Crítica: "Rogue One: Una historia de Star Wars" (Gareth Edwards, 2016)

Ahora que hemos aceptado como género la nostalgia ‒o al menos su aspecto más idealizado‒ a nadie le sorprenderá que Star Wars se prolongue en un saludable ejercicio de retrocontinuidad. En este sentido, Rogue One llega a las pantallas para hacer otra vez esa pregunta que, según parece, nos formulamos aquellos niños y adolescentes que vimos La Guerra de las Galaxias en 1977: ¿cómo consiguió la Alianza Rebelde los planos de la Estrella de la Muerte?

La respuesta nos llega por cortesía de Disney y del realizador Gareth Edwards (Godzilla), bajo la presión de todas esas demandas que saturan las redes sociales, y asimismo con la suspicacia de quienes repiten que Edwards fue controlado por el estudio ‒como si eso no fuese lo habitual‒ y que su labor fue completada por Tony Gilroy.

Entiendo que esas intimidades interesan en la barra libre de internet, pero a la hora de opinar sobre un film tan apreciable como éste, me siento incapaz de competir con quienes, megáfono en mano, aseguran que las eventualidades del rodaje se notan en su resultado final. Lamento decirles que, a estas alturas, no imagino rodajes más caóticos y trastornados que los de Lo que el viento se llevó (1939) y Casablanca (1942), y aún no he conocido al genio capaz de reconocer en qué partes de su metraje se nota el vaivén de directores, de técnicos o de guionistas.

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Los acontecimientos que narra Rogue One tienen lugar poco antes de la aventura espacial ideada por George Lucas en 1977, así que, forzosamente, la muy estimable cinta de Edwards procura ‒y logra‒ ser coherente con el estilo visual y la ambientación de aquel clásico. Es más: todo el film está repleto de guiños, citas, escenarios y personajes que remiten al Episodio IV y a sus precuelas, estableciendo un juego paralelo que a los más veteranos les hará felices cuando reconozcan al Gran Moff Tarkin (un Peter Cushing resucitado digitalmente gracias al actor Guy Henry), a Cornelius Evazan y Ponda Baba poco antes de ir a parar a Mos Eisley, a una bailarina Twi’lek, a Mon Mothma (Genevieve O'Reilly), al general Jan Dodonna (Ian McElhinney) o al mismísimo Bail Organa (Jimmy Smits). Hay más sorpresas para el fan de la saga, pero en eso consiste precisamente el quien es quién que nos propone el film: en ir cruzándonos con viejos conocidos sin necesidad de que lo sepamos antes de acudir a la sala de cine.

Y ya que hablamos de sorpresas, voy a describir el argumento sin adelantar ni una sola de ellas. La idea de que la Estrella de la Muerte es vulnerable queda explicada con el destino de un científico, Galen (Mads Mikkelsen), padre de la heroína de Rogue One, Jyn Erso (Felicity Jones), una luchadora entre cínica e idealista, alrededor de la cual se va reuniendo el resto de los personajes del film.

El coprotagonista es un espía de oscura trayectoria, Cassian Andor, encarnado por el mexicano Diego Luna, a quien acompaña el robot existencialista K-2SO (Alan Tudyk). Pronto se les sumará Chirrut Îmwe, un guerrero ciego, reflejo de Zatoichi, la figura clásica del cine japonés, interpretado por la estrella de Hong Kong Donnie Yen. El protector y amigo de Chirrut es otra figura carismática, Baze Malbus, a quien da vida el actor y cineasta chino Jiang Wen. También tiene un papel decisivo ese piloto que deserta del ejército imperial, Bodhi Rook, interpretado por el actor y rapero anglopakistaní Riz Ahmed.

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El guión de la película es muy sólido, y la puesta en escena, brillante e imaginativa. Uno puede encontrar que en un reparto tan coral hay figuras prescindibles ‒pienso en Forest Whitaker como Saw Gerrera‒ y otras que merecerían más espacio ‒por ejemplo, el villano Orson Krennic (Ben Mendelsohn)‒, pero en líneas generales, el nivel interpretativo es todo lo alto que se espera en una estupenda película bélica, inspirada en aquellas misiones de comandos que tan habituales fueron en el cine de los años cincuenta y sesenta.

