Crítica: "Trumbo. La lista negra de Hollywood" (Jay Roach, 2015)

La infame Caza de Brujas en el Hollywood de los 50 sigue dando juego. Además de tratarse de una historia llena de dramatismo, todo aquel turbio asunto del macarthismo y las “listas negras” sirve para hablar de diversos temas, en su mayoría vigentes.

Uno de ellos sería ese sector ultra-patriota que, por defender a una democracia, pisotea algunas de las bases más fundamentales del propio sistema. A esta actitud paradójica hay que sumar el daño que siempre se produce en el momento en el que la política y el espectáculo (parientes muy cercanos desde siempre) unen sus fuerzas. Cuando ello ocurre, la razón da paso al ladrido y al linchamiento, para provecho de oportunistas y gran daño tanto a las víctimas como a la propia dignidad del país.

Dalton Trumbo es uno de los nombres más sonoros de aquellos artistas y técnicos de Hollywood cuyas vidas laborales y personales se vieron afectadas por la paranoia anticomunista. Su personalidad contestataria y sus triunfos morales contra la injusticia que tuvo que sufrir le convierten en un personaje de interés, en especial como ejemplo de superación.

Trumbo no se quedó llorando en un rincón al acabar con sus huesos en la cárcel durante casi un año, tras sufrir el rechazo de la industria, de los medios, del populacho y hasta de sus propios vecinos. De hecho, recurriendo a seudónimos y a otras triquiñuelas, redobló su trabajo, ya fuera como guionista secreto de grandes éxitos hollywoodienses como escribiendo y arreglando libretos para las más mínimas producciones de serie B.

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Esta ajetreada e insólita parte de su biografía resulta la más interesante de esta película, Trumbo, cuyo mayor reclamo es el protagonismo del siempre excelente Bryan Cranston, veterano secundario que, gracias al monumental éxito de la serie Breaking Bad, ha logrado un tardío pero bien merecido reconocimiento.

La película está dirigida por Jay Roach, quien ha firmado comedias de éxito como las sagas Austin Powers o Los padres de ella, lo cual no quiere decir que a la hora de afrontar un proyecto como Trumbo tienda a la caricatura... aunque lo haga.

Posiblemente todo lo que se nos cuenta en la película sea fidedigno, pero tanto los personajes “buenos” como “malos” no son un derroche de complejidad. Un Kirk Douglas justiciero, un John Wayne abusón o una Hedda Hopper viperina son poco más que estereotipos a los que se podría haber sacado más provecho. Al fin y al cabo, si la cinta trata sobre un gran guionista, conviene cuidar un poco el guión y no limitarse a narrar una historieta de malos y buenos.

Las réplicas ingeniosas del protagonista o los momentos más cómicos funcionan mejor que las partes dramáticas, y cabe preguntarse si no habría sido mejor que los responsables de Trumbo no hubiesen optado por abrazar abiertamente la sátira en lugar de quedarse a medio camino entre el drama y la chanza.

Trumbo es una película de gran potencial que se queda en biopic superficial, eso sí, con un gran actor protagonista y un todavía más grande secundario, un John Goodman en el papel de Frank King, pintoresco productor de serie B, que roba todas las escenas en las que aparece.

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Sinopsis

Tras la Segunda Guerra Mundial, mientras las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética se deterioraban y el temor al "peligro rojo" alcanzaba cotas sin precedentes, el Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso (HUAC, por sus siglas en inglés) investigó a decenas de miles de estadounidenses, sospechosos de ser simpatizantes comunistas. Profesores, contratistas militares, funcionarios y muchos otros perdieron sus trabajos, sus reputaciones e incluso sus familias, mientras la sospecha y la paranoia cundían por todo el país.

El Comité de Actividades Antiamericanas prestó especial atención a Hollywood, convocando sesiones en octubre de 1947 con el objetivo de erradicar a los comunistas de la industria del cine. Multitud de importantes actores, directores y guionistas fueron amonestados públicamente por su relación con toda una serie de organizaciones consideradas "antiamericanas". Ante la amenaza de perder su sustento, muchos testigos prestaron declaración contra amigos y compañeros. De todos los llamados a testificar, hubo diez que se negaron a responder cualquier pregunta, oponiéndose al derecho del comité a preguntarles por sus ideas políticas y denunciando las sesiones como una violación de sus derechos civiles. Los diez fueron condenados a prisión por desacato al Congreso. El más conocido entre ellos fue Dalton Trumbo.

Trumbo, nacido en Montrose, un diminuto pueblo de Colorado, llegó a Los Ángeles en 1925 con sus padres y hermanas en busca de estabilidad económica. La muerte de su padre lo convirtió en el sostén de la familia cuando no tenía más que 21 años. Trabajó en una panadería, pero su pasión por la escritura lo llevó a crear artículos e historias que se publicaron en Vanity Fair, el Saturday Evening Post y el Hollywood Spectator. Encontrar un equilibrio adecuado entre sus responsabilidades económicas y sus aspiraciones creativas despertó en él una simpatía de por vida por la clase trabajadora y una profunda comprensión de las desigualdades de clase y privilegio.

Tras firmar un contrato como guionista con Warner Bros., el instinto, la determinación y el humor de Trumbo lo convirtieron en el guionista con más éxito de Hollywood. Pero en la actualidad es más recordado como el miembro más prominente de los "diez de Hollywood".

Trumbo era brillante, ambicioso y discutidor, disfrutaba sacando a la luz lo que percibía como las injusticias y la hipocresía del mundo en sus películas, desde las ganadoras del Óscar Vacaciones en Roma" y El bravo –ambas escritas bajo seudónimo durante sus 13 años de exilio de Hollywood– a los éxitos de taquilla Espartaco y Éxodo, que revitalizaron su carrera y supusieron el principio del fin de la lista negra.

