Cómo alcanzar nuestros propósitos

Cómo alcanzar nuestros propósitos Imagen superior: Philippe Put, CC

Muchos de nosotros iniciamos el año con determinados proyectos ‒ponernos en forma, aprender una nueva habilidad, cambiar de hábitos a la hora de comer‒ . Pero si realmente deseamos hacer estas cosas, ¿por qué esperamos para ello hasta una fecha arbitraria, que no señala otra cosa que una convención temporal? La respuesta nos dice algo importante acerca de la psicología de la motivación, y también sobre lo que ignoran las teorías populares acerca del autocontrol.

Lo que pretendemos no es sencillo. A la hora de acostarse, es posible que usted desee levantarse temprano y salir a correr, pero cuando se activa la alarma del despertador, en realidad su deseo es permanecer en la cama. Cuando se aproxima un día de examen, puede que usted aspire a ser el tipo de persona que se pasa las tardes estudiando, pero en cada una de esas tardes, lo que en verdad querría es pasar el rato con sus amigos.

Uno puede valorar estas contradicciones como fracasos de nuestro autocontrol: en cierto modo, los impulsos de los placeres temporales logran sustituir a nuestros intereses a largo plazo.

Una de las teorías de moda sobre el autocontrol, propuesta por Roy Baumeister en la Universidad Estatal de Florida, es la del ‘ego-agotamiento’. Esta teoría afirma que el autocontrol es como un músculo. Esto significa que puede agotarlo en el corto plazo, lo que significa que todas las tentaciones que uno resiste hacen que sea más probable ceder a la siguiente tentación, incluso si se trata de la tentación de hacer algo completamente diferente.

Algunos experimentos de laboratorio parecen apoyar este modelo de recursos limitados de la fuerza de voluntad. Las personas que tuvieron que resistir la tentación de comer chocolate tenían luego menos éxito a la hora de resolver rompecabezas difíciles, cuya resolución requería un espíritu concentrado, y por consiguiente, fuerza de voluntad.

Por su parte, los estudios acerca de resoluciones judiciales muestran que, cuantas más decisiones tomen sin un descanso para comer los responsables de una junta de tratamiento penitenciario, serán menos indulgentes. Tal vez, al final de una larga mañana, ha decrecido el autocontrol necesario para un juicio deliberativo, propiciando una política de encierro más dura.

Un corolario de esa teoría "muscular" es que, en el largo plazo, usted puede fortalecer su fuerza de voluntad por medio de la práctica. Así, por ejemplo, Baumeister descubrió que las personas a quienes, a lo largo de dos semanas, se les asignó el objetivo de mantener la espalda recta siempre que les fuera posible, detectaron una mejoría de la fuerza de voluntad cuando se les preguntó de nuevo en el laboratorio .

Sin embargo, la teoría del agotamiento del ego ha recibido críticas. Mi problema con ella es que reduce nuestra fuerza de voluntad a algo parecido a la reserva de gasolina en el depósito. No sólo me parece una visión demasiado simplista, sino que deja de lado el problema esencial del autocontrol: ¿quién o qué está controlando a quién o qué? ¿Por qué se da el caso de que deseemos, a un tiempo, ceder a una tentación y resistirnos a ella?

Además, y lo más importante, la teoría tampoco da ninguna explicación al hecho de que esperemos al día de Año Nuevo para comenzar a ejercer nuestro autocontrol. Si la fuerza de voluntad fuera un músculo, deberíamos ejercitarla tan pronto como fuera posible, en lugar de esperar a una fecha tan arbitraria.

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Imagen superior: Pimoo the french photographer, CC

Una batalla de voluntades

Hay otra explicación puede responder a estos interrogantes, aunque no sea tan susceptible de ponerse de moda como el agotamiento del ego. El libro Breakdown of Will, de George Ainslie, propone una teoría del ego y el autocontrol que utiliza la teoría de juegos para explicar por qué tenemos problemas con nuestros impulsos, y por qué nuestros intentos de controlarlos surgen del modo en que lo hacen.

La explicación de Ainslie comienza con la idea de que tenemos, en nuestro interior, un gran número de impulsos competitivos, que además aparecen en diferentes escalas temporales: el yo que quiere quedarse en la cama cinco minutos más, el yo que quiere empezar el día con una carrera, el yo que quiere estar en forma para la media maratón de abril... Es importante destacar que el poder relativo de estos impulsos cambia a medida que se acerca su plazo en el tiempo. En primer término, la idea de despertarse pronto gana frente a la de quedarse algo más en la cama, pero el asunto cambia cuando son las cinco de la mañana. Ainslie nos ofrece una relación detallada de por qué esto sucede, y qué implicaciones importantes tiene en nuestro autocontrol .

