Negacionismo

Se llama negacionismo a la tendencia, cada vez más extendida, a negar hechos bien establecidos científica o históricamente, debido a que van en contra de ciertas ideologías.

Entre los negacionismos más conocidos están el del cambio climático, que afirma que este grave fenómeno no existe, o bien que no es causado por el tremendo aumento en la concentración de dióxido de carbono y otros gases de invernadero en la atmósfera, producto de nuestro acelerado consumo de combustibles fósiles en los últimos dos siglos. Plantea en cambio que el aumento en las temperaturas promedio globales sería producto de ciertos “ciclos naturales” a pesar de los datos, obtenidos cuidadosamente durante décadas y exhaustivamente confirmados por distintos métodos, que permiten afirmar que se trata de un fenómeno real. Los negacionistas del cambio climático tampoco consideran que en los modelos para estudiarlo ya se ha tomado en cuenta el efecto de los ciclos naturales del Sol y de la Tierra, ni que el hecho del cambio climático global causado por el ser humano es aceptado por la inmensa mayoría de expertos mundiales en el tema.

Está también el negacionismo del sida, que afirma que no existe el virus que causa esta grave enfermedad, el VIH, o bien que el virus existe, pero no es el causante del sida. Nuevamente, afirmaciones basadas en ideas hoy claramente refutadas, como que la causa del sida es el uso de drogas o la desnutrición.

¿Por qué son peligrosos estos negacionismos? En primer lugar, porque son falsos a la luz de todo el conocimiento científico actual. En segundo, porque pueden objetivamente causar daño: si no aceptamos la realidad del cambio climático y sus causas, será todavía más difícil lograr que los gobiernos y empresas del mundo emprendan las costosas acciones que se requerirán ya no para evitarlo, pero sí para mitigar sus efectos. En el caso del sida, negar que es una infección viral contagiosa puede ocasionar nuevos e innecesarios contagios, al fomentar que la gente deje de protegerse.

Pero hay una tercera razón: los negacionismos son nocivos porque, al descalificar el conocimiento científico y los métodos, datos y argumentos que lo sustentan, y al presentar ideas absurdas basadas en datos falsos o sesgados como si fueran “teorías” válidas que deben discutirse en igualdad de condiciones con la ciencia legítima, socavan la confianza de los ciudadanos en la ciencia y el pensamiento crítico, y promueven la charlatanería, la creencia en conspiraciones y la credulidad.

Hay muchos otros tipos de negacionismo: el que niega que el ser humano haya llegado a la Luna; el que afirma que las vacunas son dañinas o inútiles; el que insiste en que nunca ocurrió el holocausto judío, o que la evolución es una ficción… Todos comparten una característica: se rehúsan a aceptar los datos que no concuerdan con sus ideas. La posibilidad de cambiar de idea, de ajustar sus convicciones a la luz de la evidencia, les es simplemente inconcebible, quizá porque los negacionistas basan gran parte su autoestima y su personalidad en las ideologías que defienden.

A diferencia de la ciencia, que avanza reconociendo sus errores y ajustando sus teorías, el negacionismo exige que el mundo se ajuste a sus creencias, pésele a quien le pese. En el fondo, el pensamiento negacionista es profundamente anticientífico.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura. Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

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