Aunque Rogue One tiene toques de humor y los momentos épicos son sensacionales, el fondo de la aventura es sombrío (o adulto, si lo prefieren) y se centra en los aspectos más duros y conflictivos de la rebelión contra el Imperio. En este sentido, como ya se imaginan, el tono también es acorde con el subgénero bélico que sirve de referencia a los creadores de la película. Esa coherencia creativa me parece una virtud inusual en el cine familiar, y dicho sea de paso, un gesto de valentía por parte de Disney.

Aunque dentro del ciclo de Star Wars, Rogue One llega con unas ambiciones limitadas, lo cierto es que el resultado final es sugestivo, y en determinados tramos, muy brillante. Quienes más conozcan la iconografía y las claves de la saga le encontrarán más capas de interés, pero cualquiera que se acerque al film sin prejuicios, sabiendo qué terreno pisa ‒el mismo que ocupan Los cañones de Navarone (1961), Doce del patíbulo (1967) o La noche más oscura (2012)‒, encontrará en la película de Edwards un flujo inagotable de ideas.

Sin duda, este calculado sometimiento a las convenciones del cine de guerra es un viaje de regreso a los orígenes creativos de Star Wars. Supongo que lo recuerdan, pero el propio Lucas, con la emoción de un auténtico cinéfilo, ya usó esa misma referencia ‒además, de forma milimétrica‒ en todo el espléndido tramo final del Episodio IV.

Sinopsis

Lucasfilm presenta Rogue One: Una historia de Star Wars, la primera de una nueva serie de películas independientes de Star Wars ambientada en el universo que conocen y veneran los fans, pero con nuevos personajes y tramas.

Rogue One es la primera de estas apasionantes y creativas historias y  cuenta la historia de un grupo de héroes insólitos que, en una época de conflictos se unen en una misión para robar los planos de la Estrella de la Muerte, el arma definitiva de destrucción del Imperio. Este acontecimiento clave de la cronología de Star Wars reúne a gente corriente que elige hacer cosas extraordinarias, y de esta forma se convierten en parte de algo más grande que ellos mismos.

La emocionante serie de historias independientes de Star Wars marca el comienzo de una nueva era del cine de Lucasfilm que no sólo va a profundizar y ampliar el universo sino que también proporcionará una plataforma de cine creativo.

Es muy interesante recordar que la idea de estas películas fue de George Lucas. Cuando Kathleen Kennedy, presidenta de Lucasfilm y productora de Star Wars se sentó por primera vez con George Lucas, él le informó sobre sus planes de continuar con la saga de Star Wars y hacer los Episodios VII, VIII y IX. Después le contó otro ambicioso plan. “George estaba entusiasmado, no sólo con hacer más películas de la saga, sino sobre el potencial de hacer historias independientes que vivieran y respiraran por sí mismas dentro del universo de Star Wars”, explica la productora Kathleen Kennedy.

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“Los episodios (I-VIII) de Star Wars siguen la historia de la familia de Skywalker y cuentan una historia continua. Las películas independientes, que pueden ocurrir en cualquier lugar de la línea temporada, introducirán nuevos personajes y explorarán una amplia variedad de géneros", añade Kennedy.

Aunque el tamaño, la escala y el alcance de Rogue One la convierten en una película bandera del estudio, Kennedy señala que: "La idea interesante en lo que estamos tratando de hacer con las películas independientes es que no intentamos encerrarnos en algo que sea demasiado específico. Hay una enorme oportunidad de hacer películas más pequeñas, ligeramente más descarnadas, así como películas que se acercan al tamaño y la escala de las películas de la saga. Intentamos diversificar al máximo”.

Cuando realizó las películas de la saga de Star Wars, George Lucas estaba muy influenciado por muchos géneros cinematográficos como los westerns de John Ford, las películas de Kurosawa o de la Segunda Guerra Mundial. “Eso es lo maravilloso de las películas independientes", dice Kennedy. “Estamos estudiando estos diversos géneros y directores diferentes con propios estilos narrativos. Por lo tanto, nos ofrece una gama muy amplia y una enorme paleta de oportunidades”.

