El irresistible diálogo entre la ciencia y el arte

El irresistible diálogo entre la ciencia y el arte La fotógrafa Annie Leibovitz inmortalizó a Eileen Collins, la primera mujer piloto y comandante de un transbordador espacial / Eileen Collins (1999) – Annie Leibovitz. Cortesía de NASA Art Program

Arte y ciencia, ¿dos polos opuestos? Tendemos a creer que las jerarquías del conocimiento deben aislarse unas de otras, así que a casi nadie le sorprende que el científico y el artista ejerzan su labor en territorios en apariencia distantes. Sin embargo, cuadros como "La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp" (1632), de Rembrandt, o "Experimento con un pájaro en una bomba de aire" (1768), de Joseph Wright, inauguran una tradición que hoy alcanza su apogeo, y que nos lleva a reunir, en ese punto a medio camino entre la ciencia y la estética, a creadores como Katherine Dowson, Tim Bech, Cornelia Parker, Luke Jerram y Josiah McElheny. De hecho, hoy la ciencia ha encontrado en el arte un aliado para transmitir sus avances a la sociedad.

En el mayor laboratorio de física de partículas del mundo, las bibliotecas son un lugar sagrado al que los científicos acuden para seguir trabajando y perder de vista (aunque sea por unas horas) las paredes de su despacho. Rodeados de un silencio sepulcral, casi confundiéndose con las estanterías, tres jóvenes bailarines se contorsionan ante las miradas agradecidas de los físicos. Desconectar por unos minutos puede que les esté resultando más útil para llegar a su momento ‘eureka que una hora de estudio.

“Diferentes puntos de vista estimulan la creatividad, la imaginación y las formas de trabajar, además de abrirte los ojos a nuevos conocimientos”, nos explica Ariane Koek, directora y creadora de Arts@CERN, el programa artístico del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN).

Convencida de que arte y ciencia debían trabajar unidos, Koek propuso a la dirección del organismo desarrollar la política cultural del centro, basada en la creación artística. El requisito, que estuviera al mismo nivel que la científica y siguiera sus mismos criterios de exigencia. Así, en 2010, nacía Arts@CERN, formada por tres iniciativas: Collide@CERNAccelerate@CERN y el programa de Visitas de Artistas.

Emulando los choques de partículas que se recrean en sus laboratorios, “el objetivo es colisionar la mente y la imaginación de artistas y científicos para llegar a nuevas formas de pensar que se hagan realidad”, compara la directora artística.

El compositor estadounidense Bill Fontana es un ejemplo de este maridaje. Equipado con acelerómetros muy sensibles –una herramienta que detecta vibraciones–, Fontana se adentró en los 27 kilómetros que mide la galería del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) para grabar sonidos imperceptibles por el oído humano. “Cuando entras en el túnel sientes un sentimiento de respeto”, nos confiesa el artista, en videoconferencia desde San Francisco (EE UU).

El compositor Bill Fontana buscó en el LHC sonidos que el oído humano es incapaz de escuchar / Julian Calo-CERN.

“Me interesaba averiguar cómo viaja el sonido dentro del túnel”, asegura. Para ello registró cientos de grabaciones, acompañado muchas veces por su ‘padrino’ científico del programa Collide@CERN, el cosmólogo Subodh Patil. Entre los dos surgió un sentimiento de admiración y respeto mutuo que continúa en la actualidad.

“Lo que más me impresionó de Bill fue el espíritu empírico con el que se aproximaba a sus creaciones”, nos dice Patil. Hasta entonces, el cosmólogo pensaba en los artistas únicamente como creadores de obras, sin la curiosidad por el descubrimiento tan típica en los científicos. Una idea que cambió radicalmente al conocer al compositor.

Tina York, "Fluid Dynamics". Cortesía de NASA Art Program

Un oasis para los investigadores

La filosofía de Collide@CERN es que, cada año, en una residencia de tres meses, dos artistas elegidos por un jurado exploran los principios de la física de partículas conviviendo con los científicos en el laboratorio de Ginebra (Suiza). No tienen la obligación de producir ninguna obra al final de su estancia, pero la inspiración que experimentan es tal que, desde 2012 que empezó el programa, todos han terminado su residencia con una creación bajo el brazo.

