Crítica: "Snowpiercer (Rompenieves)" (2013)

Desde la novela Nosotros, del ruso Yevgeny Zamyatin, una de las primeras antiutopías de la historia, pasando por Rebelión en la granja o 1984, hasta nuestros días, con Los juegos del hambre, la ficción distópica ha sido un género de inagotables recursos. Ya sea por su aterradora cercanía con la realidad o como fórmula de protesta, nos atrae y nos repele, pero es innegable que nos arrastra con ella hasta los más dispares infiernos de nuestra imaginación.

Uno de estos infiernos es el telar en el que se teje la trama de Snowpiercer, basada en el comic francés post apocalíptico Le Transperceneige, de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette.

El director coreano Bong Joon-ho vuelve al ruedo cinematográfico tras su grandiosa The Host y su punzante Mother para ofrecernos una de las producciones más caras y ambiciosas del cine surcoreano, con Park Chan-Wook como productor. Es, además, su primer filme en ingles con vistas a hallar una mayor proyección internacional.

El punto de partida es muy original. Un sistema diseñado para poner punto y final al calentamiento global obtiene resultados funestos y congela la Tierra. En esta nueva era glacial, los últimos supervivientes del planeta viajan a bordo de un tren cuyo motor infalible y eterno jamás se detiene.

Este vehículo, a modo de perversa arca de Noé, separa a la humanidad por castas, convirtiendo los vagones finales en una suerte de Auschwitz futurista, cuyos ocupantes se ven subyugados por una especie de invisible Gran hermano.

En este limbo infinito se desata una rebelión que no puede sino avanzar hacia adelante, atravesando la pirámide social, desde el proletario al dictador. Ello nos sirve para reflexionar sobre la estructura de clases, los privilegios, la esclavitud, y al mismo tiempo, asistir a grandes escenas de acción y violencia, con toques de ese humor coreano tan a destiempo que es como un oasis en medio de un desierto.

Con una magnífica evolución, manteniendo el suspense en todo momento y desembocando en una perfecta resolución, el realizador coreano cuenta además con un elenco de actores infalible, en el que destacan Tilda Swinton, grotescamente caracterizada y sublime en toda la absurdez, crueldad y excentricidad de su personaje, ese personaje odiado a lo largo de los tiempos que es el funcionario rastrero y servil; un Chris Evans ejerciendo una vez más de héroe, con Jamie Bell como escudero; John Hurt y Ed Harris, cuya sola presencia en la película es ya más que un reclamo; y el enorme Song Kang-ho, actor omnipresente en el cine coreano y uno de los actores fetiche del director y el productor.

La majestuosa y claustrofóbica dirección artística, siempre en espacios cerrados que contrastan con los prodigiosos paisajes exteriores, refleja los más diversos e inquietantes ambientes en cada vagón, espejo de cada estrato social. Muchos de ellos representan el hedonismo desenfrenado de la clase alta, y otros albergan un aura pesadillesca y escenas de auténtico terror surrealista. Todo ello converge en una escalofriante distopía de la que Orwell o Huxley podrían sentirse orgullosos.

El simbolismo de Snowpiercer (Rompenieves) es atractivo por lo que tiene de evidente. No es una película panfletaria, pero su mensaje no está oculto, y éste no es otro que evidenciar, a través de ese microcosmos, un retrato de la sociedad actual, de la que no hay salida sin descarrilamiento. En definitiva, una vigorosa metáfora sobre el poder y las diversas formas y herramientas de control social, fácilmente extrapolable al mundo que habitamos.

Sinopsis

Un fallido experimento para solucionar el calentamiento global acabó con la mayoría de vida existente en el planeta. El último tren llamado Snowpiercer (Rompenieves) se mueve en círculos por el mundo, con un motor en perpetuo movimiento, a través de un desierto de hielo y nieve. Los últimos supervivientes de la Tierra se amontonan en sus vagones, divididos entre la clase explotada, que vive en la sección de cola sufriendo hambre y frío, y la clase poderosa, que viaja en los primeros vagones con todo tipo de privilegios y excesos. La vida en el tren es un círculo vicioso hasta que un día, un joven llamado Curtis, líder de la sección de cola, decidirá cambiar el estado de las cosas, al mismo tiempo que descubrirá todos los secretos del tren y de la propia condición humana.

Esta adaptación de la novela gráfica “Le Transperceneige” de Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb (reeditada como “Rompenieves” en España por Bang!) está producida, entre otros, por Park Chan-wook (Old Boy, Stoker), y se verá en España en su versión extendida, sin cortes ni censuras.

Entre la ciencia-ficción distópica y la acción épica se mueve esta oscura historia sin concesiones. Un mundo post-apocalíptico, hermanado con “1984” de George Orwell. Un poderoso espectáculo audiovisual que no da tregua al espectador. En la lúcida y feroz historia de Snowpiercer (Rompenieves) convive el cine fantástico con referencias políticas, filosóficas, de crítica social y estrafalario humor.

El guión de Snowpiercer (Rompenieves) ha sido adaptado por el propio Bong Joon-ho y Kelly Masterson (Antes que el diablo sepa que has muerto). La banda sonora corre a cargo de Marco Beltrami (nominado al Oscar por En tierra hostil y El tren de las 3:10). El diseño de producción es de Ondrej Nekvasil (El Ilusionista) y la dirección artística de Stefan Kovacik (El Secreto de los Hermanos Grimm).

Para Snowpiercer (Rompenieves) se construyó el decorado de un tren de 650 metros de largo, en el Estudio Barrandov de la República Checa. Los efectos visuales están supervisados por Eric Durst (Spiderman 2) y el coordinador de especialistas es Julian Spencer (Promesas del Este, 28 semanas después).

La distribución en EE.UU. corre a cargo de The Weinstein Company, que adquirió diversos territorios después de que la película se convirtiese el año pasado en un fenómeno que batió todos los récords de recaudación en la historia del cine surcoreano.

Copyright del artículo © Irene Galicia del Olmo. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes y sinopsis © Moho Films, Opus Picture, Radius-TWC, CJ Entertainment. Cortesía de Good Films. Reservados todos los derechos.

Irene Galicia del Olmo

Irene Galicia es licenciada en Historia del Arte y y Máster oficial en Cultura Contemporánea: Literatura, Instituciones artísticas y Comunicación cultural (UCM y Fundación Ortega y Gasset).

Su conocimiento del mundo artístico queda de manifiesto en una trayectoria profesional que le ha llevado a trabajar para galerías (Depósito 14) y en publicaciones especializadas (Arte y Parte).

En el mundo editorial, ha trabajado para empresas como Langenscheidt, Libsa, Ópera Prima y Jaguar Ediciones. Asimismo, sus artículos han aparecido en medios como la Revista Osaca (suplemento dominical de Diario de Ávila, Diario de Burgos, Diario Palentino, El Día de Valladolid, El Adelantado de Segovia, La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Puertollano, La Tribuna de Talavera y La Tribuna de Toledo).

 

Sitio Web: www.irenegalicia.com

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