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Cuando llegó el momento de encontrar la historia adecuada para inaugurar la serie de películas independientes, Kennedy lo encontró en su patio trasero. Se trataba de John Knoll, director creativo y supervisor senior de efectos visuales en ILM, que había estado albergando en secreto una idea propia. Después de pasar casi 30 años en ILM y como supervisor de efectos visuales en varias películas de la saga de Star WarsLa amenaza fantasma, El ataque de los Clones y La Venganza de los SithKnoll casi no tiene parangón en su pasión y conocimientos de las películas.

Sin embargo, fue este crawl de apertura de Una nueva esperanza lo que disparó su imaginación: el Episodio IV es un período de guerra civil. Naves espaciales rebeldes, que surgen de una base oculta, han ganado su primera victoria contra el malvado Imperio Galáctico. Durante la batalla, los espías rebeldes lograron robar los planos secretos del arma definitiva del Imperio , la Estrella de la Muerte, una estación espacial blindada con poder suficiente para destruir todo un planeta. Perseguido por los siniestros agentes del Imperio, La Princesa Leia vuelve a casa a bordo de su nave espacial, custodio de los planos robados que pueden salvar a su pueblo y restaurar la libertad en la galaxia...

¿Quiénes eran esos espías rebeldes y cómo consiguieron robar los planos secretos del arma definitiva del Imperio? Provisto de estas sencillas preguntas, Knoll empezó a formular una idea basada en los hechos. Y entonces llegó la oportunidad de llevar su idea de historia un paso más allá.

“Hacía 20 años que conocía a Kathy", dice Knoll, "pero aun así subir a la oficina de la presidenta de Lucasfilm y presentarle una idea de historia fue una experiencia increíble. Hice un dossier de unas siete páginas, subí a la oficina y se la presenté a Kathy y a Kiri Hart [SVP, Desarrollo]. Pensé que al menos me había atrevido a hacer la presentación, así que no me quedaría con la duda de saber qué hubiera pasado si no lo hubiera hecho.”

Afortunadamente para Knoll y para los fans de Star Wars, tanto Kennedy como Hart compartieron su entusiasmo, y una semana después Knoll recibió un correo electrónico diciendo que estaban "pensando seriamente en producir mi idea”.

Kennedy dice: "Conozco a John desde hace muchos años y trabajé con él como supervisor de efectos visuales, y sabía el talento que tenía y lo mucho que le importaba Star Wars. Era la primera vez que alguien me había presentado una idea sobre Star Wars. Y no sabía qué esperar. La historia era tan convincente que supe de inmediato que podía ser algo grande. Y mira por donde, se ha convertido en la primera película independiente que hacemos”.

Además de las películas que inspiraron a Lucas, cintas como The Dam Busters (1955) y Los cañones de Navarone también fueron una fuente de inspiración para Knoll, y él, Hart y el equipo de la historia comenzaron a dar forma a la idea de una película ambientada en una época de conflicto extremo con el Imperio, un tiempo de guerra inminente.           

“Ocurre después del Episodio III y la purga de los Jedi en la que los Jedi que quedan se han ocultado", informa Knoll. “Es antes de que Obi-Wan regresara y que Yoda reapareciera. Los ciudadanos comunes son los que deben dar un paso adelante y mostrar su heroísmo”.

En este caso, los "ciudadanos comunes" resultan ser Jyn Erso y una banda de rebeldes imposibles que se enfrentan a la imposible tarea de encontrar al arquitecto de la Estrella de la Muerte y robar los planos.

El resultado final es una historia de esperanza y determinación que se desarrolla en un enorme lienzo, pero conservando la intimidad de una película pequeña. Muestra los esfuerzos de personas corrientes de ámbitos muy diferentes de la vida que eligen hacer cosas extraordinarias por el bien común.