“¡Bill Fontana creó una nueva pieza sonora a los tres días de estar con nosotros!”, exclama asombrada Koek. En esta experiencia, el papel de los científicos que apadrinan a los artistas es clave, y por eso son elegidos cuidadosamente por la organización.

Durante los meses que dura la residencia, los investigadores disfrutan de un paréntesis en su ritmo frenético de producción de resultados. Un oasis cultural que les permite reflexionar y conocer nuevos puntos de vista, con ideas de vanguardia que, a la larga, beneficiarán a su investigación. “Las esculturas sonoras de Bill, además de ser bellas en sí mismas, tienen una poesía en su concepción que, como físico, encuentro muy atractivo”, dice Patil.

Junto a Collide@CERN –financiado con fondos privados–, el programa artístico del CERN incluye Accelerate@CERN, residencia de un mes en el que participan artistas de un país concreto, y el programa de Visitas de Artistas, de uno o días.

Una experiencia de este tipo vivió Jayne Wilton, interesada en explorar todo lo relacionado con la respiración humana. Acompañada por Peter Hobson, físico de partículas en la Universidad Brunel (Reino Unido) e investigador en el experimento CMS del CERN, pasó dos días registrando las agitadas respiraciones de los físicos que andaban buscando el escurridizo bosón de Higgs, hace un par de años.

Bailarines de la compañía Gilles Jobin se confunden con las estanterías en el CERN / Gregory Batardon-CERN

Como cuando echamos el vaho frente a un espejo y se condensa, el experimento consistió en que los científicos respiraran sobre una superficie de cobre brillante, de forma que su huella se quedaba grabada para crear un negativo.

El resultado son formas evocadoras que plasman la interacción entre el investigador y su entorno. “Este trabajo emplea y trastoca los procesos de impresión tradicionales; es una alternativa al retrato”, indica Wilton.

"Grissom and Young", Norman Rockwell, 1965. Cortesía de NASA Art Program

La belleza de las máquinas

Además de este tipo de iniciativas centradas en los artistas, la física de partículas utiliza ilustraciones para hacer llegar conceptos complejos al público general. “Hemos hecho un esfuerzo importante para poder presentar los resultados de forma gráfica de una manera más accesible y atractiva, algo que se ve claramente con el LHC y las reconstrucciones del bosón de Higgs”, nos explica Isidoro García Cano, responsable de divulgación del CPAN, el Centro Nacional de Física de Partículas, Antipartículas y Nuclear.

El centro potencia la conexión entre arte y ciencia en numerosas iniciativas, como su concurso de divulgación o la exposición del fotógrafo Peter Ginter, que el CPAN trajo a España y que mostraba espectaculares imágenes sobre el proceso de construcción del Gran Colisionador de Hadrones.

Para dar a conocer los beneficios de la física de partículas a los ciudadanos, organizaron una nueva muestra con imágenes impactantes. “Los grandes experimentos como el LHC, los telescopios de rayos gamma MAGIC o la instrumentación para el futuro laboratorio de física nuclear (FAIR) tienen un componente visual muy importante; son realmente impresionantes y por eso, bellos”, destaca García Cano.

Sin cierto esfuerzo creativo resultaría complicado que esta rama de la física llegara al público, algo que la astronomía y astrofísica consiguen sin apenas esfuerzo.

Así se ve la huella de la respiración humana plasmada en una placa de cobre / Jayne Wilton 2012

Testigos de la historia de EEUU

Consciente de la emoción que despierta el cosmos, en 1962, James Webb, máximo responsable de la NASA, puso en marcha el Programa de Arte de la agencia espacial estadounidense.

“Un registro artístico del programa de exploración espacial de esta nación será valioso para las futuras generaciones y podrá ser una contribución importante en la historia del arte americana”, señaló Webb.

Mitchell Jamieson, "First Steps". Cortesía del Smithsonian National Air and Space Museum

Como consecuencia de los ajustes presupuestarios en la NASA, el proyecto, a día de hoy, está parado. “Ya no comisariamos artistas. Detuvimos el programa hace años por falta de fondos”, nos dice Bert Ulrich, su responsable desde los años 90.

Con 800 dólares de presupuesto en sus inicios, la iniciativa reunió a destacados artistas internacionales, que se convirtieron en los primeros ciudadanos en poder acceder a las instalaciones y laboratorios de la agencia, incluyendo las plataformas de lanzamiento y la posibilidad de hablar de tú a tú con científicos y astronautas.

