidos de dientes de sable", actualmente extinguidos, y los felinos, más pequeños, ya que los felinos de gran tamaño no aparecieron hasta hace unos tres millones de años.

La comunidad de félidos de Batallones está compuesta por 4 especies: Machairodus aphanistus, de la talla de un tigre; Promegantereon ogygia, del tamaño de un puma y dos especies de felinos, una de la talla de un gato montés (Styriofelis vallesiensis) y otra de la talla de un lince caracal (Pristifelis sp.).

La coexistencia de las dos grandes especies de félidos de dientes de sable indica que el hábitat tendría una cierta cobertura vegetal de modo que los félidos de menor talla pudieran esconderse del ataque de los más grandes. También habría un elevado número de presas, de las cuales un alto porcentaje serían ungulados de pequeño tamaño. El predominio de Promegantereon ogygia en Batallones-1 sugiere que la trampa estaría situada cerca de una zona arbolada o, por lo menos, con la suficiente cobertura vegetal como para que esta especie pudiera ocultarse de Machairodus aphanistus.

Al estudiar la anatomía de ambos félidos llama la atención la combinación de unos caninos comprimidos y alargados junto con unas extremidades anteriores muy potentes, lo que sin duda contribuiría a minimizar el tiempo que necesitaban para dominar y matar a la presa, y también los riesgos de sufrir heridas durante la caza.

Estos rasgos convertirían a los félidos dientes de sable en los carnívoros dominantes en las faunas de mamíferos durante todo el Mioceno superior y Plioceno. Y fue precisamente esa especialización en la captura de presas de gran tamaño lo que pudo haber llevado a los dientes de sable a su desaparición. Imaginemos que en cierta época del año los herbívoros de gran tamaño migrasen, como lo hacen hoy en día los ñúes en África, entonces la incapacidad de estos grandes macairodontinos para alimentarse de presas pequeñas provocaría la disminución de sus poblaciones, abocándoles a la extinción.

Un caballo de tres dedos

Los mamíferos herbívoros son los otros protagonistas de esta historia. Los más espectaculares son los mastodontes: una familia ya extinguida de proboscídeos, los parientes de los elefantes. El mastodonte Tetralophodon longirostris fue el mayor herbívoro de Batallones. Esta especie era la dominante durante el Mioceno superior en Europa, donde llegó procedente de África hace aproximadamente 12 millones de años y sustituyó a Gomphotherium angustidens, un mastodonte de menor talla. Aunque se han identificado restos de mastodontes en distintos yacimientos de Batallones, la muestra más importante de proboscídeos se encuentra en Batallones-2.

Otro grupo de grandes herbívoros son los perisodáctilos, que en Batallones están representados por dos familias: équidos y rinocerótidos. Los équidos se originaron en América del Norte hace 60 millones de años, aunque hace aproximadamente 12.000 años desaparecieron del continente americano: los caballos actuales proceden de los ejemplares introducidos por los conquistadores españoles. Durante el Mioceno algunos équidos americanos colonizaron Eurasia.

En Batallones-10 se han encontrado al menos dos especies diferentes de Hipparion, un caballo primitivo con tres dedos. También se han recuperado dos especies de rinocerontes: Aceratherium incisivum, un rinoceronte de gran tamaño que carecía de cuernos, y una segunda especie más próxima a los rinocerontes actuales. De esta última existe un cráneo con una protuberancia sobre la que se asentaba un cuerno -en los huesos nasales- que no ha fosilizado por su naturaleza córnea.

En Batallones, los artiodáctilos están representados por varias especies de rumiantes y una especie de suido. Los suidos son unos parientes extinguidos de los jabalíes que fueron abundantes en Madrid durante el Mioceno. En Batallones-1, 3 y 10, ha aparecido Microstonyx major, de aspecto similar al de un jabalí actual pero mucho más grande: su cráneo podía superar el medio metro de longitud y su peso corporal podría llegar hasta los 300 Kg.