Desde la génesis de la idea de la serie independiente, Lucasfilm consideró que era importante para el aspecto y el mensaje de estas películas que los directores elegidos pudieran contar las historias a su manera. Como dice Kennedy, "lo que realmente diferencia la película independiente son los géneros que estamos explorando, las historias únicas que estamos contando, y los tipos de directores que estamos eligiendo”.

Cuando su búsqueda les condujo a Gareth Edwards, cuyo estilo tan singular de hacer cine utiliza material rodado con cámara de mano y que resulta tan íntimo, supieron que habían encontrado al director que querían para Rogue One. “Estábamos tremendamente emocionados de haber encontrado a Gareth Edwards", dice Kennedy. Y añade: "Llevaba mucho tiempo en nuestro radar, empezando con el estreno de su primera película. Monstruos. Cuando hizo Godzilla comprendimos que había dado el paso al cine de las grandes superproducciones”.

Al explicar el acierto en la elección de Edwards  para Rogue One, Kennedy dice: "Gareth tiene esa combinación maravillosa que es especialmente adecuada para las películas de Star Wars, esa comprensión emocional de los personajes dentro del universo de Star Wars y un sentido de lo que es una película de tipo familiar que atrae a todas las edades. Gareth tiene un talento único para combinar el sentido del humor con la narración temática”.

Rogue One es una historia de acción y aventura del género de películas de la Segunda Guerra Mundial y Kennedy dice que "Gareth Edwards aporta una sensación auténtica a la película que es muy diferente de cualquier otra cinta de Star Wars. Está contando una historia íntima padre/hija ambientada en un enorme lienzo”.    

Una vez que firmó su contrato, Gareth Edwards supo que, antes de centrarse en la importante tarea de reunir al reparto de la película, tenía que reflexionar sobre la forma de dotar a la película de su propia identidad dentro del universo de Star Wars.

“Estamos haciendo la primera, por lo que saber que estas películas podían ser diferentes era emocionante. Pero la cuestión era saber cómo de diferentes y qué significa eso", dice el director. “Me encanta Star Wars. Crecí con la trilogía original y para mí son las películas definitivas. Creo que una de las grandes ventajas de no formar parte de la saga es que nos podíamos tomar la licencia de ser diferentes. Y afortunadamente, nos tomamos esa licencia y la aprovechamos”.

Edwards continúa: "Buscamos realismo y naturalidad en los entornos y en las interpretaciones de los personajes. Además no hay que olvidar que formamos parte de las películas originales para saber dónde están nuestros personajes. Tenía que casar con las películas con las que crecí. Y tienen ese estilo clásico que les da una gran estabilidad. También nos entusiasmaba la idea de hacer algo más orgánico y más oportunista que resultara más real e inmediato”.

Kathleen Kennedy apoyó sin reticencias el deseo de Edwards de experimentar y dotar a la película de su propia personalidad. “Gareth es un realizador que aprecia el proceso físico de hacer una película", dice la productora. “Quiere llevar la cámara al hombro; quiere ver la imagen; quiere tener esa conexión con sus actores. Creo que es una parte muy importante de su proceso, por lo que esa sensación de lleva la cámara, del primer plano, de estar dentro de la acción, es algo muy importante para él y salía a relucir en el material que veíamos”.

Encontrar el equilibrio entre lo que es familiar para los fans y llevar el universo a una nueva dirección, llevó a Edwards al galardonado director de fotografía Greig Fraser, famoso por su trabajo en La noche más oscura y Foxcatcher.

Para crear el aspecto que querían para Rogue One, Edwards y Fraser recuperaron los objetivos de las cámaras de la década de 1970 y los combinaron con la tecnología digital moderna.

El rodaje de Rogue One se desarrolló principalmente en los Estudios Pinewood de Londres, pero siempre que era posible Edwards hacía que sus equipos de producción construyeran sets en emplazamientos reales, tanto en Inglaterra y como en Islandia, Jordania y las Maldivas.