A cambio de una pequeña compensación económica, la NASA les pedía que donaran a la agencia al menos una pieza artística que generaran de la experiencia. “Tenían total libertad para crear sus obras de arte. La NASA no iba a marcarles ningún estilo, como ocurrió con el realismo socialista de la Unión Soviética”, subraya Ulrich.

Dentro de este programa, la conocida fotógrafa Annie Leibovitz (premio Príncipe de Asturias) inmortalizó en 1999 a Eileen Collins, la primera mujer piloto y comandante de un transbordador espacial. La cara oculta de la Luna fue menos desconocida gracias a una recreación que Robert T. McCall pintó en 1969, y el escritor Ray Bradbury escribió una oda a los viajes espaciales. En total, alrededor de 200 artistas compusieron unas 3.000 obras, de las que se seleccionaron 50 para la exposición NASA-Arte: 50 años de exploración, organizada por el Smithsonian Institution Traveling Exhibition Service.

Probablemente lo más emotivo de la muestra fuera un crespón negro con forma de estrella, como homenaje a los siete astronautas fallecidos en el accidente del Columbia (2003), que la artista Chakaia Booker elaboró a partir de caucho y piezas de neumático de otro transbordador. En recuerdo del trágico suceso, la cantante Patti Labelle interpretó Way Up Therenominada al Grammy.

Un crespón negro de caucho y neumático recuerda a los astronautas fallecidos en el accidente del Columbia /Remembering Columbia (2006) - Chakaia Booker. Cortesía de NASA Art Program

La mirada científica del artista

Esta emoción que transmite el arte también llega a la neurociencia. “Si lo pensamos bien, el trabajo de un pintor no es muy diferente al de un neurocientífico”, explica Luis Miguel Martínez Otero, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante (UMH-CSIC).

Él intenta comprender cómo el cerebro interpreta visualmente el universo, a partir del reflejo en dos dimensiones que este proyecta sobre las retinas. Con esa proyección, y utilizando reglas que todavía no se conocen bien, el ser humano es capaz de reconstruir una imagen subjetiva del entorno que le rodea. El pintor, por su parte, trata de generar en un soporte bidimensional, un lienzo, sus impresiones sobre el mundo, utilizando sus propias reglas. Y aquí está el paralelismo.

“El cerebro ‒dice‒ parte de una imagen plana para generar una impresión subjetiva del mundo, y el pintor (el cerebro del pintor) termina representando en una imagen plana su impresión subjetiva del mundo”, equipara el investigador. “No sería extraño que las reglas funcionales del cerebro y la lógica creativa de los pintores fuesen esencialmente las mismas”.

“Servicing Hubble”, de  John Solie. Cortesía de NASA Art Program

A pesar de estas similitudes, el arte nunca podrá ser considerado como una ciencia, puesto que no sigue el método científico, ni tampoco persigue los mismos objetivos. “La ciencia puede ser usada como materia prima del arte –se puede escribir un poema a una supernova–, mientras que el arte no puede ser usado como materia prima de la ciencia, que solo tiene acceso a la observación de la naturaleza y al contraste entre teoría y experimentación”, nos explica el físico y escritor Juan José Gómez Cadenas, profesor de investigación del CSIC y director del experimento NEXT en el Laboratorio Subterráneo de Canfranc (LSC).

En este noviazgo entre disciplinas, la figura del genial Leonardo da Vinci (siglos XV-XVI), maestro de ambas, se convierte en una especie de Cupido. “En aquella época los grandes sabios lo eran en las artes y las ciencias. Hoy en día se tiende a la especialización”, comenta Marta Macho-Stadler, matemática de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

La filosofía de Leonardo –según Martínez Otero– la han seguido otros muchos personajes como Salvador Dalí, que integraba en sus obras los nuevos descubrimientos científicos. “A día de hoy sigue habiendo muchos Leonardos tendiendo puentes”, mantiene.

