Crítica: "Underworld: Guerras de sangre" (Anna Foerster, 2016)

El cine fantástico está hecho de grandes saltos, de movimientos novedosos y también de fórmulas y secuelas. En realidad, la reiteración de un modelo forma parte esencial de eso que llamamos género, y que en realidad, no es otra cosa que volver a contar una historia que merece ser repetida.

Todo este preámbulo es mi forma de decir que la audiencia de Underworld: Guerras de sangre no espera una vuelta de tuerca a la franquicia, sino una nueva remesa de los mismos ingredientes que la fundamentan. A saber: vistosas peleas entre los vampiros y la horda de los licántropos, vestuario de cuero y látex negro, filtros de color azul metálico en la fotografía, mucha munición ultravioleta, y por supuesto, intrigas bizantinas en el seno de la aristocracia vampírica.

A eso se limita el asunto, y no parece que nadie en el equipo de producción pretenda otra cosa. Quien no sepa ver esto es porque le ciega el anhelo de originalidad.

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Cuando uno acepta que Underworld: Guerras de sangre es una nueva remezcla de brebajes ya probados, encontrará ‒quizá‒ un cierto placer culpable en esta serie. Una saga que, por otro lado, cada vez recibe una mayor inspiración de la fantasía heroica, a tal extremo que, bajo la hemoglobina y las metamorfosis lobunas, hay pasajes donde ‒salvadas las enormes distancias‒ aflora el recuerdo de Tolkien o de George R.R. Martin.

No me malinterpreten: la calidad narrativa o la poesía se evaporan en esa inspiración literaria. De hecho, el guión y sus matices no son lo más notable de esta nueva entrega, sino, una vez más, el vaivén frenético de los personajes en un escenario de guerra nocturna.

De la realización se ocupa la debutante Anna Foerster, que asume como propio el estilo habitual en el thriller de acción moderno, con ese montaje epiléptico al que nos tienen malacostumbrados últimamente. Agradezco, en este sentido, algún episodio que escapa de esa maldición contemporánea que es la shaky-cam.

En cuanto a la trama, digamos que viene a desarrollar la situación en la que se queda la vampira Selene (Kate Beckinsale) cuando a licántropos y a vampiros les empieza a resultar imprescindible dar con el paradero de su hija Eve.

Dentro del despiste que me invade durante buena parte del metraje ‒ya habrán entendido que no soy un fan acérrimo de Underworld‒, me agrada que Foerster cuente con intérpretes con el empaque de Charles Dance, Tobias Menzies o Lara Pulver.

Por lo demás, me temo que aquellos que no sean unos seguidores fieles de la franquicia le encontrarán escasos alicientes a esta producción. Sólo hay que contar el número de flash-backs para calibrar ese problema.

Sinopsis

Underworld: Guerras de sangre, quinta entrega de la saga, supone un retorno a la estética tenebrosa introducida en Underworld, la película original que tanto éxito alcanzara en 2002. Underworld: Guerras de sangre es realmente un regreso a las raíces, la mitología y los usos del pasado", comenta el productor Richard S. Wright, de Lakeshore Entertainment. "El diseño de decorados, el vestuario, toda la visión sigue más la línea de la primera película de Underworld que de la cuarta". La directora Anna J. Foerster, que debuta en la saga con este título, disfrutó ante la perspectiva de devolver la serie a sus orígenes. "Me gustó mucho la primera Underworld, porque hacía una gran declaración sobre ese mundo y su aspecto", señala.

Underworld: Guerras de sangre, filmada en Europa del Este, al igual que la primera Underworld, evoca una atmósfera del Viejo Continente que rinde homenaje al ADN estético de la serie. Pero además, el guion de Cory Goodman amplía la mitología de la saga, al introducir un nuevo mundo glacial que lleva a Selene, el personaje interpretado por Kate Beckinsale, hasta sus límites. "Uno de los elementos más interesantes de la película es la comunidad nórdica de vampiros", opina Gary Lucchesi, presidente de Lakeshore Entertainment. "Nunca habíamos visto a estos vampiros".