La tarea de diseñar los sets recayó en los diseñadores de producción Doug Chiang y Neil Lamont. “Para nosotros, creo que la magia de Rogue One era que estábamos llevando la filosofía de diseño de El despertar de la Fuerza al siguiente nivel", dice Chiang. “En la reunión con Gareth, me gustó mucho su sensibilidad y su enfoque. Él quería una mirada de cámara de mano, que diera la impresión de que estás en ese mundo. Como diseñadores de producción, tenemos que crear un mundo muy inmersivo para que un director pueda hacer eso”.

Chiang y Lamont asumieron el reto y crearon sets que evocan el crudo realismo del conflicto, combinándolos con elementos de diseño que se han convertido en parte de la vida de Star Wars.

Neal Scanlan, que ganó un Premio BAFTA y fue nominado a un Premio de la Academia® por su trabajo en Star Wars: El despertar de la fuerza, ha vuelto a encargarse de crear las criaturas que pueblan el mundo de “Rogue One”.

Iba a ser la primera vez que Edwards trabajaba Scanlan, el emblemático creador de criaturas y reconoce que estaba un poco abrumado. “Hicieron todos esos diseños de criaturas", comenta Edwards. “Era alucinante. Pero llegó el día en que teníamos que elegir cinco y sólo disponíamos de una hora. Yo había soñado con hacer una criatura para Star Wars y hacer lo que quería, pero cuando empecé a decirles cuáles quería, no podía decidirme”.

Colaborar con el director y comprender su visión de la película dio a Scanlan y a su equipo libertad creativa y la oportunidad de desarrollar los personajes de una forma nueva. “Nunca había trabajado con un director como Gareth", explica Scanlan. “Él quiere que los personajes sean espontáneas así que no llegas al set con una idea preconcebida de lo que estás haciendo. Los actores no tienen ni idea de dónde les encontrará la cámara, si será por delante o en el fondo. Es una idea excelente y permite que los personajes evolucionen con gran naturalidad. A Gareth le tocaba identificar esos momentos”.

El resultado final es que en el set, se trata a las criaturas de la misma forma que al resto de los actores. De hecho, Scanlan pidió al equipo de maquillaje y peluquería que añadieran polvo, suciedad, sudor y grasa a las criaturas, como si fueran cualquier otro miembro del reparto. Con su equipo de 130 personas, Scanlan diseñó y creó 30 criaturas para la película que podían moverse y articularse.

La creación de K-2SO necesitó la pericia de Knoll y del equipo de ILM, así como de Neal Scanlan y su equipo de expertos en criaturas y androides. En primer lugar, el equipo de Scanlan creó a K-2 como una maqueta a escala completa y después le tocó el turno al departamento de efectos visuales.

John Knoll es la máxima autoridad mundial en el campo de los efectos visuales e introdujo nuevas y emocionantes tecnologías en Rogue One. Knoll trajo efectos visuales en tiempo real al set para que el directo pudiera saber cómo se vería el mundo mientras estaba rodando la película. Los efectos visuales en tiempo real creaban literalmente el entorno en la pantalla para que Edwards pudiera ver cómo el reparto interpretaba la escena.

Al describir el proceso, Knoll dice: "SolidTrak es una tecnología que nos permite llegar en tiempo real donde está la cámara, y luego utilizarlo para realizar la representación gráfica por ordenador y ver lo que hemos hecho y lo que falta. Te da una vista previa en el monitor de cómo será el resultado final”.

 “Uno de los retos es el trabajo en las cabinas y tenemos Alas-X, un Ala-U y cabinas de mando de la Lanzadera del Imperio", explica Knoll. “Tradicionalmente haces estas cosas en platós y los iluminas para reproducir la luz del día. Pero queríamos llegar más lejos. Así que hemos hecho una pantalla LED gigante y envolvente que tiene 15 metros de diámetro con una banda central de 6 metros de alto, y proyectamos imágenes en esas pantallas. Al adoptar este enfoque podemos añadir láseres que vuelan por el espacio de la batalla, y pueden verse los reflejos en la superficie brillante del casco que lleva el piloto. Y eso crea una apariencia muy real”.          

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Lucasfilm Ltd., Walt Disney Studios Motion Pictures. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT (Thesauro Cultural), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT (Thesauro Cultural) sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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