La tecnología como arte

Aunque sabemos que somos animales, no distintos ni superiores al resto de las especies vivas, los seres humanos no somos unos animales cualesquiera. Tenemos, como cualquier especie, particularidades que nos distinguen.

Quizá la que más valoramos es nuestra capacidad intelectual, y su producto más directo: la cultura. Y si es la cultura lo que nos hace humanos, es el arte, la expresión de nuestros sentimientos en forma de sonidos, palabras, imágenes, objetos o escenificaciones, la más humana de las manifestaciones de la cultura.

Comparados con los productos de la creatividad y sensibilidad artística, los armatostes creados por los ingenieros, que trabajan con sus manos para resolver problemas prácticos de la vida diaria, parecerían algo vulgar y pedestre. ¿Quién osaría comparar las sublimes creaciones inspiradas por las musas con los groseros artefactos producto de la técnica, sean éstos máquinas simples, mecanismos llenos de grasa y engranes, o enajenantes tecnologías digitales?

Y sin embargo, los creadores de tecnología no trabajan sólo con sus manos; aplican también su inteligencia y creatividad para imaginar soluciones no pensadas hasta ahora, posibilidades insospechadas. Luego se ponen a trabajar para explorarlas y volverlas realidad.

La tecnología tiene también su belleza. Pero para apreciarla, igual que ocurre con la ciencia, hay primero que entenderla. Un artilugio tan sencillo como un tornillo, que redirige el movimiento de rotación convirtiéndolo en avance en línea recta (sea el agua que sube o el tornillo mismo que se entierra en la madera), es ya una pequeña maravilla que hace posible algo que nadie había pensado antes.

Quien observe con atención y curiosidad, hallará mil y un ejemplos como éste. Una cerradura, la llave de un lavabo. El motor de combustión interna de cuatro tiempos que impulsa —todavía— a los automóviles que infestan las ciudades.

¿Y qué decir del diferencial de un auto, ese ingenio que permite que una rueda gire más rápido que su compañera al tomar una curva? (Sí: los automóviles no funcionan como los coches de juguete.) ¿Y la sutil sensibilidad al tacto de la pantalla de un teléfono “inteligente”? Por no hablar de la fantástica posibilidad de comunicarse, con sonido e imagen, instantáneamente, con alguien que está del otro lado del mundo, o de conectarse con una red de satélites en órbita para localizar con precisión las coordenadas del lugar en que estamos parados…

Entender el funcionamiento de estas máquinas, de estos maravillosos productos del intelecto y la creatividad humanas, puede causar asombro y placer indistinguibles de los que nos proporcionan la mas fina de las artesanías, o la más exquisita de las obras de arte. Sólo hay que apreciarlo.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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