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Para sumirse en el mundo de Underworld: Guerras de sangre con una perspectiva nueva, los productores ficharon a Foerster, una versátil cineasta de origen alemán que aportó al proyecto una amplia experiencia en el terreno de la acción. Ya había dirigido anteriormente secuencias de acción de segunda unidad en espectáculos de gran presupuesto como El día de mañana, trabajado en efectos visuales para superproducciones como Independence Day, y dirigido capítulos de la serie de viajes en el tiempo nominada al Emmy del canal Starz Outlander. "El currículum de Anna en el terreno de la acción, junto con la habilidad que demostró dirigiendo actores en los capítulos que hizo de Outlander, me hicieron pensar que era la elección perfecta para dirigir Underworld: Guerras de sangre ", explica el productor Gary Lucchesi.

Como estrella de cuatro de las cinco entregas de Underworld, Beckinsale continúa afrontando los sutiles cambios que se van produciendo de una película a la siguiente. "Resulta interesante volver a interpretar un personaje que ya has interpretado antes", opina. "Siempre voy vestida de Selene, pero los mundos van cambiando mucho de una película a otra. La primera la rodamos en Budapest y tenía un aspecto como industrial y steampunk. Ahora, Underworld: Guerras de sangre tiene un aire muy medieval. Puede que vaya vestida igual, pero lo que vive el personaje y el mundo por el que se mueve ha sido muy distinto cada vez. La razón por la que me interesaba Underworld: Guerras de sangre es que Selene pasa por muchos momentos emocionales a lo largo de la película. Eso también le atraía mucho a Anna".

Underworld: Guerras de sangre reúne a la Selene de Beckinsale con David, el personaje interpretado por Theo James, que también está pasando por sus propios cambios. "La relación de Selene y David sin duda ha evolucionado", comenta James. "Antes, él era un chico joven e inseguro, que seguía tímidamente los pasos de ella. Ahora, se ha hecho más un hombre".

Mientras Selene ayuda a David a descubrir su verdadero destino, se ve obligada a vérselas con nuevos y pintorescos adversarios, como la ambiciosa Semira, miembro del consejo de élite de la comunidad oriental. La actriz británica Lara Pulver interpreta a Semira como una experta manipuladora obsesionada con Selene y el poder que posee su sangre. "Semira es completamente camaleónica", explica Pulver. "Según con quién esté tratando, es capaz de transformarse y manipular cada situación para su máximo provecho personal". Para que su personaje resultara más amenazador aún, Pulver se preparó de forma intensiva para las secuencias de esgrima de la película y realizó ella misma muchas de sus propias escenas de acción.

Underworld: Guerras de sangre se rodó a lo largo de diez semanas en Praga, capital de la República Checa, y alrededores. La República Checa, que se estima que cuenta con unos 2000 castillos, resultó ser una verdadera mina de exteriores espectaculares. Después de un amplio proceso de localización, el equipo responsable del proyecto se centró en tres joyas arquitectónicas: el castillo Lipnice, cuya primera referencia histórica data de 1314, Kacina, un castillo palaciego estilo Imperio, y el castillo Hluboka, que se alza majestuosamente en lo más alto de unos precipicios rocosos sobre el río Vltava.

La monumental arquitectura gótica del castillo Lipnice, repleta de pasadizos estrechos y oscuros y cámaras subterráneas, ofreció al diseñador Ondrej Nekvasil espacio de sobra para crear los laberínticos interiores de la comunidad nórdica. La biblioteca simétrica rematada por una cúpula del castillo Kacina proporcionó el escenario ideal para la cámara del consejo de la comunidad oriental, mientras que el jardín de invierno del castillo Hluboka, rodeado de cristal y con verjas decorativas de hierro colado, sirvió como escenario del decadente baile de los vampiros, donde la anfitriona Semira acoge nuevamente, de forma insincera, a Selene y David en el seno de la comunidad oriental.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Lakeshore Entertainment, Sketch Films, Screen Gems, Sony Pictures Releasing de España. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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