El joven de Chan Hol

Los seres humanos actuales son el resultado del tercer intento de los dioses por crear al hombre, de acuerdo con el relato de los mayas quichés de Guatemala, el Popol Vuh: “La abuela Ixmucané tomó del maíz blanco y del amarillo e hizo comida y bebida, de las que salió la carne y la gordura del hombre, y de esta misma comida fueron hechos sus brazos y sus pies. De esto formaron el Señor Tepeu y Gucumatz a nuestros primeros padres y madres.” [I] 

El Popol Vuh consiste en una serie de relatos míticos sobre el origen del cosmos y sobre la historia primitiva de los pueblos que fueron recopilados y escritos en quiché y en castellano por el padre Francisco Ximénez a principios del siglo XVIII.

El primer hombre, hecho de barro, “hablaba, pero no tenía entendimiento y se deshacía en el agua.” En un segundo intento, fueron creados hombres de madera, quienes “se multiplicaron y tuvieron hijos e hijas, pero salieron tontos, sin corazón ni entendimiento.” Fue entonces que los dioses discutieron el asunto y decidieron crear de nuevo al hombre, esta vez a partir de la pulpa del maíz. Estos hombres de maíz son los ancestros de los actuales pueblos mayas.

El relato del Popul Vuh nos revela no sólo la intrincada relación de los mayas con la naturaleza y, en especial, con el maíz como fuente de vida y sustento. Nos da pistas también, como lo hacen otros mitos de la creación, sobre la concepción de los pueblos sobre el cosmos y sobre la pregunta universal sobre el origen y la razón de ser de nosotros mismos. En la mitología natural, el origen evolutivo del ser humano y su historia sobre el planeta se aborda con descubrimientos científicos, como el que anunció el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) en agosto de 2010.

El boletín de prensa del INAH [II] anunció el rescate de un esqueleto humano de las profundidades de una cueva inundada en Quintana Roo. El “joven de Chan Hol”, como fue bautizado el hombre al que corresponde el esqueleto, vivió hace más de 10,000 años en el noreste de la península de Yucatán, que entonces era un pastizal árido. Como el nivel del mar era menor de lo que es ahora, muchas de las cavernas en las que hoy en día se practica el buceo eran cuevas secas en las que los primeros habitantes de la península podían refugiarse y realizar actividades rituales.

El joven de Chan Hol fue enterrado ceremonialmente en la cueva, como lo demuestra la posición en la que fue encontrado el cuerpo. Poco a poco la caverna se inundó y el esqueleto permaneció oculto hasta que en el 2006 unos buzos aficionados lo hallaron a una distancia horizontal de más de 500 metros de la boca de la cueva y a una profundidad de poco más de ocho metros. Tras minuciosos estudios que han preservado el contexto arqueológico del sitio, el esqueleto fue finalmente extraído del lugar por un equipo interdisciplinario de científicos que estudiarán los restos para entender mejor la prehistoria de la península de Yucatán.

Desde hace tiempo se conocía evidencia de ocupación humana en la península de Yucatán hace cerca de ocho mil años, a través de restos hallados en Belice y en la cueva de Lol Tún, en el estado de Yucatán. Ya en el presente siglo, a través de huesos encontrados en cuevas inundadas, en circunstancias similares a las del joven de Chan Hol, se ha podido constatar la presencia humana en Yucatán a finales del Pleistoceno, hace más de 10,000 años. Es posible entonces que la península de Yucatán haya estado habitada sin interrupción desde los tiempos del joven de Chan Hol hasta nuestra época (ver Vázquez Domínguez y Arita 2010 para una breve historia de Yucatán en los últimos 65 millones de años). [III]

Fuente: Boletín de prensa del INAH, 24 de agosto 2010

[I] Los textos del Popol Vuh son de la versión de Albertina Saravia E. en la edición de Editorial Porrúa, México.

[II] Boletín de prensa del INAH, 24 de agosto de 2010.

[III] Vázquez-Domínguez, E. y H. T. Arita .2010. Ecography 33:212-219.

Copyright © Héctor T. Arita. Reservados todos los derechos. Publicado originalmente en Mitología Natural. Este artículo está bajo una licencia CC

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sitio Web: hectorarita.com/

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