De acuerdo con esta teoría, nuestras preferencias son inestables e inconsistentes. En realidad, son el producto de una guerra entre nuestros impulsos, que compiten entre sí, buenos y malos, a corto y largo plazo. Por lo tanto, un propósito de Año Nuevo podría ser visto como una alianza entre estas motivaciones que compiten, y que, al igual que cualquier otra alianza, puede disolverse con facilidad.

Las adicciones son un buen ejemplo, ya que el objetivo a largo plazo ("No ser un alcohólico") requiere la coordinación de muchas metas pequeñas ("No pararse a tomar una copa a las 4", "No hacerlo a las 5", "No hacerlo a las 6", y así sucesivamente), ninguna de las cuales es esencial. Usted puede tomar una copa a las 4 de la tarde, y aun así, ser un bebedor moderado. Incluso se puede tomar otra copa también a las 5, pero en algún lugar, a lo largo de la línea de todas estas pequeñas decisiones, se plantea un fracaso a la hora de mantener ese objetivo más amplio.

Del mismo modo, si usted desea ponerse en forma en el nuevo año, no necesariamente tiene que ir a correr el 1 de enero, ni siquiera el 2 de enero, pero si no empieza a hacer ejercicio un día en particular, entonces nunca logrará su objetivo más amplio.

Desde la perspectiva que plantea Ainslie, la fuerza de voluntad es un juego de negociación que protagonizan nuestras fuerzas interiores, y como cualquier conflicto de intereses, si el límite entre lo aceptable y lo inaceptable no está claramente definido, la pequeñas infracciones pueden aumentar rápidamente. Por esta razón, dice Ainslie, los propósitos se agrupan con líneas claras, distinciones consistentes, admitidas sin discusión. La línea entre el consumo moderado de alcohol y el consumo problemático no es clara (y es susceptible de serlo aún menos cuando se llega al cuarto vaso). Sin embargo, la línea que separa al abstemio y al bebedor es cristalina

Por esa razón, las recomendaciones sobre buenos hábitos se formulan con expresiones como "Haz esto cada día", y las dietas tienden a incluir consejos absolutos, como "Sin gluten ", "Sin postre" o "Ayuno cada martes y jueves". Sabemos que si dejamos margen para la duda, aunque nuestras intenciones sean buenas, vamos a socavar nuestros propósitos cuando estemos bajo la influencia de nuestros impulsos más inmediatos .

De este modo, Ainslie responde a nuestra pregunta de por qué nuestros propósitos comienzan el 1 de enero. La fecha es completamente arbitraria, y sin embargo, nos proporciona una línea clara que nos sirve para dividir los viejos y los nuevos hábitos.

El resultado práctico de esta teoría es que si nos planteamos un propósito, debemos formularlo de manera que, en cada uno de sus plazos, quede absolutamente clara nuestra vinculación con él. Es cierto que las líneas claras son arbitrarias, pero ayudan a establecer una tregua entre nuestros distintos intereses.

Copyright del artículo © Tom Stafford. Previamente publicado en Mind Hacks. Editado con licencia CC.

Tom Stafford

Tom Stafford es profesor de Psicología y Ciencias Cognitivas en la Universidad de Sheffield. Como columnista, escribe sobre neurociencias en la BBC y en la revista The Conversation.

Entre sus campos de investigación, figuran el aprendizaje y la toma de decisiones. Es miembro de la British Psychology Society, la Cognitive Science Society y la Experimental Psychology Society

Su blog, Mind Hacks fue galardonado con el Scientific American Science and Technology Web Award en 2005 y fue listado entre los 30 mejores blogs de ciencia por The Times en 2010.

Es autor de los libros Mind Hacks: Tips & Tools for Using Your Brain (en colaboración con Matt Web, 2004), The Narrative Escape (2010), Explore Your Blind Spot (2011) y Control Your Dreams (2011).

Los artículos de Tom Stafford, originalmente publicados en Mind Hacks, tienen una licencia CC, con la que también se publican, traducidos al español, en The Cult.

Sitio Web: mindhacks.com/

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