Los rumiantes posiblemente sean los macromamíferos herbívoros con mayor éxito evolutivo. Aparecen en Asia en el Eoceno superior, hace más de 40 millones de años, y se extienden rápidamente por todo el mundo colonizando desde las selvas tropicales hasta las tundras y los desiertos. Se distinguen por un estómago especial con cuatro compartimentos que les permite digerir los vegetales de los que se alimentan. Hasta la fecha en Batallones han aparecido cuatro grandes familias, siendo los cérvidos los más raros en la muestra fósil, ya que sólo se ha encontrado un molar fragmentado en Batallones-1.

Durante el Mioceno medio y superior los mósquidos o ciervos almizcleros fueron un grupo de rumiantes muy diverso y abundante en Europa occidental. Actualmente sólo existe un género, Moschus, formado por cinco especies, que se distribuye por Asia. Los mósquidos aparecidos en Batallones corresponden a los géneros Micromeryx e Hispanomeryx: eran animales de pequeña talla, en torno a los 5 Kg, y tenían unas patas muy largas y gráciles. Son los rumiantes mejor estudiados de la muestra fósil de Batallones y han aparecido en los yacimientos Batallones-1, 5 y 10.

Aunque no son demasiado abundantes, existe una característica que se repite a lo largo de toda la distribución biocronológica del grupo en la Península Ibérica: la presencia de distintas especies de mósquido, hasta tres, en el mismo yacimiento. La especie más abundante de las representadas en Batallones es Micromeryx sp. nov. Además, hay evidencias de que muchos de los mósquidos de Batallones fueron ingeridos por carnívoros.

Algunos de los restos más espectaculares de toda la muestra fósil de Batallones son las jirafas. Pertenecientes al grupo de los sivaterinos, se trata de unas jirafas de cuello corto y gran talla con cuatro apéndices craneales frontales: dos posteriores muy grandes, similares a cuernos, y dos fronto-nasales anteriores, mucho más pequeños. Fósiles de estas jirafas han aparecido en Batallones-4, 5 y 10. Los restos de sivaterinos del Cerro de los Batallones constituyen sin duda la mejor colección que existe de estos animales en Europa.

Los bóvidos (antílopes, cabras o bisontes actuales), cuyo rasgo más visible son los cuernos, hoy en día son los ungulados más extendidos y ricos en especies, a pesar de que su historia es relativamente reciente ya que no aparecieron hasta el Mioceno inferior. En Batallones son muy raros: en Batallones-1 se han hallado restos mandibulares y maxilares de un individuo juvenil, que se ha asignado al género europeo Austroportax, un bóvido de gran talla. Al no haberse encontrado los núcleos óseos de cuernos en los bóvidos aparecidos en Batallones-1 y 10, no se ha podido identificar la especie.

Cómo epílogo a este recorrido por los hallazgos más importantes, a fecha de hoy, en los yacimientos del Cerro de los Batallones, qué mejor que reseñar los más de 40 artículos aparecidos en revistas científicas y las ocho tesis doctorales, cuatro de ellas en ejecución, fruto de la investigación de geólogos y paleontólogos del MNCN, y de distintas universidades españolas y extranjeras.

De las tres especies de mamíferos nuevas para la ciencia encontradas en Batallones (un félido, un anficiónido y un roedor) nos quedamos con el micromamífero Hispanomys moralesisp. nov. dedicado al coordinador de la excavación, el investigador del MNCN Jorge Morales.

Sirva como homenaje al gran trabajo que realiza junto con su equipo, en el que hay muchos investigadores que se han formado en Batallones y que ahora son grandes científicos.

MNCN-CSIC

  • El gran peligro
    El gran peligro Primero fue la bomba atómica, que traía consigo lo que nunca había ocurrido: la posibilidad aterradora de que el ser humano fuera la primera especie capaz de destruirse a sí misma. Los temores de un invierno nuclear,…
  • Verdad científica y consenso
    Verdad científica y consenso No hace mucho, presenté un comentario sobre el calentamiento global y el cambio climático que trae aparejado, y los describí como “la más grande amenaza para la supervivencia humana”. En respuesta, más de un lector me acusó de estar…
  • ¿Cómo afecta al suelo la sustitución de pinares por encinares?
    Escrito por
    ¿Cómo afecta al suelo la sustitución de pinares por encinares? Un estudio realizado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales y del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals descubrió en 2016 que la cantidad de CO2 emitida por el suelo a través de…

ECOCULT041

Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

ECOCULTdinosaurio

ECOCULTcaballo

Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC