Ciencia y libertad

Ciencia y libertad Imagen superior: NASA

“La verdad os hará libres”, dice la conocida frase. Y si bien la ciencia no ofrece verdades, sino conocimiento confiable (siempre sujeto a revisiones, pero útil para resolver los problemas que preocupan a los científicos), sí se puede afirmar que el conocimiento científico ayuda a hacernos más libres.

Pero tal conclusión no es evidente. Hay quien opina que la ciencia disminuye nuestra libertad, nos esclaviza.

Las razones son varias. Por una parte, la asfixiante tecnología moderna, producto directo del conocimiento científico, es parte cada día más inseparable de nuestra vida cotidiana. En un sentido muy real, los ciudadanos del siglo XXI somos esclavos de nuestros automóviles, televisores y teléfonos celulares; del correo electrónico, las tarjetas de crédito y las cámaras de TV que nos vigilan…

Pero aunque lo anterior es cierto, también lo es que la tecnología nos permite hoy hacer cosas que hasta hace poco resultaban imposibles. Viajar de un continente a otro en sólo unas horas, comunicarnos instantáneamente mediante voz o imágenes con alguien al otro lado del mundo, colocar robots en la superficie de otro planeta para que lo recorran y nos informen de sus hallazgos… Y, claro, por molesta que resulte, la tecnología también nos permite tener seguridad en espacios amenazados por la delincuencia, como calles, casas y aeropuertos.

Se dice que otra forma en que la ciencia nos quita libertad es al proporcionar explicaciones de fenómenos que hasta hace poco eran misteriosos. Enigmas como el funcionamiento del cosmos, primero, y luego de la evolución, la herencia y próximamente quizá de la conciencia —clave de lo que nos hace humanos— han sido o están siendo resueltos por la ciencia.

Este mayor conocimiento limita y reduce el campo de lo posible. La ciencia nos va revelando que cosas que antes creíamos factibles son en realidad imposibles. Hoy sabemos que no pueden existir pegasos ni unicornios; que los hechizos no curan ni atraen al ser amado; que los eclipses no causan malformaciones congénitas, y que la telepatía o los fantasmas son sólo fantasías útiles para películas de terror o novelas de ciencia ficción.

En cierta forma, al separar lo posible de lo imposible la ciencia pareciera quitarnos libertad. Hoy nuestra imaginación es menos libre de volar por donde quiera.

Pero a cambio, esta pérdida de libertad nos acerca más a la realidad. Como el niño que aprende que no puede ser hechicero, pero quizá sí astronauta, la ciencia nos ayuda a engañarnos menos. Gracias a ella, somos menos crédulos. Y por ello, a pesar de todo, más libres.

Copyright © Martín Bonfil Olivera. Artículo publicado previamente en "¿Cómo ves?", revista mensual de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y reproducido en "The Cult" con fines no lucrativos. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura.

Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

Sitio Web: sites.google.com/site/mbonfil/

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