El guionista John McNamara descubrió la historia de Dalton Trumbo cuando estudiaba escritura de guiones con los guionistas otrora incluidos en la lista negra Ring Lardner Jr., Waldo Salt y el seguidor de Trumbo, Ian McClellan Hunter"Le comenté a Hunter cuánto me había gustado su guión de ‘Vacaciones en Roma’", recuerda McNamara"Y me respondió que no lo había escrito él, sino Dalton Trumbo".

Hunter se dio cuenta de que McNamara no era el único que no era consciente del trascendental impacto de las sesiones del HUAC y la lista negra, el resto de la clase tampoco lo sabía. "Durante los dos días siguientes, estos hombres, que habían vivido esa época, nos contaron la historia desde su punto de vista", agrega McNamara"Cuando Ian sugirió que me leyera la biografía de Trumbo escrita por Bruce Cook, lo hice de inmediato".

McNamara vio una oportunidad de crear una película que condensara la turbulenta política de esa volátil época de la historia de Estados Unidos en una historia personal. "Es uno de esos rarísimos casos en los que una historia real acaba con un final feliz", asegura. "En Hollywood, nos inventamos finales felices para compensar el hecho de que haya tan pocos en la vida real. Esta historia se me metió dentro y no me dejaba en paz, pero no conseguía plasmar en papel lo que me rondaba por la cabeza hasta que me topé con un artículo escrito por la hija mayor de Trumbo, Nikola".

Al leer ese breve y emotivo artículo titulado "A Different Childhood (Una infancia diferente)", McNamara se dio cuenta de que había estado viendo a su sujeto como un escritor y activista político, pero no tenía ni idea de cómo era el hombre. "El artículo de Niki me mostró a una persona llena de contradicciones y defectos reales. Escribía sobre la clase de padre que era, de marido y sobre cómo era formar parte de su familia cuando llegaron esas citaciones. Me abrió una puerta muy importante".

Como McNamara estaba empezando a descubrir, Dalton Trumbo fue muchas cosas distintas para muchas personas. "Era alguien de fuera, con todas las de perder", aporta el productor Michael London, uno de los primeros defensores del filme. "Era tanto un capitalista como un comunista. Esa clase de contradicciones hacen que resulte un personaje excelente. Más que nada, me encantaba que estuviera dispuesto a plantar cara a los poderosos y sacrificar su propia carrera por el bien común. Trumbo odiaba a los matones. Se negó a decirle a la gente lo que quería oír si eso suponía ser desleal a sus amigos. Y pagó un precio enorme por ello".

McNamara acabaría por ponerse en contacto con Niki Trumbo para conocer su opinión y sus ideas sobre su trabajo en curso. "Me respondió con un correo electrónico sumamente cortés con críticas muy concretas sobre el guión en general y su personaje en particular. ¡Nunca había tenido una conexión tan instantánea con alguien que estuviera haciendo trizas mi trabajo! Me ofreció anotaciones lógicas, contundentes, perspicaces y emotivas, que ayudaron mucho a mejorar el guión en todos los aspectos".

Niki Trumbo y su hermana pequeña Mitzi acabaron siendo esenciales para crear el guión."Son los únicos miembros que quedan con vida de la familia más cercana, así que para nosotros era fundamental contar con su total participación", sostiene London"Al principio del proceso de desarrollo, les pedimos sus comentarios y nos proporcionaron una enorme cantidad de material. De esas conversaciones surgieron muchos elementos nuevos de la historia. No siempre fue fácil para ellas. La familia tuvo que soportar momentos muy duros y traumáticos, pero Niki y Mitzi se mostraron ambas increíblemente generosas y dedicadas a ayudarnos a hacer la película más veraz posible".

Niki sigue sintiéndose tremendamente orgullosa y protectora del legado de su padre."Trumbo sigue siendo conocido como un comunista, pero la gente no se da cuenta de que en realidad se trataba de un patriota", afirma. "Era comunista a finales de los 30 y principios de los 40, cuando lo que eso significaba es que eras protrabajadores y antisegregación, y luchabas por los derechos civiles de los afroamericanos. No tenía nada que ver con Rusia y todo que ver con cómo se podía mejorar el que ya era un gran país".

"Creía que el Congreso no tenía derecho a obligarlo a declarar sobre sus ideas políticas", prosigue. "Creo que se quedó pasmado al perder esa batalla. Esta es una historia sobre un hombre que se mantuvo fiel a sus propias creencias y principios. Todos podemos aspirar a ser esa clase de héroe, cualesquiera que puedan ser nuestros defectos y debilidades".

El entusiasmo por el proyecto iba aumentando en Groundswell Productions. "Es uno de los mejores guiones que hemos leído jamás", afirma la productora Janice Williams, presidenta de producción de la compañía. "No importaba que fuera una película de época, con un tema que podía verse como ‘político’. Estábamos tan encantados con él que, por difícil que fuera, estábamos dispuestos a hacer cuanto fuera necesario para sacar el proyecto adelante".

En opinión de McNamara, no es casualidad que Trumbo sea el guionista de Espartaco, la historia de un gladiador que se vuelve contra sus amos y encabeza una rebelión de sus compañeros esclavos. "Esa película es la mayor fantasía colectivista jamás producida en Hollywood", afirma McNamara"Y es una obra maestra, porque muestra que puede que el colectivismo no sea al final el sueño, pero es mucho mejor que ser un peón en un juego diseñado para enriquecer a otros. Creo que lo que Trumbo estaba diciendo realmente en ese filme es que, si hay que morir, muramos de pie, muramos luchando y muramos unidos".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © ShivHans Pictures, Everyman Pictures, Groundswell Productions. Cortesía de eOne Films Spain. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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