Opiniones aparte, es un hecho que arte y ciencia son manifestaciones de la cultura humana, diferentes aproximaciones para interpretar la realidad. Ambas avanzan planteándose preguntas y se necesitan para explorar juntas la belleza que nos rodea. Gómez Cadenas lo resume de la siguiente manera: “La percepción de la naturaleza y del ser humano precisa de ambas ópticas. Para entender un agujero negro o una estrella de neutrones en todas sus dimensiones, necesitamos verlos con los ojos de la ciencia y del arte, que nos llevan a interpretaciones complementarias y a apreciar diversos ángulos de esa misma belleza”.

"El gran masturbador" (1929). Óleo sobre lienzo. 110x150 cm. / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Fundación Gala Salvador Dalí, VEGAP, Madrid 2012

Salvador Dalí y la ciencia

En sus últimos años de vida, al anciano Salvador Dalí le costaba mucho esfuerzo leer. Por eso, Montserrat Aguer se convirtió en su lectora. La hoy directora del Centro de Estudios Dalinianos de la Fundación Gala-Salvador Dalí le leía las obras que el artista pedía, entre ellas, la revista Scientific American,puntera en información científica. “Mostraba un gran interés por su contenido”, confiesa Aguer. Por eso, no es de extrañar que, cuando falleció, en su mesilla de noche descansara el libro What is life?, del físico Erwin Schrödinger.

“No podemos entender la obra de Dalí en su totalidad sin la influencia de la ciencia”, asegura Aguer. La curiosidad científica no fue una pasión tardía del artista, y hay documentos gráficos de 1927 que así lo corroboran. En una fotografía en blanco y negro, Salvador Dalí, con 23 años, posa junto a su amigo Federico García Lorca y un grupo de escritores de la revista L’Amic de les Arts. Bajo el brazo el artista sostiene el número de junio de Science and Invention.

“Esta imagen indica que Dalí estaba muy atento a la actualidad científica desde muy joven”, nos explica el físico Jorge Wagensberg, director científico de la Obra SocialLa Caixa”. El pintor estaba suscrito a numerosas revistas científicas y su biblioteca la formaban decenas de libros de física, matemáticas, biología y psicología, con anotaciones en los márgenes y preguntas que el mismo Dalí se encargaba de trasladar a los científicos.

En 1985, Wagensberg, joven físico de la Universidad de Barcelona, organizó un debate titulado ‘Cultura y ciencia: determinismo y libertad’. “Cuando Dalí se enteró, me invitó a celebrarlo en su Museo, en Figueres (Girona)”, afirma. Investigadores, filósofos, escritores y artistas componían el selecto público del simposio, al que asistieron premios Nobel y otros científicos de primer nivel como Ilya Prigogine, Peter Landsberg, Günter Ludwig, René Thom y Ramón Margalef

Dalí, con un estado de salud delicado, contempló todas las ponencias a través de un televisor y saludó uno a uno a los participantes. Cuestiones trascendentales como las leyes de la naturaleza, el tiempo o el azar fueron algunos de los temas que allí se abordaron, todos ellos tratados por el artista durante su carrera. Una carrera a través de la cual se pueden analizar los principales hallazgos científicos del siglo XX.

“Sus relojes blandos evocan claramente la teoría de la relatividad de Einstein y la distorsión espacio-temporal que describe”, afirma Andrés Aragoneses, profesor del departamento de Física y Energía Nuclear de la Universidad Politécnica de Cataluña. Sin embargo, en el congreso celebrado en Figueres en 1985 sobre cultura y ciencia, Dalí, haciendo gala de su ironía, desmintió esta hipótesis y afirmó que simplemente trataba de imitar la caída de los quesos camembert bajo los rayos del sol.

Otra de sus pinturas más atrevidas, El gran masturbador (1929), presenta elementos de claro simbolismo psicoanalítico y autobiográfico, al evidenciar una de sus obsesiones: el sexo. Años después de pintarlos, el artista hizo realidad uno de sus sueños y conoció en persona a Freud. El 19 de julio de 1938, en Londres, Dalí pintó un retrato del científico. En la misma línea, Dalí plasmó los principios de la física cuántica. “En esas obras en que, según se miren, se ve una cosa u otra, se refleja claramente un complejo y abstracto concepto de física: el principio de incertidumbre de Heisenberg”, apunta Aragoneses.

Pero sería otro tipo de física, la nuclear, la que sacudiría por completo al artista. Así se lo reconoció al escritor André Parinaud: “La explosión atómica del 6 de agosto de 1945 me había estremecido sísmicamente. Desde aquel momento, el átomo fue mi tema de reflexión preferido”. Tras lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki, Dalí comenzó a plasmar la materia descomponiéndose en numerosas obras y desarrolló su conocida pintura corpuscular, difícilmente separable del misticismo religioso.

