"The Artist" (Michel Hazanavicius, 2011)

The Artist

Ocurrió hace demasiado tiempo. En realidad, ya sólo lo recuerdan los románticos que rumian sus nostalgias con celuloide en blanco y negro. El cine sonoro acabó con el mudo, y con el paso de los años, nos fuimos olvidando de la poesía y de las estrellas del cine silente.

En The Artist, Michel Hazanavicius se esfuerza en recordar con exquisita sensibilidad aquel periodo en el que Hollywood conocía todas las definiciones de la palabra magia.

Sí, ya sé que estoy recomendando una película muda y en blanco y negro. Pero The Artist atesora encanto, diversión, melodrama del bueno y unas interpretaciones fabulosas. Todo ello la convierte en un curioso fenómeno cinematográfico que –ya lo veréis– será mencionado más de una vez durante la ceremonia de los Oscars.

El protagonista, Jean Dujardin, colaboró con Hazanavicius en las dos entregas de OSS 117. Aquí da vida a George Valentin, una estrella del mudo que, como le ocurrió en la vida real a John Gilbert, debe bajar de su trono cuando el jefe de los Kinograph Studios, Al Zimmer (memorable John Goodman) es seducido por los micrófonos y los altavoces.

Aunque está casado con una mujer con la que tiene un trato cada vez más glacial (Penelope Ann Miller), el amor de George Valentin es la bella y pizpireta corista Peppy Miller (la francoargentina Bérénice Bejo), una joven que, en ese momento clave, viaja de la nada al infinito.

The Artist

A estas alturas, más de un lector estará pensando en Ha nacido una estrella o en Cantando bajo la lluvia, dos películas que funcionan como referencias para Hazanavicius, pero que no restan originalidad a su propuesta.

Con su carrera en ruinas, George conserva el apoyo de su chófer, Clifton (James Cromwell), y de su terrier Uggy (Por favor, que le den un Óscar a este perro).

Naturalmente, éste es un melodrama, así que no voy a revelar lo que viene después.

Aunque puede disfrutar de ella el gran público, The Artist es la típica película que originará emocionadas conversaciones entre los cinéfilos. Y es que uno no sabe hacia dónde dirigir más elogios, si hacia los actores, hacia la espléndida fotografía de Guillaume Schiffman o hacia la banda sonora de Ludovic Bource.

Notas de Michel Hazanavicius

«Hace siete u ocho años –nos dice el realizador–, estuve dándole vueltas a la idea de hacer una película muda, probablemente porque los grandes directores míticos que más admiro proceden del cine mudo: Hitchcock, Lang, Ford, Lubitsch, Murnau, Billy Wilder (como guionista)... Pero sobre todo porque como director tienes que afrontar la responsabilidad de contar la historia de una forma muy especial, sobre todo el director, porque en este género todo está en la imagen, en la organización de los signos que estás enviando al público. Y es un cine emocional, sensorial; al no tener que ir a través de los textos te devuelve a una forma básica de contar una historia que sólo funciona sobre los sentimientos que has creado. Es una forma fascinante de trabajar.

Ha sido fundamental la aportación de Thomas Langmann, que no es un productor como los demás, porque no sólo se tomó muy en serio todo lo que yo le dije sino que vi en sus ojos que creía en ello. Esta película ha sido posible gracias a él.

La escribí muy rápido, en cuatro meses. Desde el principio tuve claro que quería volver a trabajar con Jean Dujardin y Bérénice Béjo en la historia de un actor del cine mudo que no quiere oír nada del cine sonoro. Me centré en este personaje, pero tanto pronto como se me ocurrió la idea de la joven extra y de sus destinos entrelazados, todo estuvo en su lugar y cobró sentido, incluso en los temas: orgullo, fama, vanidad... Y una anticuada visión del amor, muy puro, que también concuerda con la forma.

En efecto, las películas mudas que, en mi opinión, han envejecido mejor, las que mejor soportan mejor el paso del tiempo, y no quiero compararme en absoluto con ellas, son los melodramas. Es un género ideal para el formato: historias de amor muy sencillas, historias que son grandes películas, incluso obras maestras. Pero había que ver si el público actual querría ver esas películas...

En todo caso, esos títulos me dieron ganas de ir en esa dirección, pero siendo más ligero, más optimista, más alegre a pesar de todo.

De todas formas, lo más complicado fue convencerme de que este proyecto valía la pena, porque va contra las tendencias actuales, es casi anacrónico: ¡estábamos en medio de la locura por Avatar, en plena moda del 3D!

Mientras trabajaba en el guión, pensaba en muchas películas mudas, en las de Murnau, especialmente en Amanecer (1928), City Girl (1930)... en las películas de Frank Borzage, aunque Murnau es más intemporal, incluso moderno. William Fox, el fundador de la Fox, animó a Borzage y a John Ford para que vieran la obra de Murnau. Fox lo había llevado a Estados Unidos porque pensaba que era el mejor director del mundo. Después de ver esas películas, Ford hizo Cuatro hijos, una película magnífica que se parece mucho a las de Murnau, como si se estableciera un emocionante diálogo entre los dos directores.

Al principio vi todas las películas que pude: alemanas, rusas, americanas, británicas, francesas, pero al final fueron las películas mudas americanas las que más me inspiraron porque se adecuaban más a los personajes, a la historia...

The Crowd (Y el mundo marcha, 1928), de King Vidor, es un ejemplo conmovedor. También las películas de Chaplin, aunque su trabajo es muy especial, único. También me influyeron las películas de Eric Von Stroheim... Una de mis favoritas es The Uknown (Garras humanas, 1927), de Tod Browning. Y algunas increíbles de Fritz Lang, que me influyeron enormemente, aunque no tengan nada en común con mi película.

Además, leí montones de libros: biografías de actores y directores, entre otros. La investigación es muy importante, pero no para para ser más realistas sino como trampolín para el imaginario, como los cimientos de una casa, para alimentar la historia, el contexto, los personajes... En The Artist hay ecos de Douglas Fairbanks, Gloria Swanson, Joan Crawford y los más lejanos de la historia de Greta Garbo y John Gilbert.

Para los que amamos el cine, buscar las localizaciones en este caso fue una experiencia fantástica. Visitamos todos los estudios, en los que Chaplin rodó La quimera del oro, Luces de la ciudad, etc., los de Mack Sennett, Douglas Fairbanks... ¡fue increíble! La casa de Peppy en la película es la de Mary Pickford... estuvimos en lugares míticos.

Aunque dejo cierto margen para tomarme alguna libertad, la dirección es sólo una continuación del guión y todo le tenía previamente recogido en un storyboard, porque necesitaba saber que todo se narraba bien, que se entendía bien. Me gusta componer los fotogramas, definir cada plano, me gusta que cada plano tenga sentido, jugar con los contrastes, las sombras, situarlos en los fotogramas, encontrar una escritura visual, códigos... todo eso me encanta.

Rodamos The Artist en 35 días, terminamos agotados, pero estábamos allí, en Hollywood, unos cuantos franceses entre todos aquellos americanos, pero formábamos un equipo, e hicimos la película que queríamos. Todo fue muy emocionante.

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Copyright de la crítica © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © La Petite Reine - Studio 37 - La Classe Américaine - JD Prod - France 3 Cinéma - Jouror Productions - uFilm. Cortesía de Alta Classics. Reservados todos los derechos.

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