¿Vida artificial?

¿Vida artificial? Imagen superior: Craig Venter y Steve Coll, New America Foundation, CC

Entender la vida siempre ha sido complicado. Es claro que hay cosas que están vivas (plantas, animales) y otras que no lo están (una piedra). ¿En qué consiste la diferencia?

También es claro que algo que está vivo puede dejar de estarlo.

¿Qué pierde un ser vivo al morir? La respuesta más obvia tiene que ver con el aire: cuando un animal muere, deja de respirar. La palabra “alma” viene del latín anima, que a su vez deriva del griego anemos, “soplo”. Por eso en muchas religiones, la divinidad otorga la vida a sus creaciones insuflándoles el “soplo divino”; el alma.

Esta idea se desarrolló para convertirse en el vitalismo: la suposición de que un ser vivo lo está gracias a que tiene algún tipo de “fuerza vital”. Fue la explicación más aceptada sobre la vida durante prácticamente toda la historia de la humanidad.

En el siglo XIX la joven ciencia de la química comenzó a cambiar las cosas. Durante mucho tiempo, las sustancias se clasificaban en dos grandes clases: las orgánicas, que se suponía sólo los seres vivos podían producir, y las inorgánicas, que podían fabricarse sin necesidad de la fuerza vital. Pero en 1828 el químico alemán Friedrich Wöhler logró fabricar en el laboratorio, a partir de compuestos inorgánicos, una sustancia orgánica: la urea, un componente de la orina. A partir de ese momento, la distinción orgánico/inorgánico comenzó a resquebrajarse: quedaba abierta la posibilidad de que cualquier componente de un ser vivo pudiera producirse en el laboratorio. (Hoy el término “química orgánica” se refiere, simplemente, a la química del carbono).

Desde entonces, el aislamiento, purificación y análisis de las moléculas que forman a los seres vivos han permitido conocer cada vez con mayor detalle su composición molecular. Y la tecnología de síntesis química ha avanzado al grado de que hoy hasta los componentes más complejos de una célula, como ácidos nucleicos, proteínas y carbohidratos, pueden fabricarse bajo pedido, automáticamente.

El siguiente paso en la caída del vitalismo sería, por supuesto, producir una célula viva a partir de sus componentes químicos. El anuncio por el Instituto Craig Venter, en Estados Unidos, de la creación de la primera “célula sintética” fue un paso más en este camino. No es que se creara una célula completa, pero sí se logró “reprogramar” una ya existente, al trasplantarle un genoma construido artificialmente.

Un gran avance, sin duda, que reforzó la idea de que la vida es sólo una serie de procesos químicos de enorme complejidad. Pero el sueño de construir una célula viva completa a partir de sus componentes sigue pendiente… aunque quizá ya no por mucho tiempo.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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