Emulando a los más grandes del Renacimiento, en medio de su fiebre nuclear se enfrascó en uno de sus cuadros más complejos, Leda atómica (1949), para el que se estudió a fondo el tratado de la divina proporción de Luca Pacioli. En él, la imagen de Gala se transforma en Leda, un personaje mitológico griego, que parece flotar sin tocarse con ningún otro elemento. Se trata de una maravilla geométrica, inapreciable a simple vista, en la que Dalí, con la ayuda del matemático Matila Ghyka, consiguió sintetizar la tradición pitagórica respetando la proporción áurea.

“Un científico tiene una idea pero no siempre se da cuenta de lo esencial y además, tiene que convencer a los demás. Dalí reunía estos tres rasgos: tenía la idea, se daba cuenta y convencía. Se dio cuenta de la teoría fractal antes que Benoît Mandelbrot, como él mismo reconoció después”, apunta Wagensberg

Uno de los descubrimientos más trascendentes de la historia estaba a punto de llegar. El 25 de abril de 1953, la revista Nature publicó un artículo de James Watson y Francis Crick en el que describían la arquitectura de la estructura molecular del ADN, que les haría ganadores de un Nobel. Darle forma a esta poderosa biomolécula, que contiene la información genética de todos los seres vivos, llevó prácticamente al éxtasis a Dalí. “¡Hoy la única estructura legítima es la estructura molecular del ácido desoxirribonucleico!”, repetía ante los periodistas, le preguntaran o no por el hallazgo. Se enorgullecía de pronunciar la compleja palabra,cuyas sílabas arrastraba exageradamente.

Pintó Paisaje de mariposa (El gran masturbador en paisaje surrealista con ADN) (1957) y Galacidalacidesoxyribonucleicacid (1963), en la que Gala asiste al milagro de la vida, entre estructuras de ADN e iconos religiosos. “Esto es para mí la prueba verdadera de la existencia de Dios”, aseguró.

Una de las últimas teorías que interesó al pintor fue la de las catástrofes, del matemático francés René Thom. La idea de conseguir un orden de comprensión en el desorden de la discontinuidad se le antojaba sublime, puesto que era una forma de tener seguridad frente al destino, que tanto le asustaba. El mismo Thom se enfrentó al químico Prigogine en el congreso de Figueres de 1985 y Dalí, ya muy mayor, les pidió que hicieran las paces. Era una de las batallas contra las que luchó hasta el final de sus días, porque detestaba la especialización excesiva.

Matemáticas que se funden con la literatura

Fruto de la curiosidad y de la experimentación han surgido géneros híbridos, como la divulgación poética o la poesía científica. Es el caso de la literatura experimental OuLiPo (Ouvroir de Litttérature Potentielle en francés, que significa Taller de Literatura Potencial). Creado en 1960 a iniciativa del escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais, OuLiPo rechaza la inspiración como única fuente creativa y propone a los escritores nuevas estructuras de naturaleza matemática que apoyen esta creatividad.

“Las matemáticas subyacen fundamentalmente en la estructura de los textos: a veces son de tipo combinatorio –cien mil millardos de poemas–, existen textos que siguen las aristas de un determinado grafo, se juega con los desplazamientos y algunos ser rigen por movimientos de ajedrez”, enumera Marta Macho-Stadler, codirectora del taller OuLiPo que el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) y el Círculo de Bellas Artes organizaron hace unos meses en Madrid.

Otro ejemplo es el texto Mai quai Conti, un homenaje a la Comuna de París (1871) de la mano del teorema de Pascal, en el que el problema geométrico y el texto se desarrollan al mismo tiempo que se va demostrando el teorema. “Un teorema bien demostrado puede ser tan sublime como el más bello de los poemas”, sostiene la matemática.

"Burned Retina" (2000), de Doug y Mike Starn. Cortesía de NASA Art Program

 

Laura Chaparro

Periodista especializada en información científica. Colaboradora en el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

Los artículos de Laura Chaparro aparecen en The Cult por cortesía de SINC.

Sitio Web: www.agenciasinc.es/

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